Ahora solo queda saber cómo humanos movieron y erigieron esos enormes megalitos hace miles de años.

El misterio de Stonehenge resuelto: la ciencia confirma que humanos, no glaciares, movieron las piedras monumentales

El autor principal del estudio frente al monumento de Stonehenge. Crédito: Universidad de Curtin.

Tras décadas de debate, una nueva investigación liderada por la Universidad de Curtin ha proporcionado la evidencia científica más sólida hasta la fecha: fueron personas, y no el movimiento de los glaciares, quienes transportaron las famosas piedras de Stonehenge a su ubicación actual en la llanura de Salisbury, al sur de Inglaterra.

Este hallazgo desafía la teoría de que el transporte natural por hielo habría depositado la «Piedra del Altar» y otros bloques en el sitio, reforzando la tesis de un esfuerzo humano deliberado, coordinado y masivo durante el Neolítico.

Cápsulas del tiempo microscópicas

Para llegar a esta conclusión, el equipo científico utilizó técnicas avanzadas de «huellas dactilares» minerales. Los investigadores analizaron más de 500 cristales de circón, uno de los minerales más resistentes de la Tierra, presentes en los sedimentos de los ríos cercanos al monumento. Estos granos actúan como cápsulas del tiempo geológicas que revelan cómo se desplazaron los sedimentos por Gran Bretaña a lo largo de millones de años.

El Dr. Anthony Clarke, autor principal del estudio, explicó que no se hallaron rastros de actividad glacial en la zona.

El Dr. Anthony Clarke recogiendo muestras de un río cercano a Stonehenge. Crédito: Universidad de Curtin.

«Si los glaciares hubieran transportado rocas desde Escocia o Gales hasta Stonehenge, habrían dejado una firma mineral clara», señaló.

Según el experto, al no encontrar esos restos en los ríos cercanos, la explicación de que los humanos movieron las piedras se vuelve la única plausible.

Un enigma tecnológico y cultural

Aunque la ciencia parece haber descartado al hielo, el método exacto que utilizaron los antiguos constructores sigue siendo un misterio. Las teorías varían desde el transporte marítimo bordeando la costa, hasta el uso de sofisticados sistemas de trineos y troncos por tierra firme.

«Lo que sí sabemos es que el hielo casi con toda seguridad no movió las piedras», afirmó el coautor del estudio, el profesor Chris Kirkland.

El descubrimiento se suma a otro hito de 2024 que confirmó que la «Piedra del Altar» —una pieza de seis toneladas— proviene de Escocia, lo que implica un viaje de cientos de kilómetros que demuestra una organización social y logística asombrosa para la época.

Con este nuevo eslabón en la cadena de evidencias, la imagen de Stonehenge como un hito de la voluntad y la ingeniería humana primitiva se vuelve más nítida que nunca.

Fuente: Curtin. Edición: MP.

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