Nuestra galaxia no siempre tuvo la majestuosa estructura en espiral que exhibe en la actualidad. A lo largo de miles de millones de años, la Vía Láctea ha crecido gracias al canibalismo cósmico, absorbiendo sistemas estelares más pequeños para alcanzar su tamaño monumental. Ahora, una investigación basada en datos del telescopio espacial Hubble de la NASA ha hallado la prueba definitiva de una colisión ancestral que reescribe la historia de nuestro hogar en el universo.

El telescopio Hubble resuelve el misterio sobre la primera galaxia que devoró la Vía Láctea

Hace unos 12.000 millones de años, una galaxia enana conocida como LKH colisionó con una joven Vía Láctea y se fusionó con ella. Esta representación artística muestra dicha colisión. El telescopio espacial Hubble de la NASA halló evidencia definitiva de este impacto al estudiar cúmulos estelares globulares. Crédito: NASA, ESA, Joseph Olmsted (STScI).

El hallazgo, publicado en la revista Nature Astronomy, permite retroceder 1.800 millones de años más allá de lo que se conocía sobre el pasado evolutivo de la galaxia. Según los astrofísicos, la Vía Láctea engulló a una galaxia enana hace unos 11.800 millones de años, apenas 2.000 millones de años después del Big Bang.

«Nuestra casa es la Vía Láctea, pero no sabemos cómo se construyó», explicó Davide Massari, autor principal del estudio e investigador en el Observatorio de Astrofísica y Ciencia del Espacio de Bolonia, en Italia. «En este artículo descubrimos de dónde vino el primer lote significativo de ladrillos: una galaxia enana que llamamos LKH».

Para rastrear este evento primitivo, el equipo analizó 39 cúmulos globulares situados en los 20.000 años luz más internos de la galaxia, una región donde se conservan las huellas de las fusiones más antiguas. Estos cúmulos son concentraciones esféricas de miles a millones de estrellas viejas que funcionan como auténticos yacimientos arqueológicos del universo.

Explorar estos fósiles estelares era clave para ir más allá del registro conocido. Antes de este estudio, solo se tenía certeza de que la Vía Láctea devoró a la galaxia enana Gaia-Encélado —o también «salchicha de Gaia», por la forma alargada de las órbitas de sus estrellas— hace 10.000 millones de años y que mantiene un proceso similar con la de Sagitario desde hace más de 6.000 millones de años. Sin embargo, la existencia de una colisión aún más remota continuaba siendo objeto de debate.

El rastro de LKH, la víctima ancestral

Al combinar las sensibles observaciones del Hubble con los precisos datos de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA), los investigadores midieron la edad exacta y la metalicidad —la abundancia de elementos más pesados que el helio— de las estrellas de estos cúmulos.

Así descubrieron una tercera población estelar distinta: cúmulos más antiguos que los procedentes de Gaia-Encélado, pero más jóvenes que los nacidos originalmente en la Vía Láctea. Esta población pertenecía a LKH (Low-energy-Kraken-Heracles, o ‘Kraken-Hércules de baja energía’), una galaxia enana que albergaba una masa estelar equivalente a 500 millones de veces la del Sol.

«Gracias a la alta resolución y profundidad de las imágenes del Hubble, pudimos medir la edad y el contenido de metales de estos cúmulos con una precisión sin precedentes», destacó Chiara Zerbinati, coautora del estudio y científica de la Universidad de Bolonia. «Combinado con las mediciones de Gaia, esto permitió distinguir una población de cúmulos globulares diferente a las demás. Estos son los cúmulos que nacieron en LKH, y nos dicen cuándo esa galaxia fue devorada por la nuestra y cuán masiva era».

Una nueva visión del pasado cósmico

El hallazgo desmonta la idea de que las etapas iniciales de la Vía Láctea estuvieron compuestas únicamente por materia propia.

«Algunos estudios del pasado argumentaban que las fases más tempranas de la evolución de nuestra galaxia estuvieron definidas únicamente por estrellas nacidas en ella», señaló Massari. «Aquí hemos demostrado que las estrellas nacidas en galaxias externas también deben ser tenidas en cuenta».

El trabajo del equipo científico continuará examinando otros cúmulos globulares inexplorados para reconstruir el mapa completo de las colisiones que dieron forma al cosmos que habitamos.

«El Hubble está observando cúmulos globulares que nunca antes habían sido estudiados, y esto nos ayudará a caracterizar los eventos de fusión que se remontan muy atrás en la historia de la Vía Láctea», concluyó Fernando Aguado-Agelet, coautor de la investigación e investigador de la Universidad de Vigo y la Universidad de La Laguna.

Fuente: NASA. Edición: MP.

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