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Para el astrofísico de Harvard, Avi Loeb, la visita de 3I/ATLAS a nuestro sistema solar no es solo un hito astronómico, sino una «cita a ciegas» cósmica que plantea cuestiones inquietantes: ¿estamos preparados para futuros visitantes con tantas anomalías? ¿Qué pasaría si confirmáramos que uno de estos objetos interestelares no es de origen natural?

Imagen en falso color de 3I/ATLAS del 12 de diciembre de 2025, captada por el instrumento WFC3 UVIS (F350LP) del telescopio espacial Hubble, Crédito: NASA/ESA/STScI.
Descubierto el 1 de julio de 2025, 3I/ATLAS ha cruzado nuestro sistema solar a una velocidad que desafía la gravedad del Sol. Aunque alcanzó su punto más cercano a nosotros el pasado 29 de octubre, Loeb advierte que, de ser un cometa natural, no tendría nada de especial. Según sus cálculos, existirían cerca de un trillón de objetos similares solo en nuestro sistema solar, y una cifra astronómica de en toda la Vía Láctea.
Sin embargo, si 3I/ATLAS no fuera un objeto al azar como sugieren algunas de sus anomalías, sino uno que «apuntó» deliberadamente hacia el interior de nuestro sistema, estaríamos ante un hallazgo que requeriría una conexión emocional y científica sin precedentes. Por ello, el astrofísico propone un protocolo de defensa y estudio dividido en tres capas críticas de detección e intercepción. De esta manera, dejaríamos de depender de «citas a ciegas».
La infraestructura tecnológica sería la siguiente.
1. Vigilancia total con el Observatorio Rubin:
La primera fase depende de telescopios de sondeo de gran campo, como el Observatorio Vera C. Rubin en Chile. Este centro tiene la capacidad de mapear el cielo cada pocas noches, detectando cambios minúsculos en el brillo solar reflejado por objetos pequeños. Loeb enfatiza la necesidad de construir un «gemelo» de este observatorio en el hemisferio norte para garantizar una cobertura total del cielo.
2. Un telescopio en la Luna: El interferómetro óptico:
Una vez detectado un objeto sospechoso, el siguiente paso es verlo de cerca. La figura de Harvard propone un interferómetro óptico de 100 metros de largo ubicado en la superficie lunar. Al no tener atmósfera que distorsione la luz, este instrumento podría distinguir si un objeto de un kilómetro de diámetro es una roca volcánica natural o un artefacto fabricado con superficies artificiales y estructuras tecnológicas.

Imagen de 3I/ATLAS procesada con el filtro de gradiente Larson-Sekanina. El chorro prominente es una anticola dirigida hacia el Sol, hacia la esquina inferior izquierda. Crédito: Toni Scarmato.
3. Misiones de intercepción y la «Escala Loeb»
La fase final es la más ambiciosa: enviar una misión espacial interceptora. Dependiendo de lo que revelen las imágenes lunares, la misión tendría dos propósitos posibles:
Esta decisión se basaría en la Escala de Clasificación Loeb, un sistema diseñado para categorizar la naturaleza y el origen de los objetos interestelares.
Para Loeb, la importancia de 3I/ATLAS radica en que nos obliga a prepararnos.
«Después de muchos encuentros, tendremos una idea clara de lo que constituye una captura especial», afirma el astrofísico. «El objetivo final no es solo observar, sino encontrar ese “match” cósmico que confirme que no estamos solos en el universo».
Por MysteryPlanet.com.ar.
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