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Un equipo de arqueólogos que trabajaba en el yacimiento neolítico de Karahan Tepe, en el sur de Turquía, ha descubierto una escultura de la Edad de Piedra verdaderamente excepcional. Con aproximadamente 11.000 años de antigüedad, la pieza representa a una persona sentada sobre el lomo de un leopardo, una composición jamás observada hasta la fecha en los albores de la civilización.
La obra, que mide cerca de 70 centímetros de altura, fue localizada en el marco de las campañas del proyecto Patrimonio para el Futuro. La figura permanecía intacta en el mismo lugar donde fue depositada hace milenios: sobre una plataforma de piedra adosada a la pared de una estructura circular de tres metros de diámetro, cuyo suelo se encontraba meticulosamente pavimentado con losas planas.
El ministro de Cultura y Turismo de Turquía, Mehmet Nuri Ersoy, fue el encargado de hacer público el hallazgo, subrayando la técnica insólita de la pieza. El funcionario detalló que la obra posee «un estilo diferente a todo lo visto anteriormente» y manifestó su entusiasmo: «Creo que este descubrimiento, que abre la puerta a nuevas preguntas sobre los períodos más tempranos de la historia humana, tendrá un gran impacto en la comunidad científica».
Karahan Tepe figura entre los asentamientos permanentes más antiguos del planeta, erigido hacia el 9750 a. C. en la provincia de Şanlıurfa, muy cerca del emblemático complejo de Göbekli Tepe. Toda esta zona ha producido en los últimos años un enigmático repertorio de arte rupestre y estatuaria centrados en la figura masculina, la virilidad y el vínculo con bestias salvajes.
Para los investigadores, la postura de la persona sobre el gran felino aporta un giro inédito. El arqueólogo Jens Notroff, del Instituto Arqueológico Alemán, señaló que la pieza «parece ser una versión reflejada del tipo conocido de animal montado sobre un humano», del cual ya se conservaban algunos registros en la región, pero con el orden jerárquico invertido.
Notroff enfatizó además la carga simbólica que implicaba enfrentarse a semejante depredador en el entorno prehistórico. «Los leopardos eran felinos comunes en la región. Se trataba de animales peligrosos y vigorosos, por lo que representaban un reto exigente para los cazadores expertos. Eso probablemente añadió peso a su significado simbólico», explicó el especialista.
Esta manifestación artística no solo evidencia la destreza técnica de las primeras comunidades sedentarias, sino también su compleja cosmovisión sobre la autoridad. Según concluyó Notroff, «un individuo mostrado sin temor entre estos animales, o incluso pareciendo dominar a uno, podría interpretarse como un símbolo de poder y de control sobre esa fuerza salvaje».
Fuente: M.º de Cultura y Turismo. Edición: MP.
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