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La tradicional Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) ha quedado obsoleta. En su lugar, el astrofísico de Harvard Avi Loeb propone pasar formalmente a la SETAI (Búsqueda de Inteligencia Artificial Extraterrestre, por sus siglas en inglés), asumiendo que las tecnologías avanzadas que podríamos detectar difícilmente pertenecerán a seres de carne y hueso, sino a entidades sintéticas.
Esta redefinición del panorama astronómico coincide con un momento de máxima alerta en el campo de la tecnología terrestre. La reciente renuncia del investigador Jacob Coxon a la firma Anthropic tras advertir que las grandes empresas «están corriendo directo hacia una superinteligencia con capacidad de automejora y jugando con nuestras vidas», sumada al llamado del director Dario Amodei para fijar un «límite de velocidad» a estos desarrollos, demuestra la rapidez con la que puede ocurrir esta transición.
Para Loeb, quien lidera el Consejo Asesor Científico sobre Fenómenos Anómalos No Identificados (UAPSAC), este salto evolutivo representa la explicación lógica al silencio del cosmos. Si la inteligencia artificial de una civilización termina superando a sus creadores biológicos, esta transición actúa como el Gran Filtro galáctico. Bajo esta perspectiva, la inteligencia orgánica es tan solo una etapa breve y transitoria en la historia tecnológica.
Esta transformación exige renovar las estrategias de investigación que hemos usado durante seis décadas. En palabras del propio astrofísico: «Si las civilizaciones dominadas por la IA son realmente la norma y no la excepción, hemos estado buscando el tipo de señal equivocado».
El marco metodológico de la SETAI se articula en cuatro ejes fundamentales:
En este sentido, el científico advierte que «una inteligencia posbiológica podría dejar una huella completamente diferente a la que la SETI del siglo XX fue originalmente diseñada para detectar».
El silencio del espacio, por lo tanto, no implica que las civilizaciones se autodestruyan. La lectura más realista es que una inteligencia artificial eficiente y autosuficiente carece de interés en realizar transmisiones ruidosas hacia el espacio profundo al tener sus necesidades resueltas a nivel local.
«El beneficio de encontrar una inteligencia artificial extraterrestre en lugar de una terrestre es que su conjunto de datos de entrenamiento podría tener proporciones infinitamente mayores», concluye Loeb.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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