Un equipo internacional de astrónomos ha confirmado la existencia del exoplaneta más joven jamás detectado en el universo. Conocido como Elias 2-24 b, este deslumbrante «bebé planetario» tiene menos de un millón de años de antigüedad y se encuentra en pleno proceso de formación, devorando el gas y el polvo que rodean a su estrella natal.

El planeta más joven jamás detectado: confirman el hallazgo de un mundo bebé de menos de un millón de años

El exoplaneta bebé Elias 2-24 b tiene menos de un millón de años de edad. Es probable que todavía esté acumulando material del disco protoplanetario de su estrella, tal como se aprecia en esta ilustración. Crédito: Observatorio W.M. Keck/Adam Makarenko.

El hallazgo, publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters y liderado por investigadores de la Universidad Diego Portales en Chile, ofrece una oportunidad sin precedentes para presenciar en tiempo real el nacimiento de un gigante gaseoso similar a nuestro Júpiter.

Designado formalmente como Elias 2-24 b, la nomenclatura de este nuevo mundo responde a los estándares de la astronomía moderna: la estrella anfitriona debe su nombre al catálogo de fuentes infrarrojas elaborado en la década de 1970 por el astrónomo estadounidense Jonathan H. Elias, mientras que la minúscula «b» identifica al primer exoplaneta descubierto en su órbita.

Un récord cósmico que desafía la ciencia actual

Ubicado a unos 450 años luz de la Tierra, Elias 2-24 b gira en torno a su estrella a una distancia 55 veces mayor que la que separa a la Tierra del Sol. El sistema no solo destaca por sus dimensiones, sino porque su extrema juventud desafía de forma directa las teorías actuales sobre cómo se construyen los mundos gigantescos.

El motivo de esta contradicción teórica radica en su precocidad sin precedentes. Hasta este hallazgo, los exoplanetas más jóvenes confirmados superaban holgadamente los cinco millones de años de edad, por lo que el nuevo récord destroza esa marca histórica y obliga a replantear los modelos vigentes sobre la evolución cósmica.

«Nuestros modelos de formación planetaria ya tenían dificultades para explicar los récords anteriores. Elias 2-24 b nos muestra que incluso nuestras mejores teorías todavía omiten procesos fundamentales», explicó Lucas Cieza, coautor del estudio y profesor del Instituto de Estudios Astrofísicos de la Universidad Diego Portales.

Esculpiendo su propio camino en el polvo estelar

Durante años, los telescopios han capturado imágenes de discos protoplanetarios con oscuros surcos vacíos. Aunque los científicos sospechaban que esos huecos eran esculpidos por planetas en desarrollo, las pruebas directas eran escasas. Elias 2-24 b se ubica exactamente dentro de una de estas brechas.

Crédito: A. Bernardi et al., The Astrophysical Journal Letters, 2026.

«Se supone que los planetas deben encontrarse dentro de los huecos, ya que son ellos quienes los esculpen. Y ahí es exactamente donde encontramos a Elias 2-24 b», afirmó Andrea Bernardi, candidato a doctor en la Universidad Diego Portales y autor principal de la investigación.

«Lo que hace que este objeto sea tan extraordinario es su edad. Al estar acumulando material activamente de su entorno, podemos observar una etapa del nacimiento planetario que rara vez se ve de forma directa», añadió Bernardi.

Arqueología espacial con la suma de varios observatorios

La confirmación de este gigante de gas requirió un meticuloso trabajo de arqueología de datos. La señal del planeta fue captada por primera vez en 2018 gracias al telescopio Keck en Hawái, pero el tenue resplandor resultaba insuficiente en ese momento para declarar un descubrimiento oficial.

Años después, el equipo reanalizó la información archivada combinándola con datos obtenidos en 2020 por el Very Large Telescope (VLT) de la Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Sur, respaldados por las observaciones del complejo de radiotelescopios ALMA en Chile.

«Este planeta es una joya rara, ya que actualmente se encuentra en una etapa de su evolución para la cual los modelos teóricos aún luchan por predecir con certeza su masa, entropía y luminosidad esperada», destacó Alice Zurlo, investigadora de la Universidad Diego Portales que inició las observaciones de este sistema en 2018.

Precisamente por esa incertidumbre teórica, estudiar el sistema de Elias 2-24 b equivale a utilizar una máquina del tiempo hacia los orígenes del cosmos. Dado que nuestro sistema solar tiene miles de millones de años y solo podemos reconstruir su pasado mediante hipótesis, la única manera de comprender con exactitud cómo se forman los mundos es observando estos jóvenes laboratorios espaciales mientras el proceso aún está en marcha.

Sin embargo, captar semejante incubadora planetaria en plena gestación exige una precisión técnica al límite de la capacidad actual. «Normalmente oímos hablar de telescopios que funcionan por separado, pero esta confirmación solo fue posible utilizando varios observatorios juntos. Elias 2-24 b está justo en el límite de lo que la tecnología actual puede detectar», concluyó Bernardi, anticipando que los nuevos telescopios espaciales —como el Nancy Grace Roman— permitirán descubrir más mundos en sus fases iniciales.

Fuente: Keck/NASA. Edición: MP.

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