La reciente y enigmática desaparición del general retirado Neil McCasland en el desierto de Nuevo México ha forzado la salida a la luz de una conexión explosiva.

El misterio del general desaparecido en Nuevo México y su conexión con la científica que inventó un «metal inteligente» espacial

El general McCasland y la científica Jacinto Reza desaparecieron sin dejar rastro con 8 meses de diferencia, marcando una ruta de silencio que une las montañas de California con el desierto de Nuevo México.

Una investigación realizada por el medio The Sentinel ha revelado que el exjefe del Laboratorio de la Fuerza Aérea era el hombre detrás de la financiación y supervisión de Mónica Jacinto Reza, una científica clave que hoy se encuentra oficialmente fallecida en circunstancias bajo sospecha.

Al conectar la desaparición del general con la de su científica estrella, la narrativa de «accidentes aislados» se desmorona por completo. Estamos ante la pérdida simultánea del administrador del dinero y la arquitecta de una tecnología avanzada que, se sospecha, fue producto de la ingeniería inversa aplicada a materiales recuperados de estrellamientos OVNI.

Mondaloy: ¿Por qué es un «metal inteligente» y por qué es tan valioso?

El Mondaloy —cuyo nombre es un acrónimo que rinde homenaje a sus creadoras, Mónica Jacinto Reza y Dallis Hardwick (quien falleció de cáncer)— no es una aleación metálica ordinaria; es lo que la ciencia define como un material con memoria de forma o «metal inteligente». A diferencia del aluminio de un avión común, este compuesto posee una estructura molecular programable que le permite reaccionar dinámicamente a estímulos externos como electricidad, calor o campos magnéticos.

Dicha capacidad le permite al metal «curarse» a sí mismo de grietas, alterar su rigidez en pleno vuelo para optimizar la aerodinámica o resistir temperaturas que fundirían cualquier otro material conocido. Estas propiedades coinciden, sospechosamente, con los informes sobre el material recuperado en el incidente Roswell de 1947 —que no se podía quemar y recuperaba su forma luego de ser estrujado—.

Este paralelismo con tecnología no humana convierte al Mondaloy en el activo estratégico más peligroso del planeta. Dominarlo significa controlar la propulsión del futuro, un secreto por el que, al parecer, el Sistema está dispuesto a hacer desaparecer a quien logró sintetizarlo y a quien lo supervisó.

Una declaración de muerte en tiempo récord

Según reporta The Sentinel, la desaparición de Mónica Jacinto Reza mientras realizaba senderismo en la cresta de Mount Waterman, en el área de Angeles Crest Highway, activó un protocolo administrativo inusualmente veloz. Fue declarada legalmente muerta apenas cuatro días después de perderse su rastro. Esta decisión cerró el caso legalmente mientras los equipos de rescate aún estaban físicamente en el terreno buscando señales de vida.

En menos de diez minutos, en una cresta abierta y sin que su acompañante escuchara un solo grito, la inventora del Mondaloy se esfumó.

Este movimiento, conocido como el protocolo The Green Burial, parece una maniobra para sepultar su acceso a información clasificada de forma definitiva. Como McCasland era quien autorizaba los fondos para las investigaciones de Jacinto Reza, ambos formaban una unidad de conocimiento total: él conocía la procedencia del material y ella sabía cómo replicarlo.

En el mundo de la inteligencia militar, eliminar el binomio «financiador-inventor» es la táctica más eficaz para detener un proyecto o evitar una filtración masiva. La desaparición coordinada de ambos asegura que el «manual de instrucciones» del Mondaloy y la verdad sobre su origen no caiga en manos del Congreso durante las actuales y futuras audiencias sobre OVNIs.

¿Una purga sistemática en la élite científica?

Lo ocurrido con McCasland y Jacinto Reza parece ser el capítulo más oscuro de una ola de silenciamientos en la cúpula de la defensa aeroespacial. Este patrón se repite sistemáticamente: cada vez que la presión por la transparencia OVNI/UAP aumenta, los testigos con acceso a pruebas físicas o patentes exóticas sufren incidentes inexplicables que los borran del mapa.

McCasland era el hombre que mejor conocía los hangares de Wright-Patterson, el lugar donde históricamente se custodian restos de tecnologías no identificadas. Su desaparición, sumada a la de su científica estrella, envía un mensaje aterrador a la comunidad científica: el conocimiento sobre tecnología no humana es una carga mortal.

En este sentido, el congresista Eric Burlison, quien recientemente ha requerido acceso a instalaciones clasificadas para comprobar lo denunciado por testigos en las audiencias OVNI, ha respondido a la investigación de The Sentinel con un mensaje preocupante: «No tengo intenciones de suicidarme»...

Por MysteryPlanet.com.ar.

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