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Hasta la fecha, la astronomía ha catalogado cerca de 6.000 exoplanetas, pero la gran mayoría orbita alrededor de estrellas medianas y estables. Las estrellas de gran masa y temperatura han sido un territorio casi impenetrable para los métodos tradicionales de búsqueda de mundos distantes. Sin embargo, una innovadora técnica basada en las pulsaciones estelares acaba de abrir una ventana inédita al cosmos.

A pesar de que el exoplaneta probablemente sea un gigante gaseoso, sus lunas —de tenerlas— podrían ser habitables. Crédito: MysteryPlanet.com.ar.
Las estrellas de tipo A, más masivas y calientes que nuestro Sol, presentan importantes desafíos para la ciencia. Su luz cambia de brillo con frecuencia y sus líneas espectrales son anchas y poco definidas, lo que inutiliza técnicas clásicas como el tránsito fotométrico o la velocidad radial. Por suerte, un grupo particular de ellas, conocidas como «estrellas Delta Scuti», late con una regularidad tan precisa que pueden ser utilizadas como auténticos relojes cósmicos.
Cuando un planeta gira alrededor de una de estas estrellas, su atracción gravitatoria desplaza ligeramente al astro central. Este vaivén altera de forma periódica el tiempo exacto en el que llegan sus pulsaciones a la Tierra. Analizando estas sutiles variaciones temporales, los astrónomos pueden detectar mundos masivos con órbitas intermedias que antes resultaban invisibles.

De confirmarse, este sería el primer exoplaneta conocido en la zona habitable de una estrella tipo A, como HD 156295. En comparación, el Sol es una estrella tipo G. Crédito: Rursus/Wikimedia Commons/CC BY-SA 3.0.
Un equipo de investigación liderado por Logan Wilson, del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, aplicó este método tras examinar 16.440 estrellas Delta Scuti observadas por el satélite TESS de la NASA. Tras analizar los datos a un ritmo de alta cadencia, el grupo redujo la muestra a nueve sistemas prometedores que podrían albergar compañeros subestelares.
El hallazgo más destacado se encuentra alrededor de la estrella HD 156295. Los datos sugieren la presencia de un planeta con una masa equivalente a 6.3 veces la de Júpiter, con un periodo orbital de 2.200 días. Este gigante se ubica a unas 3.9 unidades astronómicas de su astro, justo en el borde exterior de su zona habitable. De confirmarse su existencia, HD 156295 se convertiría en la estrella más caliente conocida en albergar un exoplaneta en su franja templada.

Variaciones en los modos de pulsación principales (f1 y f2) de la estrella HD 156295. El patrón sinusoidal sugiere la presencia de un posible planeta con 6.3 masas de Júpiter ubicado en su zona habitable, a 3.9 unidades astronómicas. Crédito: Wilson et al. 2026.
Los otros ocho candidatos detectados concuerdan mejor con la naturaleza de las enanas marrones, cuerpos celestes a medio camino entre planetas gigantes y estrellas pequeñas. Seis de ellos se sitúan en una región orbital conocida como el «desierto de enanas marrones», un área donde este tipo de objetos suele ser escaso.

Propiedades de los nueve candidatos subestelares y sus estrellas anfitrionas en comparación con otros sistemas conocidos. El análisis de pulsaciones estelares permitió identificar estos objetos en órbitas intermedias alrededor de estrellas calientes de tipo A, un territorio antes inaccesible para los métodos tradicionales. Crédito: Wilson et al. 2026.
Este panorama, por ende, respalda las teorías que plantean que las estrellas más calientes forman compañeros a su alrededor con mayor facilidad.
A pesar de la relevancia del estudio, la comunidad científica mantiene una postura cauta. Los investigadores estiman que la probabilidad de que la señal planetaria en HD 156295 sea real supera por poco el 50 %, y los parámetros de los candidatos aún están sujetos a un amplio margen de incertidumbre. Sin embargo, a medida que arriben nuevos datos espaciales, la astronomía estará más cerca de confirmar si los latidos del corazón de estas estrellas han revelado una nueva familia de mundos celestes.
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