El rover Curiosity de la NASA ha obtenido una imagen que ha despertado el interés de uno de los científicos más prolíficos de la actualidad: Avi Loeb. El astrofísico de Harvard ha puesto bajo la lupa un objeto con una geometría sorprendentemente artificial localizado en el cráter Gale.

El enigma del cilindro en el cráter Gale: Curiosity fotografió un objeto aparentemente artificial en Marte

Crédito: NASA.

La fotografía, tomada originalmente por la Mastcam del rover el 7 de agosto de 2022, muestra lo que parece ser un cilindro perfecto semienterrado en el regolito marciano del paso de Paraitepuy, una zona estrecha en las faldas del monte Sharp. El objeto presenta un extremo plano y una longitud estimada de unos 20 centímetros.

La filosofía de la transparencia científica

Para Loeb, la clave no está en solo tomar una fotografía, sino en cómo se investiga lo que vemos en ella. Tras ser contactado por expertos como el Dr. Jan Špaček y la profesora Carol Cleland, el astrofísico subrayó la importancia de debatir estos hallazgos de manera pública.

«Las anomalías se analizan mejor de forma abierta, con la divulgación total de todos los datos disponibles, ya que tales discusiones podrían motivar a los científicos a recopilar datos adicionales que resolverían su misterio», afirmó Loeb respecto al hallazgo.

El cilindro ha sido identificado en varios repositorios de datos de la NASA y el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), aunque inicialmente no fue destacado en los sitios públicos de la misión y la agencia no se ha pronunciado nunca sobre esta «anomalía».

¿Tecnología terrestre en el planeta rojo?

A pesar de su apariencia inusual, la hipótesis más sólida es que se trata de desechos generados por la propia actividad humana en Marte. El Curiosity es una máquina compleja de casi 899 kilogramos que, durante su descenso en 2012 o en sus años de operación, pudo haber dejado rastro.

Imagen completa. Crédito: NASA.

Las posibilidades técnicas incluyen:

  • Fragmentos del sistema de aterrizaje o del escudo térmico.
  • Restos de cableado o material de las ruedas de 50.8 centímetros de diámetro.
  • Desechos transportados por los fuertes vientos marcianos desde otras zonas.

El dilema del explorador: ¿Volver o seguir adelante?

Actualmente, el Curiosity se encuentra a unos 8 kilómetros de distancia de la ubicación del cilindro. Y si bien esta distancia parece considerable para un robot, Loeb plantea una posibilidad intrigante: regresar.

«A la velocidad máxima del rover (0.16 kilómetros por hora), el Curiosity podría desandar el camino en apenas un par de días para examinar el objeto de cerca y despejar las dudas», comentó.

La pregunta que queda en el aire para la NASA y la comunidad científica es si debemos asumir que es simplemente basura espacial o si, como sugiere Loeb, vale la pena girar las cámaras para descartar cualquier otra posibilidad.

Por MysteryPlanet.com.ar.

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