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Un documento técnico de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF), fechado en 1990, ha resurgido para cambiar nuestra comprensión de la física y la tecnología militar secreta.
El informe, titulado Estudio de Propulsión Eléctrica (descargable aquí) y conocido como AL-TR-89-040, confirma que los sectores de defensa estadounidenses investigaron activamente la manipulación de la gravedad utilizando principios electromagnéticos considerados «imposibles» por la ciencia convencional.
El documento fue preparado por la contratista Science Applications International Corp. (SAIC) para el Laboratorio de Astronáutica de la Fuerza Aérea. Su propósito: evaluar si las teorías de «acoplamiento electromagnético-gravitacional» eran viables para crear sistemas de propulsión de próxima generación, una necesidad para superar las limitaciones de los cohetes químicos.
Durante décadas, la comunidad científica tradicional ha descartado el llamado Efecto Biefeld-Brown (electrogravedad). Este fenómeno, observado desde los años 30, sugiere que los condensadores cargados con un voltaje extremadamente alto generan un empuje o una fuerza de levitación en la dirección del polo positivo.

Thomas Townsend Brown (1905-1985). Su Efecto Biefeld-Brown fue descartado por la academia, pero investigado en secreto por la Fuerza Aérea de EE.UU., que lo señaló como el punto de partida para la propulsión avanzada de campo.
La explicación oficial siempre ha sido el simple «viento iónico» (aire ionizado que empuja el dispositivo).
Sin embargo, el informe de la USAF contradice esta simplificación. De hecho, clasifica el Efecto Biefeld-Brown como un «candidato prometedor para la propulsión avanzada» y recomienda realizar experimentos específicos en alto vacío para eliminar la variable del aire, buscando la confirmación de una genuina interacción electromagnética con la inercia y la gravedad.
El documento es claro: si la teoría es correcta y se puede lograr la unificación de campos —la idea de que electromagnetismo y gravedad son manifestaciones de una misma fuerza—, entonces las cargas eléctricas podrían ser convertidas en masas.
El estudio no solo valida teorías marginales, sino que se sumerge en la física más exótica, analizando la Teoría de Kaluza-Klein que postula la existencia de una quinta dimensión (5-D) más allá del espacio-tiempo. Según el informe, al añadir esta dimensión, las ecuaciones permitirían manipular la inercia de un objeto.
En el texto también se lanza una afirmación sorprendente sobre el potencial energético de esta tecnología: si se establece la conexión correcta, la densidad de potencia disponible podría ser «10 órdenes de magnitud superior a los eventos nucleares».
Asimismo, el documento vincula indirectamente esta investigación con un programa de alto perfil de la época: la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), conocida popularmente como el programa Star Wars. La SDI fue un sistema de defensa antimisiles propuesto por el presidente Ronald Reagan en 1983 para usar tecnologías avanzadas (como láseres espaciales) para interceptar misiles nucleares soviéticos en pleno vuelo. El reporte señala que laboratorios clave como Los Álamos y Lawrence Livermore estaban desarrollando condensadores de alta densidad de energía, tecnología esencial para hacer viables tanto la SDI como la propulsión Biefeld-Brown.
La credibilidad del informe de la USAF se refuerza con el testimonio de Oke Shannon, físico nuclear retirado del Laboratorio Nacional de Los Álamos (LANL) y exgerente de proyectos especiales, quien fue entrevistado por Jay Anderson para su canal Project Unity. Shannon confirma que la investigación en estos campos continuó y que es «enteramente posible» que se desarrollaran dispositivos antigravitacionales.
El físico relata que los vehículos avanzados que operan en programas clasificados poseen características extremas tales como:
«Para el observador promedio, se verían exactamente como un OVNI», afirma el físico nuclear, advirtiendo sobre el peligro de que la narrativa actual de la «divulgación OVNI» esté alejando al público de la verdad sobre una tecnología terrestre operable, desarrollada en programas clasificados.
La existencia de este documento demuestra que, desde hace más de 30 años, el gobierno de EE.UU. ha estado persiguiendo activamente la tecnología de propulsión de campo que permite crear naves silenciosas que desafían la gravedad.
Esto no invalida la hipótesis de que objetos de origen no humano también visiten nuestro planeta. Más bien, complica la identificación. Ahora, la pregunta ya no es si el gobierno estadounidense ha investigado la antigravedad, sino: ¿Cuántos de los UAPs (Fenómenos Anómalos No Identificados) que vemos hoy son prototipos humanos ultra-secretos, impulsados por la física exótica que revela el informe de 1990, y cuántos son de origen no humano?
El misterio se vuelve más profundo, pero también más tangible.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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