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Lo que un grupo de astrónomos vislumbró durante una breve observación de solo 36 minutos no se suponía que estuviera allí. Un instrumento experimental captó algo en la atmósfera de Venus que jamás se había registrado: vastos anillos concéntricos que rodeaban gran parte del lado diurno del planeta, completamente invisibles a la luz ordinaria pero evidentes al filtrarse mediante luz polarizada, como si Venus estuviera «vibrando» o resonando en el espacio.

Vastos anillos concéntricos de polarización a escala planetaria en la atmósfera de Venus. Crédito: Mahapatra et al., Planet. Sci. J., 2026.
El hallazgo se produjo de manera fortuita desde el telescopio William Herschel en La Palma, Canarias. Mientras esperaban que el cielo se oscureciera para otro estudio, los investigadores apuntaron hacia el brillante planeta vespertino utilizando el Polarímetro Extremo (ExPo), un dispositivo diseñado para bloquear la luz no polarizada y resaltar detalles atmosféricos sutiles mediante la dispersión de la luz solar en los gases.
Meses después, cuando el instrumento ya había sido desmontado para reutilizar sus piezas en otros proyectos, los científicos descubrieron la extraña señal en los datos. En un principio se sospechó de un fallo instrumental o un error de digitalización, pero el patrón resistió cada prueba técnica a la que fue sometido.
«Es bastante frustrante tener observaciones potencialmente únicas que no se pueden confirmar», explicó Gourav Mahapatra, físico atmosférico de la Universidad Tecnológica de Delft y autor principal del estudio publicado en The Planetary Science Journal.

La luz polarizada observada a través de seis filtros diferentes. Crédito: Mahapatra et al., Planet. Sci. J., 2026.
«Al final concluimos que el enfoque científico correcto no era esperar hasta poder probar la interpretación a partir de un conjunto de datos que no se puede repetir. Era publicar exactamente lo que teníamos, explicar las limitaciones con mucha claridad, demostrar que la interpretación atmosférica es físicamente plausible y permitir que la comunidad en general la ponga a prueba», añadió.
Para resolver el enigma, los investigadores recurrieron a sofisticadas simulaciones por computadora. Descubrieron que variaciones del 5 % al 10 % en la densidad del gas de la alta atmósfera, provocadas por ondas de gravedad atmosféricas, eran capaces de generar exactamente el mismo patrón de anillos polarizados observado en los datos, manteniendo la refracción de luz total completamente inalterada.
Estas ondas atmosféricas, similares a las olas que se propagan al arrojar una piedra a un estanque, se desplazarían por miles de kilómetros impulsadas por el calentamiento solar. Si se confirma su existencia, los científicos creen que podrían ser la clave para desentrañar la misteriosa «superrotación» de Venus, un fenómeno por el cual los vientos huracanados dan la vuelta completa al planeta en apenas cuatro días terrestres, a pesar de que el cuerpo sólido tarda 243 días en rotar sobre su propio eje.

Los anillos aparecieron en las simulaciones de transferencia radiativa (izquierda), pero se vuelven borrosos (paneles de la derecha) a medida que la luz pasa a través de la atmósfera terrestre. Crédito: Mahapatra et al., Planet. Sci. J., 2026.
«Si se confirman, creo que el resultado más importante sería la evidencia de que la actividad de ondas a gran escala puede producir estructuras de densidad coherentes en regiones enormes de la alta atmósfera de Venus», afirmó Mahapatra. «Eso es apasionante porque estas ondas transportan energía a través del planeta. Dichos procesos podrían ser fundamentales para entender uno de los grandes misterios venusinos».
El estudio de estos fenómenos no solo promete arrojar luz sobre nuestro vecino planetario, sino también sobre la propia dinámica de la Tierra, ya que ambos cuerpos comparten las mismas leyes físicas fundamentales bajo composiciones y temperaturas distintas.

La dirección y el grado de polarización, indicados por la orientación y longitud de las líneas rojas. Crédito: Mahapatra et al., Planet. Sci. J., 2026.
«No consideramos nuestras observaciones como evidencia de un tipo de física atmosférica completamente desconocida, sino potencialmente como una nueva forma de observar una dinámica atmosférica sobre la cual ya tenemos indicios sugerentes por mediciones de naves espaciales», subrayó el investigador. «Comprender mejor a Venus también ayuda a entender mejor a la Tierra».
Aunque el instrumento ExPo ya no está operativo, el equipo confía en que la nueva generación de polarímetros terrestres y futuras misiones espaciales apunten de nuevo sus lentes hacia el planeta para confirmar si estos anillos gigantescos son una característica permanente en sus ardientes cielos.
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