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Un equipo internacional de investigadores ha anunciado el hallazgo de Andrómeda XXXVI, una galaxia enana ultra débil que orbita como satélite a nuestra vecina galáctica. Este descubrimiento, logrado tras analizar los datos del sondeo Pan-Andromeda Archaeological Survey, ofrece una oportunidad invaluable para estudiar los restos de las primeras etapas del cosmos en nuestro propio barrio espacial.

Imagen combinada de OSIRIS+ de Andrómeda XXXVI (o And XXXVI) con un campo de visión de 7.8 × 7.8 minutos de arco. En el recuadro se muestra un acercamiento en color negativo. La sobredensidad se aprecia con claridad entre dos estrellas brillantes situadas en primer plano. El norte apunta hacia arriba y el este hacia la izquierda. Crédito: J.D. Sakowska et al., 2026.
Estas estructuras, conocidas como galaxias enanas ultra débiles, representan los objetos menos luminosos y más dominados por la materia oscura que se conocen hasta la fecha. Debido a que han experimentado una evolución química mínima desde su formación, los científicos las consideran auténticos fósiles espaciales que conservan información intacta sobre el universo primitivo.
La identificación de este objeto fue posible gracias a una estrecha colaboración entre el ámbito profesional y el amateur. El astrónomo aficionado Giuseppe Donatiello detectó inicialmente el rastro de la galaxia mediante una inspección visual meticulosa de imágenes públicas. Este avistamiento inicial permitió que, posteriormente, un equipo liderado por Joanna D. Sakowska, del Instituto de Astrofísica de Andalucía, tomara el relevo para confirmar la naturaleza del hallazgo.

Ubicación de Andrómeda XXXVI (marcada en rojo) dentro del sondeo Pan-Andromeda Archaeological Survey (PAndAS), situada a una distancia proyectada de aproximadamente 119 kpc de M31 (Andrómeda). Crédito: Giuseppe Donatiello.
Para validar el descubrimiento, se empleó la potencia del Gran Telescopio Canarias en el Observatorio del Roque de los Muchachos. El uso de esta tecnología avanzada permitió a los investigadores observar estrellas individuales dentro de Andrómeda XXXVI, logrando así determinar sus propiedades estructurales y su brillo con una precisión que los sistemas automatizados no habían alcanzado previamente.
Los análisis resultantes indican que la pequeña galaxia se sitúa a unos 2.53 millones de años luz de la Tierra y a unos 388.000 años luz de la galaxia de Andrómeda. Con una edad estimada de 12.500 millones de años, Andrómeda XXXVI se posiciona ahora como uno de los satélites más tenues y compactos detectados en el Grupo Local, aportando datos clave sobre la formación de estructuras a gran escala.

Imagen de And XXXVI a través de cuatro conjuntos de datos distintos. De izquierda a derecha: SDSS DR9, PanSTARRS DR1, CFHT (PAndAS) y GTC (el actual estudio). La sobredensidad es casi invisible en SDSS y PanSTARRS, y solo se hace evidente con el CFHT y el GTC. Crédito: J.D. Sakowska et al., 2026.
Este avance sugiere que el censo de satélites de nuestra vecina galáctica está todavía lejos de completarse, ya que se estima que podrían existir cerca de cien objetos similares en su entorno de los cuales solo conocemos la mitad. Por ello, el estudio reivindica que la capacidad analítica humana sigue siendo una herramienta fundamental que complementa a los algoritmos modernos en la búsqueda de los secretos mejor guardados del universo.
Como señalaron los propios investigadores al cierre de su trabajo: «El descubrimiento de Andromeda XXXVI resalta que la inspección visual sigue siendo muy complementaria a los enfoques automáticos y de aprendizaje automático. Ambos métodos en combinación continúan siendo cruciales para construir una imagen completa de Andrómeda».
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