El telescopio espacial James Webb lo ha vuelto a hacer. Un nuevo estudio internacional ha detectado una abundancia sin precedentes de moléculas orgánicas en el corazón de una galaxia cercana, un lugar donde nadie esperaba encontrar tal riqueza química.

El telescopio James Webb descubre una «fábrica» de moléculas orgánicas en el corazón de una galaxia lejana

Imagen en falso color de la galaxia IRAS 07251-0248 captada por la cámara NIRCam del telescopio James Webb. Los datos provienen del programa GO 3368 y el archivo MAST (STScI/NASA).

El hallazgo se centra en la galaxia IRAS 07251-0248, cuyo núcleo está sepultado bajo densas capas de gas y polvo, lo que lo hacía invisible para los telescopios comunes. Sin embargo, la tecnología infrarroja del Webb ha logrado atravesar ese muro, y lo que ha encontrado dentro es un inventario químico que desafía los modelos científicos actuales.

Un descubrimiento sin precedentes

Entre los compuestos detectados figuran el metano (CH4), el benceno (C6H6) y el acetileno (C2H2). Pero el gran protagonista es el radical metilo (CH3), identificado por primera vez fuera de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea.

«Hemos encontrado una complejidad química inesperada, con abundancias mucho más altas de lo que predecían los modelos», explicó el Dr. Ismael García Bernete, investigador del Centro de Astrobiología (CAB) y autor principal del estudio publicado en la revista Nature Astronomy.

«Esto indica que debe haber una fuente continua de carbono en estos núcleos galácticos alimentando esta rica red química», añadió.

Los ladrillos de la vida en el caos

Aunque son de pequeño tamaño, estas moléculas funcionan como bloques fundamentales para estructuras mucho más complejas, similares a las que permitieron el origen de la vida en la Tierra.

«Estas moléculas podrían desempeñar un papel vital en la química prebiótica, representando un paso importante hacia la formación de aminoácidos y nucleótidos», subrayó la profesora Dimitra Rigopoulou, de la Universidad de Oxford y coautora del trabajo

Sin embargo, la presencia de tal cantidad de material en condiciones tan extremas planteó un enigma inmediato: ¿cómo es posible que existan tantas moléculas en un entorno tan hostil? La respuesta, según el equipo científico, reside en los rayos cósmicos que bombardean el núcleo de la galaxia.

Los rayos cósmicos desempeñaron un papel fundamental en la producción de las moléculas orgánicas. Crédito: Dimitra Rigopoulou.

Dicha radiación extrema es la que fragmenta los granos de polvo ricos en carbono, liberando las moléculas orgánicas al espacio. Este proceso convierte a las galaxias oscurecidas como IRAS 07251-0248 en auténticas fábricas de materia orgánica a escala universal.

Bajo esta nueva luz, el Webb no solo rasga el velo del polvo cósmico, sino que nos revela nuestra propia historia: nos recuerda que incluso en la hostilidad del espacio profundo, el universo actúa como un arquitecto silencioso, forjando en la oscuridad absoluta los cimientos de todo lo que conocemos.

Fuente: Oxford/CAB. Edición: MP.

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