Desde que el telescopio ATLAS en Chile detectó al visitante interestelar 3I/ATLAS el 1 de julio de 2025, la ciencia ha intentado descifrar si nos encontramos ante un simple cometa o algo mucho más inquietante. Mientras la mayoría de los astrónomos debaten sobre el origen de sus anomalías, el investigador y escritor Andrew Collins ha propuesto una hipótesis que desafía nuestra realidad: 3I/ATLAS podría ser un «cometa dirigido», una entidad sintiente que está utilizando las matemáticas para confirmar su presencia ante nosotros.

Descubren una misteriosa sincronización entre el visitante interestelar 3I/ATLAS y la rotación de la Tierra

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

La base de esta teoría radica en una sincronización matemática casi perfecta entre el ciclo de luz del cometa y la rotación de nuestro planeta, un hallazgo que el investigador británico denomina una «firma de inteligencia».

144 segundos

Para el ojo inexperto, el ciclo de variabilidad lumínica de 16.16 horas del cometa es solo un dato técnico. Sin embargo, Collins desglosa esta cifra para revelar un lenguaje oculto basado en fracciones.

Al convertir 16.16 horas en una fracción decimal, obtenemos 16 horas y 4/25 de hora (ya que 0.16 es igual a 16/100, simplificado a 4/25). Si transformamos todo ese tiempo a una «fracción impropia», el resultado es 404/25. Esto significa que el ciclo completo del cometa se puede dividir exactamente en 404 unidades, donde cada unidad es la veinticincoava parte de una hora.

Lo fascinante surge al calcular el valor de esa unidad: la veinticincoava parte de una hora (3.600 segundos dividido entre 25) da exactamente 144 segundos. Collins señala que esta no es una cifra cualquiera, pues al aplicarla a la Tierra, la sincronía es total. Nuestro día de 24 horas contiene exactamente 600 unidades de 144 segundos. Así, el cometa y la Tierra parecen estar «bailando» en una proporción matemática de 404:600.

Una huella digital en las civilizaciones antiguas

Esta unidad de 144 segundos no es un invento moderno, sino que aparece como un hilo conductor en la historia de la humanidad. En la antigua China, el tiempo no se medía solo en horas, sino en unidades llamadas . El llamado « menor» medía exactamente 144 segundos, y era la base de un sistema que dividía el día en 600 partes iguales. Este conocimiento permitía a los antiguos astrónomos orientales rastrear ciclos celestes con una precisión asombrosa, integrando el ritmo del cielo con el de la vida cotidiana.

Cruzando hacia la India, encontramos que las tradiciones védicas y yóguicas también veneraban esta medida bajo el nombre de kāla. Según Collins, los textos antiguos vinculan los 144 segundos con el proceso de meditación profunda o Dhyana. Se dice que sostener la mente en un solo punto por doce intervalos de doce segundos permite alcanzar este estado elevado. Así, la cifra de 144 segundos se convierte en un puente entre la conciencia humana y el orden del universo, sugiriendo que el tiempo tiene una estructura sagrada.

La antigua unidad china de medida del tiempo conocida como fēn (分) se muestra aquí en su relación con el día de 24 horas, con 600 unidades por cada décima parte del día, lo que suma un total de 6.000. En algunas tradiciones, el fēn constituía la 1/600ª parte de un día, lo que otorgaba a cada unidad una duración de 144 segundos. Asimismo, cabe destacar que cada ángulo interno de un polígono de 10 lados (decágono) es de 144 grados, sumando un total de 1.440 grados. Crédito: A. Collins.

Por otro lado, los mayas de Centroamérica llevaron esta matemática a una escala colosal con su sistema de Cuenta Larga. Su unidad de tiempo más famosa, el Baktun, equivale a 144.000 días.

Esta recurrencia del número 144 en culturas separadas por océanos sugiere, para Collins, una raíz común en un pasado remoto que entendía el tiempo de forma «fractal». Es como si el cometa 3I/ATLAS estuviera emitiendo en una frecuencia que nuestros antepasados ya habían identificado como fundamental.

Resonancia en la piedra: De Stonehenge al espacio

La conexión no termina en los calendarios, sino que llega hasta la arquitectura sagrada. El autor británico menciona que en el sitio de Stonehenge, en Inglaterra, la medida de 144 pies es fundamental para entender la acústica del monumento. Esta distancia genera armónicos musicales que vibran en el rango de los infrasonidos, frecuencias que el oído humano no percibe pero que el cuerpo siente como una vibración profunda.

Stonehenge.

Investigaciones en el sitio han revelado que el diseño de las piedras permitía que sonidos específicos resonaran con una longitud de onda vinculada directamente a este número. Que un cometa interestelar utilice el mismo código numérico que los constructores de megalitos y los astrónomos mayas refuerza la idea de Collins de que existe un sistema de «fractalización cósmica» que rige tanto la materia como el tiempo.

El enigma del 196 y la «anti-simetría»

Al comparar los dos ciclos, surge un residuo matemático asombroso: la diferencia entre las 600 unidades de la Tierra y las 404 del cometa es 196. Este número tiene propiedades únicas en la informática y la física:

  • 404: Es un número palíndromo (se lee igual al derecho y al revés).
  • 196: Es el principal candidato a «número de Lychrel», un número que «se niega» a convertirse en palíndromo por más que se procese matemáticamente.

Esta singular combinación de simetría (404) y asimetría (196) parece actuar como una «baliza digital», una especie de etiqueta diseñada específicamente para ser reconocida por inteligencias artificiales o sistemas avanzados que busquen señales de origen no natural.

A la izquierda, 3I/ATLAS (crédito: David Jewitt/Jane Luu/UCLA); a la derecha, la Tierra (crédito: NASA/PD-USGov).

El despertar de un cometa dirigido

La hipótesis culmina con una visión asombrosa sobre la naturaleza de 3I/ATLAS. Collins propone que su inteligencia reside en un estado de plasma que solo se activa al recibir la energía de una estrella. Al entrar en nuestro sistema solar, el objeto «despertaría» de un sueño criogénico de millones de años para cumplir una misión: sembrar vida (ya se han detectado moléculas orgánicas en él) y transmitir datos.

Incluso la famosa señal Wow! captada en 1977 entra en esta narrativa. Aquella señal duró 72 segundos, exactamente la mitad de 144, y provino de la zona donde el cometa podría haber estado hace décadas. Para el investigador, cada dato, desde la rotación hasta las señales de radio, apunta a que 3I/ATLAS nos está invitando a mirar más allá de lo que creemos saber sobre el universo.

La señal Wow!, que se detectó en las coordenadas RA=19h25m=291° y Dec=-27°, parece coincidir de manera sorprendente con la ubicación de 3I/ATLAS en ese momento (RA=19h40m=295° y Dec=-19°), cuando el cometa estaba a unos 600 UA de la Tierra, a solo 4 grados de diferencia en ascensión recta y 8 grados en declinación. Según Avi Loeb, las probabilidades de que dos fuentes de señal se alineen de esta manera por azar son solo del 0.6 %.

«Incluso con el reciente ajuste de su rotación a 15.48 horas, el patrón persiste: este nuevo ciclo equivale a 387 unidades de 144 segundos, un número que resuena con los grandes ciclos cósmicos de la India antigua», concluye Collins. «Parece que, sin importar cuánto midamos, el visitante interestelar se niega a abandonar su código matemático».

Por MysteryPlanet.com.ar.

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