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En las profundidades del cúmulo de Perseo, a 300 millones de años luz, el telescopio espacial Hubble ha identificado un objeto que desafía nuestra percepción visual del cosmos. Se trata de la Candidata a Galaxia Oscura 2 (CDG-2 por sus siglas en inglés), una estructura tan tenue que resulta prácticamente invisible para los métodos de observación convencionales.

Esta imagen de la galaxia oscura CDG-2 fue capturada por la ACS (Cámara Avanzada para Sondeos) del Hubble, con datos adicionales de la misión espacial Euclid de la Agencia Espacial Europea. Se muestra una barra de escala, flechas de brújula y una clave de colores como referencia. Crédito: NASA, ESA, D. Li (Utoronto), Procesamiento: J. DePasquale (STScI).
A diferencia de la Vía Láctea, que brilla con la luz de miles de millones de estrellas, la CDG-2 es un desierto estelar. Este objeto emite un brillo equivalente a apenas un millón de soles y contiene solo cuatro cúmulos globulares, una cifra ínfima comparada con los más de 150 que orbitan nuestra galaxia.
Lo más asombroso de este hallazgo es la distribución de su masa. Según los análisis publicados en The Astrophysical Journal Letters, el 99 por ciento de su composición es materia oscura. Esta misteriosa sustancia, que no emite ni refleja luz, actúa como el esqueleto invisible que mantiene unida la escasa materia visible de la galaxia.
El descubrimiento, liderado por David Li de la Universidad de Toronto, marca un hito: es la primera vez que se detecta una galaxia basándose exclusivamente en su población de cúmulos globulares. Estas agrupaciones estelares, densas y resistentes, funcionaron como «balizas» que delataron la presencia de la galaxia oculta.
Para confirmar la existencia de este objeto, los astrónomos combinaron la potencia de tres gigantes: el Hubble, el observatorio espacial Euclid de la ESA y el telescopio Subaru en Hawái. Mientras el Hubble localizó los cúmulos, los datos de Euclid revelaron por primera vez el resplandor difuso que los envuelve, confirmando que no estaban solos en el vacío.
Los científicos creen que la CDG-2 fue víctima de su entorno. Al residir en el masivo cúmulo de Perseo, las interacciones gravitatorias con galaxias vecinas probablemente «barrieron» casi todo su gas hidrógeno. Sin este combustible vital para formar nuevas estrellas, la galaxia quedó reducida a un espectro dominado por la gravedad de la materia oscura.
Este hallazgo no solo demuestra la sensibilidad de la tecnología actual, sino que abre una nueva vía para localizar miles de «galaxias fantasma» que, hasta ahora, habían logrado esquivar nuestra mirada.
Fuente: ESA/Hubble. Edición: MP.
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