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Un hueso recolectado por un geólogo del British Antarctic Survey (BAS) hace casi cuarenta años ha sido descrito formalmente como el primer fósil de dinosaurio jamás encontrado en el continente blanco.

Esta es la primera evidencia de dinosaurios jamás recolectada en la Antártida. Crédito: British Antarctic Survey.
La vértebra fue descubierta por el doctor Mike Thomson en 1985, durante una expedición a la isla James Ross, en la península antártica. El objetivo de aquel viaje era cartografiar las capas de roca para ayudar a futuros expertos a datar hallazgos. En ese momento, Thomson lo registró simplemente como el resto de un gran reptil, sin imaginar que se trataba de un hito histórico.
El doctor Mark Evans, paleontólogo y director de las colecciones geológicas del BAS, relató cómo se originó el redescubrimiento: «Este fósil fue encontrado por el doctor Mike Thomson, uno de los verdaderos pioneros de la geología antártica. Su trabajo nos ayuda hoy en día a datar todos los hallazgos de fósiles en la región. Cuando vi por primera vez este hueso en nuestras colecciones hace unos años, sospeché que era un dinosaurio. Después de examinarlo adecuadamente, pensé que probablemente se trataba de una vértebra de la cola de un titanosaurio. Al revisar los cuadernos de notas de Mike, vi que él sabía que era un reptil grande, por lo que es muy especial confirmar su hallazgo 40 años después».

Dos ángulos diferentes del fósil de dinosaurio antártico. Crédito: Barrett et al. 2026/Museo de Historia Natural.
Los análisis determinaron que el fósil perteneció al grupo de los Titanosauria, una familia que incluye a los animales más colosales que alguna vez caminaron sobre la Tierra, cuyos pesos superaban habitualmente las 15 toneladas. No obstante, se estima que este ejemplar en particular era un espécimen menor, con una longitud de entre seis y siete metros.
La vértebra fue localizada en la Formación Santa Marta, una capa de roca marina que data del Cretácico Superior, hace unos 82 millones de años. Se trata del único resto de dinosaurio descubierto en esta formación específica. Los científicos sugieren que, tras morir, el cuerpo del animal flotó a la deriva en el océano antes de hundirse, quedar sepultado y finalmente fosilizarse en el lecho marino.
Este hallazgo aporta una pieza clave para comprender cómo se propagaron estos gigantes por el hemisferio sur. El profesor Paul Barrett, investigador del Museo de Historia Natural de Londres, destacó la relevancia de la confirmación: «El descubrimiento arroja más luz sobre cómo se extendieron los dinosaurios por los continentes del sur. Hasta la fecha no se han encontrado titanosaurios en Australia y solo hay pruebas limitadas de ellos en Nueva Zelanda. La confirmación de su presencia en la Antártida hace muy probable que viajaran hacia esas regiones que entonces estaban conectadas».
En la época en que este dinosaurio vivía, el panorama de la Antártida era radicalmente opuesto al actual. Lejos del hielo eterno que conocemos hoy, el territorio estaba cubierto por frondosos bosques templados y gozaba de un ambiente cálido, impulsado por una intensa actividad volcánica que liberaba grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera.
Aunque la Antártida posee el registro de dinosaurios más escaso del planeta debido a su impenetrable cubierta de hielo, los investigadores están convencidos de que el suelo oculto guarda muchos más secretos. A medida que los glaciares retroceden, la evidencia de esta antigua biodiversidad comienza a salir a la luz.
El estudio científico detallado ha sido publicado oficialmente en la prestigiosa revista Acta Palaeontologica Polonica.
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