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Desde su detección el 1 de julio de 2025, el objeto interestelar 3I/ATLAS ha desconcertado a la comunidad científica. Su luz no es constante; muestra una variabilidad pulsante con un periodo exacto de 16.16 horas.
Inicialmente, los observadores atribuyeron esta oscilación a la forma del núcleo del objeto, sugiriendo que se trataba de un cuerpo alargado girando sobre su eje. Sin embargo, nuevos análisis sugieren que esta teoría es incorrecta y apuntan a un fenómeno mucho más dinámico: unos jets (chorros) que actúan como un corazón cósmico.
«El argumento contra la teoría de la rotación simple es fuerte. Según las imágenes captadas por el telescopio espacial Hubble el 21 de julio de 2025, la mayor parte de la luz que recibimos de 3I/ATLAS no proviene de su superficie sólida, sino de una coma —un halo brillante de gas y polvo— que lo rodea», explica el astrofísico de Harvard, Avi Loeb. «Esta coma es transparente, permitiendo ver el núcleo a través de ella, pero el núcleo en sí es demasiado pequeño para ser resuelto en las imágenes».
Los cálculos indican una discrepancia notable. Si toda la luz viniera de la superficie del núcleo, este tendría que tener un radio efectivo de entre 10 y 23 kilómetros —dependiendo de la longitud de onda—. Sin embargo, el radio real estimado es mucho menor, probablemente por debajo de los 2.8 kilómetros.

Imagen de 3I/ATLAS del 29 de noviembre de 2025 a las 21:53 UTC, tomada con un telescopio de 0.26 metros en Rayong, Tailandia. Se observan dos jets prominentes, incluyendo una anti-cola en dirección al Sol, hacia la parte inferior izquierda. Crédito: Teerasak Thaluang.
«Esto implica que el núcleo refleja menos del 1 % de la luz total. Si el núcleo es tan oscuro y pequeño en comparación con el halo brillante, ¿cómo es posible que su rotación provoque cambios de «decenas por ciento» en el brillo total?», cuestiona Loeb.
La respuesta parece estar fuera del núcleo.
La explicación más plausible reside en los múltiples chorros observados en las imágenes recientes. Si la pérdida de masa a través de estos jets ocurre de manera pulsada y periódica, la coma resultante brillaría con esa misma intermitencia.
En un contexto natural, esto funcionaría como un cometa:
Este mecanismo se asemeja a un latido, donde una bocanada de gas y polvo cumple el rol de un torrente sanguíneo que recorre la coma periódicamente. Con una velocidad de salida de 440 metros por segundo (según datos del telescopio Webb), estos volátiles pueden viajar más de 25.000 kilómetros durante cada ciclo de rotación.
Aquí es donde el misterio se profundiza. Para confirmar si este «latido» es natural, los astrónomos necesitan observar la orientación de los jets.
«Lamentablemente, la literatura publicada hasta ahora no ha analizado sistemáticamente este patrón de latido en una serie de imágenes calibradas durante varios días. Un estudio secuencial (tipo película) del brillo de los jets alrededor de 3I/ATLAS sería crucial para revelar la verdadera naturaleza de este visitante interestelar», sugiere el astrofísico de Harvard.

Imagen de 3I/ATLAS del 28 de noviembre de 2025 desde KalopaStars en Hawái. Crédito: Bobby Howe.
«Lo que queda claro es que la periodicidad de 16.16 horas no nos habla de la forma de la roca, sino de los chorros colimados que emanan de ella hacia el vacío del espacio», concluye.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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