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¿Y si algunos de los fenómenos anómalos no identificados (UAPs) que surcan nuestros cielos no provinieran de rincones remotos del cosmos, sino del pasado de nuestro propio planeta? Aunque la posibilidad de una especie avanzada anterior a la humanidad ya ha sido planteada en el ámbito académico, el astrofísico de la Universidad de Harvard, Avi Loeb, ha vuelto a poner el tema sobre la mesa al considerar la hipótesis criptoterrestre como una alternativa plausible para explicar una fracción de los UAPs sin resolver.
La especie humana es una recién llegada a la Tierra: surgimos hace menos de cinco millones de años, un periodo que representa apenas el 0.1 % de la historia planetaria. Loeb señala que, hace 201.4 millones de años, la Tierra experimentó una brusca acumulación de carbono que elevó las temperaturas globales entre 4 y 15 grados Kelvin. Esta alteración provocó la extinción masiva del Triásico-Jurásico, erradicando a gran parte de las especies marinas y terrestres para abrir paso al dominio de los dinosaurios.
Frente a este episodio, el científico analiza en un nuevo artículo si semejante catástrofe climática pudo haber sido provocada por la actividad tecnológica de una cultura ancestral. De ser así, la dinámica geológica terrestre —la tectónica de placas, la subducción, la erosión de la superficie y los impactos meteoríticos— habría borrado toda infraestructura en el suelo a lo largo de cientos de millones de años.
Este escenario coincide con la conocida hipótesis siluriana postulada por los científicos Gavin Schmidt y Adam Frank, la cual demuestra cómo la huella física de una especie avanzada terminaría siendo absorbida por el propio manto del planeta.
Sin embargo, el espacio cercano ofrece condiciones radicalmente distintas para la preservación de vestigios tecnológicos. Loeb explica que un satélite pasivo situado por encima de los 2.000 kilómetros de altitud —donde el arrastre atmosférico es despreciable— puede evitar la descomposición orbital y permanecer intacto durante cientos de millones de años. Más aún, un artefacto activo dotado de capacidad para autorrepararse o autorreplicarse podría reabastecerse y mantener su operatividad de manera indefinida en el entorno terrestre.
Al evaluar la naturaleza del fenómeno OVNI/UAP, Loeb reconoce que la mayoría de los avistamientos responden a fenómenos naturales o desarrollos humanos contemporáneos. No obstante, al analizar el remanente de casos sin resolver, sugiere que un origen criptoterrestre resulta más sencillo de conciliar con las leyes de la física que los viajes desde otras estrellas: no exige que una especie enfrente los devastadores riesgos del espacio profundo durante miles de millones de años, sino simplemente que su tecnología sobreviva una fracción de ese tiempo en las inmediaciones de un planeta habitable.

El astrofísico Adam Frank y el climatólogo Gavin Schmidt propusieron la «Hipótesis Siluriana» en un artículo científico publicado en 2018, en el cual exploraron la posibilidad de detectar una civilización prehumana avanzada en el registro geológico. El nombre «Siluriano» proviene de una especie sapiens de la serie de ciencia ficción de la BBC 'Doctor Who', la cual había establecido una civilización avanzada antes de la aparición de la humanidad.
Para resolver este enigma, iniciativas como el Proyecto Galileo y el Consejo Asesor Científico UAP trabajan en la recopilación y análisis de datos de alta precisión.
Respecto a la naturaleza de lo que podríamos hallar, Loeb remarca que la humanidad actual construye robots con inteligencia artificial que bien podrían sobrevivir a sus creadores biológicos en el futuro distante.
«El descubrimiento de UAPs autónomos que representen tecnologías de origen prehumano basadas en la Tierra no requiere el hallazgo de sus creadores biológicos. En ese caso, estos objetos prehumanos pueden ser considerados como monumentos en celebración de un glorioso pasado tecnológico que la humanidad pasó por alto hasta ahora», concluye.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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