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La comunidad de inteligencia de los Estados Unidos se encuentra en estado de shock. El pasado 27 de febrero, William Neil McCasland, un mayor general retirado de la Fuerza Aérea que habría tenido acceso a los secretos más profundos sobre tecnología no humana, se esfumó sin dejar rastro en Albuquerque, Nuevo México.
McCasland no es un militar cualquiera. Durante su carrera, fue el jefe de investigación en la Base Wright-Patterson, el lugar donde, según décadas de testimonios de exoficiales, se ocultan los restos del famoso incidente de Roswell de 1947.
El periodista de investigación Ross Coulthart no ha dudado en calificar el suceso como una «grave crisis de seguridad nacional». McCasland, de 68 años, salió de su casa para realizar una caminata habitual, pero dejó atrás su teléfono móvil y su reloj, un comportamiento errático para alguien con su disciplina.
A pesar de que el Sheriff del condado de Bernalillo lidera la búsqueda, el FBI ha tomado cartas en el asunto de manera inmediata. La sospecha de un «juego sucio» flota en el aire, especialmente porque el general era considerado una enciclopedia viviente de los programas clasificados de ingeniería avanzada —con sospechas de haber participado o custodiado tecnología de naves alienígenas recuperadas—.
«Este es un hombre con algunos de los secretos más sensibles de EE.UU. en su cabeza», advirtió Coulthart.
El momento de su desaparición es, cuanto menos, sospechoso. Ocurre justo cuando el debate sobre la desclasificación total de los Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP) alcanza su punto máximo en el Congreso y tras las promesas de transparencia del ejecutivo.
Este caso se entrelaza, asimismo, con las recientes denuncias del congresista Eric Burlison, quien ha revelado haber recibido graves amenazas por intentar tener acceso a información clasificada sobre los OVNIs.
Burlison ha sido enfático en que existe una maquinaria dentro del complejo militar-industrial dispuesta a todo para evitar que la verdad salga a la luz.
Mientras los investigadores peinan las montañas Sandia de Alburquerque con drones y perros de búsqueda, la familia de McCasland intenta mantener la calma. Su esposa, Susan, ha declarado en su perfil de Facebook que no cree que se trate de un secuestro relacionado con secretos de estado, sugiriendo posibles problemas de salud que activaron una «Alerta Plata».
Sin embargo, para los expertos en el fenómeno, es difícil ignorar el historial del general:
¿Se perdió un hombre brillante en el desierto o estamos ante el silenciamiento de la fuente más peligrosa para el status quo del Pentágono? La búsqueda continúa, pero el silencio oficial es cada vez más ruidoso.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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