Un nuevo estudio revela que los humanos poseen una sorprendente habilidad sensorial, similar a la de algunas aves, que permite detectar objetos sin necesidad de contacto directo.

Descubren el «tacto remoto»: el séptimo sentido humano para detectar objetos ocultos

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Más allá de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, los científicos continúan descubriendo que las capacidades sensoriales humanas son mucho más amplias. La última incorporación a esta lista es lo que los investigadores han denominado un «séptimo sentido» de tacto remoto: la habilidad de detectar objetos sin llegar a tocarlos.

El hallazgo, realizado por investigadores de la Queen Mary University y el University College de Londres, revela una capacidad humana única que hasta ahora se pensaba relegada principalmente al reino animal.

La inspiración animal

Ciertas aves costeras, como los correlimos y los chorlitos, poseen una forma interna de «tacto remoto» que les permite detectar presas ocultas bajo la arena. Estas criaturas pueden sentir objetos en medios granulares gracias a las señales mecánicas que reciben a través de dicho medio.

«Es la primera vez que el tacto remoto se estudia en humanos», afirmó Elisabetta Versace, profesora de psicología en la Queen Mary University de Londres y líder del experimento. Según Versace, este hallazgo «cambia nuestra concepción del mundo perceptivo (lo que se llama el “campo receptivo”) en los seres vivos, incluidos los humanos».

Para probar esta habilidad, la investigación se centró en dos enfoques paralelos. Por un lado, un estudio humano probó la sensibilidad de las yemas de los dedos de los participantes para detectar señales táctiles de un cubo enterrado bajo arena, antes de que llegaran a tocarlo. Simultáneamente, otro experimento utilizó un brazo robótico equipado con sensores táctiles y un modelo de inteligencia artificial (LSTM) para intentar detectar el mismo objeto.

Humanos superan a los robots

Los resultados, presentados en la Conferencia Internacional IEEE sobre Desarrollo y Aprendizaje (ICDL), fueron sorprendentes. Se descubrió que los participantes humanos podían detectar el cubo oculto bajo la arena antes de tocarlo, demostrando que las manos humanas son mucho más sensibles de lo que se esperaba.

Nuestra habilidad para percibir cambios minúsculos en la arena cerca de objetos enterrados parece estar mucho más desarrollada de lo que se pensaba, acercándose a los límites físicos de la detección.

Ciertas aves costeras, como los correlimos (foto) y los chorlitos, poseen una forma interna de «tacto remoto» que les permite detectar presas ocultas bajo la arena.

Pero, ¿pueden los robots hacerlo mejor? Para sorpresa de los investigadores, los humanos superaron al robot en los experimentos en aproximadamente un 30 %. Mientras que los humanos alcanzaron una precisión del 70.7 %, el robot, a pesar de estar entrenado para igualar el rendimiento humano, produjo numerosos falsos positivos, logrando solo un 40 % de precisión general.

Implicaciones: de la arqueología a Marte

Este descubrimiento no es solo una curiosidad científica; tiene implicaciones significativas para la tecnología futura.

«El descubrimiento abre posibilidades para diseñar herramientas y tecnologías de asistencia que amplíen la percepción táctil humana», explicó Zhengqi Chen, estudiante de doctorado del Laboratorio de Robótica Avanzada de la Queen Mary University.

Chen sugiere que estos conocimientos podrían impulsar el desarrollo de robots avanzados capaces de operaciones delicadas, como «localizar artefactos arqueológicos sin dañarlos, o explorar terrenos arenosos o granulares, incluido el suelo marciano o los fondos oceánicos».

«En términos más generales, esta investigación allana el camino para sistemas basados en el tacto que hagan que la exploración oculta o peligrosa sea más segura, inteligente y eficaz», añadió.

Una colaboración clave

Lorenzo Jamone, profesor asociado de Robótica e IA en el University College London, destacó la sinergia entre las dos partes del estudio.

«Lo que hace que esta investigación sea especialmente emocionante es cómo los estudios humanos y robóticos se informaron mutuamente», dijo el profesor. «Los experimentos humanos guiaron el enfoque de aprendizaje del robot, y el rendimiento del robot proporcionó nuevas perspectivas para interpretar los datos humanos».

Jamone concluyó que es un «gran ejemplo de cómo la psicología, la robótica y la inteligencia artificial pueden unirse», demostrando que la colaboración multidisciplinar puede impulsar tanto descubrimientos fundamentales como innovación tecnológica.

El estudio completo se publicó en IEEE Explore.

Fuente: IEEE/TD. Edición: MP.

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