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Un equipo de científicos del Reino Unido ha quedado completamente perplejo ante el hallazgo de una misteriosa estructura artificial de madera oculta en el fondo de un lago escocés. Según las últimas investigaciones, esta plataforma podría ser tan antigua como el célebre monumento de Stonehenge, un descubrimiento arqueológico que promete sacudir las teorías cronológicas establecidas sobre la región.
Para lograr este avance, un grupo de arqueólogos de la Universidad de Southampton, en colaboración con la Universidad de Reading, logró excavar y registrar esta gran obra de ingeniería prehistórica. El yacimiento, oculto bajo lo que hoy a simple vista parece una isla de piedra natural, se encuentra ubicado en Loch Bhorgastail, en la isla de Lewis, y los análisis de laboratorio revelaron que fue erigido hace más de 5.000 años.
Este tipo de construcciones artificiales son conocidas históricamente en las tierras altas como crannogs.
«Los crannogs son pequeñas islas artificiales que suelen tener miles de años de antigüedad. Existen cientos de ellos en los lagos de Escocia y muchos permanecen inexplorados o sin descubrir. Aunque durante mucho tiempo se pensó que se construían, usaban y reutilizaban principalmente entre la Edad del Hierro y el periodo posmedieval, ahora sabemos que algunos se levantaron mucho antes, durante el Neolítico, entre el 3800 y el 3300 a.C.», explicó la doctora Stephanie Blankshein, arqueóloga líder de la Universidad de Southampton.
A partir de este nuevo marco temporal, los expertos consiguieron desenterrar el secreto de su construcción, descubriendo que no se trata de una balsa flotante, sino de una isla erigida desde el fondo. Los antiguos constructores colocaron una base circular de troncos y maleza de 23 metros de diámetro sobre el lecho lodoso para crear un suelo firme y, sobre ella, apilaron toneladas de piedras hasta romper la superficie del agua. Siglos más tarde, en la Edad del Bronce y del Hierro, se añadieron nuevas capas y una calzada de piedra que hoy está sumergida.
Asimismo, una de las mayores sorpresas para la ciencia es cómo esta estructura de madera ha logrado sobrevivir cinco milenios sin desintegrarse. El secreto reside en el lodo del fondo del lago, un entorno anaeróbico completamente libre de oxígeno que impide la proliferación de los hongos y bacterias que normalmente pudren la materia orgánica. Al quedar saturados de agua y «envasados al vacío» de forma natural, los troncos neolíticos se han conservado intactos en una cápsula del tiempo biológica.

La plataforma de madera del crannog bajo la línea de flotación. Crédito: Universidad de Southampton.
Más allá de su asombrosa conservación, los objetos rescatados del lodo han comenzado a ofrecer las primeras pistas sobre la vida social en el islote. Los buceadores han recuperado cientos de fragmentos de cerámica neolítica, tales como jarras y cuencos con residuos de comida, lo que sugiere que el sitio era un centro de reunión.
«Aunque todavía no sabemos exactamente por qué se construyeron estas islas, los recursos y la mano de obra necesarios para levantarlas sugieren no solo comunidades complejas capaces de tales hazañas, sino también el gran significado de estos sitios. Las grandes cantidades de cerámica y la piedra trabajada sugieren su uso para actividades comunitarias como cocinar o celebrar banquetes», señaló la doctora Blankshein.
Para poder estudiar todo este complejo yacimiento con absoluta claridad y precisión, los arqueólogos se vieron obligados a desarrollar una nueva técnica de estereofotogrametría adaptada a aguas poco profundas. Este innovador método les permitió capturar y fusionar imágenes por encima y por debajo de la línea de flotación en un único modelo tridimensional continuo, superando así las severas limitaciones ópticas que suelen plagar estos entornos acuáticos.
Hasta ahora, conseguir resultados óptimos con la fotogrametría tradicional en zonas de escasa profundidad representaba un verdadero dolor de cabeza para la ciencia.
«Los sedimentos finos, el oleaje, la vegetación flotante y la luz distorsionada o reflejada dificultan la obtención de imágenes en aguas poco profundas. La fotogrametría es muy eficaz en aguas profundas, pero se enfrenta a problemas a profundidades inferiores a un metro. Este obstáculo es una frustración bien conocida por los arqueólogos», detalló el profesor Fraser Sturt, director del Instituto Marino y Marítimo de Southampton.
Con el fin de solucionar esta histórica limitación, los investigadores fijaron dos pequeñas cámaras subacuáticas a una distancia fija en un armazón técnico especial para compensar cualquier pérdida de datos. Gracias a que un buzo maniobró el equipo con una precisión milimétrica y complementó el trabajo con el uso de drones aéreos, este avance metodológico —publicado en la revista Advances in Archaeological Practice— no solo ha aclarado el pasado de Loch Bhorgastail, sino que ahora abre la puerta para explorar de manera económica cientos de otras islas misteriosas que aún duermen bajo las aguas británicas.
Fuente: Southampton. Edición: MP.
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