La frontera entre la ciencia ficción y la realidad se ha vuelto peligrosamente delgada.

El inquietante plan de R3 Bio: clonar cuerpos humanos «sin cerebro» para alcanzar la inmortalidad

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Según una investigación de MIT Technology Review, la startup R3 Bio, con sede en Richmond, California, ha operado bajo un estricto velo de secretismo mientras presentaba a inversores una propuesta que parece sacada de una pesadilla distópica: la creación de clones humanos sin conciencia destinados a servir como «repuestos» biológicos.

Aunque la empresa declaró recientemente a la revista Wired que su objetivo inmediato es crear «sacos de órganos» de monos para reemplazar las pruebas con animales, los documentos obtenidos revelan una ambición mucho más profunda. El fundador de la compañía, John Schloendorn, ha detallado planes para cultivar cuerpos humanos con una estructura cerebral mínima, lo suficiente para mantenerlos vivos pero sin capacidad de sentir, pensar o percibir su entorno.

El proyecto ha captado la atención y el capital de figuras prominentes como el multimillonario Tim Draper, el fondo singapurense Immortal Dragons y LongGame Ventures.

La idea central es que estos clones actúen como un seguro de vida: si un órgano falla, el paciente tendría un donante genéticamente idéntico esperando. En una visión más extrema, Schloendorn sugiere que estos cuerpos podrían recibir algún día un trasplante de cerebro completo, otorgando al usuario una «segunda vida» en un envase joven.

La sombra del «Dr. Strangelove»

El impacto de estas revelaciones ha generado una ola de rechazo en la comunidad científica. Fuentes que presenciaron las presentaciones de Schloendorn describieron la experiencia como «un encuentro cercano del tercer tipo» con un aire al «Dr. Strangelove», debido al entusiasmo con el que se proponía la creación de estos seres.

La ética de fabricar seres humanos deliberadamente incompletos ha puesto en alerta a expertos como Jose Cibelli, de la Universidad Estatal de Michigan.

«No hay límite para la imaginación humana y las formas de ganar dinero, pero tiene que haber fronteras. Y esta es la frontera de fabricar un ser humano que no es un ser humano», declaró Cibelli al MIT Technology Review.

La preocupación no es solo moral, sino técnica; el riesgo de deformidades en la clonación sigue siendo altísimo, y la idea de gestar estos cuerpos mediante mujeres contratadas —ante la falta de úteros artificiales— añade una capa de complejidad social perturbadora.

Escepticismo

R3 Bio no es la única firma en este camino. La investigación también identificó a Kind Biotechnology, dirigida por Justin Rebo, que trabaja en técnicas similares para crear animales que carezcan de la capacidad de sentir. Según sus solicitudes de patentes, el objetivo es producir órganos de alta calidad de manera escalable, lo que para muchos seguidores del movimiento «Vitalista» es el camino más directo para derrotar al envejecimiento.

A pesar de la narrativa optimista de sus creadores, la realidad técnica es escéptica. Científicos de la talla de George Church, de Harvard, consideran que estos cuerpos sin cerebro son, por ahora, «repulsivos e inútiles», señalando que la mayoría de los pacientes solo necesitan un órgano específico, no un cuerpo entero.

Mientras tanto, R3 Bio sigue defendiendo su derecho a mantener «discusiones futuristas hipotéticas», dejando en el aire una pregunta inquietante sobre hasta dónde llegará el mercado de la inmortalidad.

Fuente: MIT. Edición: MP.

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