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A principios de este mes, un meteoro explotó sobre Alemania, y esta semana una potente bola de fuego hizo lo propio en los cielos de Ohio, en Estados Unidos. En ambos casos, el fenómeno despertó una fiebre inmediata: vecinos y aficionados salieron en busca de fragmentos espaciales. Sin embargo, surge la pregunta inevitable: ¿cómo distinguirlos de una roca terrestre?
El evento más reciente en Ohio involucró un asteroide de unas siete toneladas que entró en la atmósfera a 64.000 kilómetros por hora. Al fragmentarse, liberó una energía equivalente a 250 toneladas de TNT, lo que generó ondas de choque capaces de sacudir edificios. Aunque la mayor parte del objeto se desintegra por el calor, pequeños fragmentos suelen sobrevivir y caer en áreas específicas.
Randy Korotev, geoquímico lunar, explica que la gran mayoría de los hallazgos suelen ser simples piedras terrestres. Por ello, a menos que el objeto haya atravesado el techo de su casa —como ocurrió recientemente en Alemania—, conviene verificar si cumple con los siguientes rasgos distintivos:
Si encuentras una roca sospechosa, la primera regla es no tocarla directamente con las manos. Los aceites y microbios de la piel pueden degradar la superficie, contaminar el material y acelerar procesos de oxidación.
Lo ideal es utilizar guantes limpios, pinzas o, en su defecto, un trozo de papel de aluminio nuevo para recogerlo. Debe envolverse en el aluminio y colocarse dentro de una bolsa con cierre hermético (tipo zip-lock). Para una conservación óptima, se recomienda incluir un pequeño paquete desecante para combatir la humedad ambiental.
Para una verificación oficial, los fragmentos deben enviarse a instituciones especializadas, como museos de ciencias naturales, departamentos de geología de universidades prestigiosas o laboratorios certificados por la Meteoritical Society. Estas entidades realizan análisis químicos y petrográficos para confirmar el origen extraterrestre.
En cuanto a su valor, el mercado de meteoritos es amplio. Los fragmentos comunes pueden valer desde unos pocos dólares por gramo, pero aquellos que provienen de Marte, la Luna o que poseen una composición rara pueden alcanzar precios astronómicos, superando incluso el valor del oro.
Más allá del beneficio económico, los investigadores suelen ofrecer créditos científicos a quienes donan fragmentos para estudio, ya que cada pieza es una cápsula del tiempo que ayuda a descifrar los secretos de nuestro sistema solar.
Por MysteryPlanet.com.ar.
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