Este hallazgo no solo desafía las ideas populares sobre estos depredadores, sino que aporta datos cruciales para reconstruir el ecosistema de la región antes de la extinción masiva.

El increíble hallazgo del Kank australis: descubren un raptor de 70 millones de años que cambia el pasado prehistórico de la Patagonia

Interpretación artística del raptor encontrado en la Patagonia. Crédito: Ignacio García/MysteryPlanet.com.ar.

Para los fanáticos del cine y de sagas como Jurassic Park, la palabra raptor evoca de inmediato al icónico Velociraptor: un cazador letal, ágil y de dientes afilados como cuchillos. Sin embargo, esa imagen de Hollywood pertenece casi en exclusiva a los fósiles hallados en el hemisferio norte.

Rompiendo con ese estereotipo cinematográfico, la nueva especie hallada en los sedimentos de la Formación Chorrillo, cerca de El Calafate (Santa Cruz), revela una historia completamente diferente para el sur del continente. Bautizado como Kank australis, este dinosaurio demuestra que la evolución tomó un rumbo propio en estas latitudes.

«Nos muestra que este grupo estaba bien distribuido en Sudamérica durante el Cretácico Superior, justo antes de la caída del meteorito hace 66 millones de años. Este hallazgo llena un vacío geográfico muy importante. También nos ayuda a entender cómo se distribuían estos animales en el sur y su conexión con parientes hallados en la Antártida», explicó el doctor en Ciencias Naturales Matías Motta, primer autor del trabajo de investigación.

Investigadores en el sitio del hallazgo. Crédito: M. Motta.

Precisamente, la clave para comprender este enigma radica en la evidencia física recuperada. Los restos del Kank australis —un espécimen que en vida medía unos dos metros de largo— consisten en piezas fragmentarias que incluyen vértebras, elementos dentales y huesos del pie. A pesar de esta fragmentación, los materiales poseen rasgos anatómicos únicos que permitieron clasificarlo de forma inequívoca como una nueva especie.

¿Un raptor pescador?

A diferencia de sus parientes norteamericanos, este espécimen pertenece a los unenlágidos, un grupo de raptores exclusivo del hemisferio sur estrechamente vinculado al origen de las aves.

«Es un grupo de raptores hallados en Argentina, la Antártida, África y Australia, que se distinguen por su forma corporal. Tenían el hocico muy alargado y más de 20 dientes en sus quijadas», detalló Motta.

El especialista añadió que sus dientes eran cónicos y con pequeñas estrías laterales, muy distintos a los dientes cortantes de los raptores del norte. Además, planteó que algunos unenlágidos poseían brazos tan largos que sugieren fuertemente la presencia de alas.

Kank Australis

Reconstrucción artística del Kank Australis. Crédito: Gabriel Díaz Yantén.

Este conjunto de características físicas ha llevado a los paleontólogos a proponer una hipótesis sorprendente sobre su estilo de vida. Lejos de la imagen del cazador veloz de tierra firme, el Kank australis podría haber tenido hábitos muy similares a los de las garzas y cigüeñas actuales.

«Los dientes numerosos y con estrías del Kank habrían sido útiles para la captura de peces. Y la anatomía de las vértebras del cuello nos muestra que tendría una flexibilidad notable para el grupo», describió el paleontólogo. «Tenía estructuras particulares que recuerdan a las presentes en animales de cuello largo y pescadores, como las garzas y cigüeñas».

Para confirmar con total certeza esta dieta piscívora, el equipo planea realizar futuros análisis bioquímicos de isótopos en las piezas dentales.

Homenaje a los pueblos originarios

Hace 70 millones de años, el entorno donde habitaba este dinosaurio era radicalmente opuesto al frío paisaje patagónico actual. La cordillera de los Andes aún no se había elevado y la región estaba dominada por un ambiente subtropical repleto de ríos, lagunas y una exuberante vegetación donde proliferaba una enorme biodiversidad.

«En el mismo sitio de donde proceden los restos del Kank se encontraron fósiles de peces, ranas, tortugas, serpientes y mamíferos. También otros dinosaurios, como el enorme carnívoro Maip macrothorax y el dinosaurio de cuello largo Nullotitan glaciaris», precisó Motta, ilustrando la complejidad de ese mundo perdido.

«Tenía estructuras particulares que recuerdan a las presentes en animales de cuello largo y pescadores, como las garzas y cigüeñas», señala Motta. Crédito: Ignacio García.

El nombre elegido para la criatura es también un profundo homenaje a las raíces locales y a la cosmovisión de los pueblos originarios. Kank proviene de la mitología Aonikenk (tehuelche) y hace referencia al «ñandú anciano», una figura mítica que, según sus relatos, escapó de los cazadores dejando su huella en el firmamento para dar origen a la constelación Choiols, conocida popularmente como la Cruz del Sur. Por otro lado, australis complementa el nombre científico significando ‘del sur’ en latín.

Motta concluyó con una reflexión sobre las duras pero gratificantes jornadas de trabajo en el campo:

«Patagonia es un lugar cargado de historias y con un fuerte impacto emocional para el equipo, ya que pasamos mucho tiempo excavando fósiles rodeados de paisajes alucinantes. En los campamentos alejados de las ciudades es donde, por ejemplo, volvemos a admirar el cielo nocturno con la Vía Láctea y los millones de estrellas. Nos pareció oportuno entonces nombrar a este dinosaurio en honor a Kank, el nombre de un gran ñandú que, según la mitología tehuelche, dejó su huella en el cielo formando la constelación Choiols, conocida por nosotros como Cruz del Sur. El sur como rumbo. Como memoria de quienes somos y de dónde venimos».

Fuente: Agencia CTyS. Edición: MP.

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