¿Cuántos secretos de nuestro pasado cósmico siguen ocultos a plena vista? Por sorprendente que parezca, la ciencia acaba de confirmar que una colosal cicatriz terrestre de 390 millones de años no fue hallada por satélites de última generación, sino por un ciudadano común y corriente que exploraba un mapa digital desde su pantalla.

El increíble hallazgo en Google Maps que resultó ser un cráter de meteorito de 390 millones de años

El cráter identificado en Google Maps.

Todo comenzó cuando Joël Lapointe, un astrónomo aficionado, utilizaba Google Maps para planificar unas vacaciones de campamento en la remota región de Côte-Nord en Quebec, Canadá. Al examinar el terreno, notó una extraña hendidura circular de unos 25 kilómetros de diámetro que rodeaba el lago Marsal. Lo que parecía una simple anomalía topográfica resultó ser algo mucho más trascendental.

Una expedición difícil

Tras el hallazgo inicial en 2024, Lapointe se puso en contacto con el geofísico francés Pierre Rochette, quien coincidió en que la topografía de la zona era «muy sugestiva» de un impacto cósmico. Aunque los primeros análisis de laboratorio en muestras superficiales revelaron la presencia de circón —un mineral que suele formarse bajo las presiones extremas de estos eventos—, la prueba definitiva requería una expedición al terreno.

Gordon Osinski, a la izquierda, retratado junto a su equipo de investigadores, Anthony Lagain, Jérôme Gattacceca y Yoann Quesne, durante su visita al sitio del cráter en Quebec en 2025.

En octubre de 2025, un equipo de geólogos liderado por Gordon Osinski, profesor de geología planetaria en la Western University, se adentró en la remota zona canadiense. La misión no fue sencilla. Osinski la describió como una de las campañas más difíciles de su carrera, a pesar de haber realizado decenas de expediciones en el Ártico y en varios continentes, debido a un terreno extremadamente accidentado y a las complejas condiciones logísticas.

El esfuerzo valió la pena cuando los científicos hallaron «conos de astillamiento», unas estructuras estriadas en las rocas que solo se generan por las ondas de choque de un impacto meteorítico o de una detonación nuclear. También descubrieron imponentes acantilados de roca fundida por el impacto.

Los investigadores encontraron conos de astillamiento en el segundo día de la misión del grupo. Crédito: G. Osinski.

«Se pueden derretir literalmente decenas de kilómetros cúbicos de la corteza terrestre cuando choca un asteroide lo suficientemente grande», señaló al respecto Osinski.

Árbol torcido

Gracias a las muestras recolectadas, los investigadores lograron datar el impacto en unos 390 millones de años. Con un diámetro de 25 kilómetros, este cráter se posiciona como uno de los más grandes descubiertos en los últimos años a nivel mundial, donde solo se conocen unos 200 cráteres de meteoritos en total.

Gordon Osinski sosteniendo una roca de fusión por impacto. Esta se crea a partir de la temperatura y la presión de un impacto. Crédito: G. Osinski.

En consulta con el consejo de la comunidad indígena local, el Consejo Innu de Ekuanitshit, el cráter ha sido bautizado oficialmente como Uhaachatik —que en su lengua nativa se traduce como ‘árbol torcido’—. Los detalles de la investigación y el análisis de las muestras serán presentados formalmente el próximo mes en el congreso anual de la Meteoritical Society en Alemania.

Para Joël Lapointe, la confirmación es un recordatorio del valor de la curiosidad ciudadana. «No todos los días un ciudadano común encuentra un cráter de 390 millones de años», expresó con entusiasmo. «Animo a todo el mundo a no ignorar la intuición o una observación, incluso si no forma parte de su campo de especialización».

Fuente: CBC. Edición: MP.

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