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El reciente estreno mundial de Disclosure Day, la última película de Steven Spielberg, ha reavivado una de las sospechas más antiguas de la ufología: el estrecho vínculo entre Hollywood y el gobierno estadounidense. Aunque esta relación de trasfondo no es ninguna novedad, algunos de los escandalosos detalles detrás de este plan de «aclimatación» acaban de salir a la luz.
Durante décadas se ha asumido que agencias de inteligencia como la CIA o la Oficina de Inteligencia Naval (ONI) han intentado moldear la narrativa cinematográfica sobre los OVNIs para ocultar verdades a plena vista. Sin embargo, los pormenores específicos que acaban de revelar Bryce Zabel y Brent Friedman, creadores de la clásica serie Dark Skies, aportan datos inéditos sobre cómo opera este sutil programa de desclasificación por goteo.
Según relataron Zabel y Friedman en una entrevista con Jesse Michels, su interacción con el tema comenzó la misma noche del estreno de su serie en 1996. Un presunto agente de la ONI se infiltró en la fiesta de lanzamiento demostrando un conocimiento exacto del episodio piloto antes de su emisión. En ese momento, les propuso un trato inusual: acceso a información clasificada del gobierno a cambio de permitir que la agencia supervisara y orientara el contenido de sus futuros episodios.

Bryce Zabel (izquierda) y Brent Friedman durante la entrevista con Jesse Michels (ver completa más abajo).
El punto más desconcertante ocurrió cuando este agente tomó un trozo de papel, escribió una fórmula matemática y se la entregó a los creadores. La entrega vino acompañada de una orden estricta: «Guarden esto en una caja de seguridad durante 10 o 15 años». Al preguntarle qué significaba, el hombre respondió de forma enigmática que se trataba de «sonido, luz y frecuencia; los secretos del universo».
Justo quince años después, en 2012, Friedman rastreó la frase y descubrió con asombro un impacto exacto en un informe técnico alojado en el propio servidor del CERN. El documento técnico detallaba un proyecto tan real como asombroso: la sonidificación de la partícula de Dios, un proceso científico para convertir los datos del bosón de Higgs en ondas sonoras.
Pero mucho antes de que los guionistas desentrañaran este misterio tecnológico, la presión de los agentes en aquel momento continuó su curso. Apenas una semana después de ese primer encuentro, el individuo regresó a las oficinas de producción acompañado por un superior con apariencia militar. En esa reunión, los oficiales afirmaron rotundamente que el control de las inteligencias no humanas sobre los humanos se realiza mediante implantes tecnológicos y no por vías biológicas.
Para intentar validar su testimonio, colocaron sobre la mesa un vial con copos dorados flotantes, insinuando que se trataba de recursos obtenidos de la minería en la Luna. La relación se rompió por completo cuando los agentes exigieron una reunión a medianoche en un cementerio con un almirante, una propuesta que los productores rechazaron por sospechar una trampa mortal.
Si bien siempre se ha sospechado del trasfondo gubernamental en las producciones de Steven Spielberg —algo que encaja perfectamente con el tono de su nuevo film—, la gran novedad es la confirmación indirecta que el cineasta Tobe Hooper le hizo a Friedman. Hooper reveló que Spielberg recibió exactamente la misma propuesta de la Inteligencia Naval justo después del éxito de Tiburón.
A diferencia de los creadores de Dark Skies, Spielberg aceptó el trato. Esto le otorgó acceso exclusivo a expedientes oficiales clasificados de casos reales que terminaron inspirando y sirviendo de base para clásicos imperecederos como Encuentros cercanos del tercer tipo y E.T., el extraterrestre.
Las ramificaciones políticas de estos detalles conectan directamente con las esferas más altas del poder en Washington. En 1981, John Herrington —quien luego se desempeñaría como secretario de energía durante la administración de Ronald Reagan— le confesó en privado a su entonces vecino Brent Friedman que los extraterrestres son reales. Añadió de primera mano que él mismo los había visto y que el gobierno sostiene una masiva campaña de propaganda y encubrimiento para evitar un colapso económico mundial.
Según revelaron en la entrevista con Michels, el dato de máxima actualidad es que el denunciante del Pentágono, David Grusch, junto con el periodista de investigación Ross Coulthart, están presionando activamente para que Herrington, quien hoy tiene 87 años, preste testimonio bajo juramento ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes. Se trata de una pieza clave sobre la historia oral del fenómeno que el poder político ha intentado bloquear —incluso deteniendo un intento previo del senador Marco Rubio—, pero que ahora amenaza con salir a la luz de forma definitiva.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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