La estructura interna guardaría una similitud asombrosa con el diseño de las pirámides mayas y aztecas, cambiando lo que creíamos saber sobre la ingeniería del antiguo Egipto.

El enigma de Keops: la Gran Pirámide podría ocultar un corazón escalonado al estilo mesoamericano

Crédito: Matthew Sibson/Ancient Architects.

Evidencias geofísicas obtenidas el siglo pasado sugieren que la Gran Pirámide de Guiza, lejos de ser una masa uniforme de piedra, oculta en su interior un «esqueleto» escalonado.

La teoría se basa en una práctica común de la época: los arquitectos egipcios solían construir primero un núcleo central de gran resistencia. Este armazón funcionaba como una columna vertebral que luego se rellenaba con escombros de baja densidad. Solo al final del proceso se añadían las piedras de respaldo y el revestimiento de caliza fina de Tura para darle esa apariencia lisa y perfecta que la hizo famosa.

Este método no solo era una cuestión estética, sino una solución práctica de ingeniería. Durante la mayor parte de su construcción, la Gran Pirámide no habría tenido el aspecto triangular que conocemos hoy, sino el de una serie de plataformas gigantes que se elevaban hacia el cielo, permitiendo un manejo más eficiente de los materiales y el personal en las alturas.

Evidencias a plena vista

No hace falta imaginar este núcleo, ya que existen ejemplos visibles en la propia meseta de Guiza. La pirámide de Micerino presenta una enorme brecha en su cara norte, una «cicatriz» que deja al descubierto los escalones de piedra que forman su estructura interna.

Se cree que la pirámide de Meidum (foto) es la primera de las tres pirámides principales construidas por Seneferu, el primer faraón de la Dinastía IV.

Del mismo modo, la pirámide de Meidum es un testimonio silencioso de esta técnica. Al haber perdido gran parte de su recubrimiento exterior, muestra con total claridad cómo su núcleo fue diseñado por etapas. Incluso las pirámides de las reinas, de menor tamaño, exhiben este mismo patrón arquitectónico, lo que refuerza la idea de que Keops no fue la excepción.

El análisis de la supercomputadora Cray

En la década de 1980, un equipo de científicos franceses realizó un estudio de microgravimetría, midiendo la fuerza de gravedad en más de 2.000 puntos del monumento. El objetivo era detectar variaciones de densidad para entender qué había detrás de los pesados bloques externos. Los resultados fueron reveladores: la densidad promedio es de 2.05 g/cm³, mucho menor a la de la piedra caliza sólida, lo que indica la presencia de rellenos de arena o gravilla.

Gráfico de densidad de la Gran Pirámide de Guiza.

Para procesar esta inmensa cantidad de datos en una época con tecnología limitada, se utilizó una supercomputadora Cray. En aquel entonces, estas máquinas eran la vanguardia absoluta de la informática mundial, diseñadas específicamente para realizar cálculos matemáticos complejos a una velocidad que las computadoras convencionales no podían alcanzar. Su uso permitió mapear por primera vez las irregularidades internas de la pirámide de forma científica.

Gracias a esta potencia de cálculo, se descubrió que la estructura no es un bloque compacto, sino una red de muros internos que sostienen materiales más ligeros. Esto confirma que la Gran Pirámide es, en realidad, un complejo rompecabezas de ingeniería donde la estabilidad no depende de la masa sólida, sino de una estructura interna organizada.

Representación de la posible estructura escalonada interna en la Gran Pirámide de Guiza.

La controversia de la espiral interna

Uno de los hallazgos más polémicos derivados de los datos de la Cray es la detección de una zona de alta densidad que asciende en espiral por el interior del monumento. Mientras algunos expertos, como el arquitecto Jean-Pierre Houdin, defienden que se trata de una rampa interna utilizada para la construcción, otros investigadores proponen una visión más vinculada al diseño escalonado.

Bajo esta perspectiva, la teoría alternativa sugiere que esta espiral es en realidad la huella de una rampa externa que se apoyaba en los escalones del núcleo interno. El paso constante de obreros y el arrastre de toneladas de piedra habrían compactado el material de tal forma que su densidad aumentó drásticamente. Al finalizar la obra, esta rampa no fue retirada, sino que quedó sepultada bajo las piedras de respaldo finales.

Este modelo estructural propone que el núcleo interno de la Gran Pirámide consta de cinco grandes escalones que sirvieron de base logística. Si esta hipótesis es correcta, la construcción más famosa del mundo es una pirámide escalonada «disfrazada» tras una fachada de perfección geométrica; una obra maestra que unió la funcionalidad de las plataformas antiguas con la estética sublime del Imperio Antiguo.

De cara al futuro, el reto para la arqueología moderna será integrar estas mediciones geofísicas con tecnologías de vanguardia, como la tomografía de muones de ScanPyramids o los recientes mapeos con tecnología de radar de apertura sintética (SAR) realizados por científicos italianos, junto con observaciones detalladas en las —¿ocho?— caras de la pirámide. Solo así podremos confirmar si estamos ante el mayor secreto constructivo de la antigüedad o ante una coincidencia técnica que ha esperado miles de años para ser revelada.

El cruce entre la física de partículas y la arqueología satelital está abriendo una ventana sin precedentes al pasado. Lo que comenzó como un complejo cálculo en una supercomputadora de los años 80 está hoy a un paso de confirmar que la mayor maravilla del mundo antiguo es, en esencia, un sofisticado laberinto de plataformas ocultas bajo la arena y el tiempo.

Por MysteryPlanet.com.ar.

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