Astrónomos han hallado una sedienta estrella en un sistema estelar binario situado a 3.000 años luz, en donde una pequeña estrella muerta está drenando el gas y material a su compañera, tal como si fuera un caso de vampirismo cósmico.

Este tipo de interacción es conocida como «nova enana», aunque usualmente recibe un nombre más popular: estrella vampiro. Consiste en un sistema binario donde una estrella pequeña, usualmente una enana blanca (el núcleo compacto de una estrella muerta de alrededor de la masa del Sol), vuelve a tener destellos de vida gracias al material que absorbe de su compañera mayor.

Pero en el caso de este sistema, la dinámica es aún más extraña: la compañera binaria es una enana marrón, un objeto que comenzó a formarse como estrella pero no pudo obtener suficiente masa como para desencadenar la fusión del hidrógeno en su núcleo. Estos objetos son conocidos por los astrónomos como «estrellas fallidas» y tienen una masa entre un planeta gigante gaseoso y una pequeña estrella.

Esta enana marrón en particular es 10 veces más masiva que la enana blanca con la que conforma el sistema binario.

El evento fue detectado en datos de archivo recolectados por Kepler en 2016. El telescopio espacial capturó la estrella brillando masivamente, pero los datos fueron archivados sin ser revisados. Pero esto cambió ahora, ya que un nuevo programa automatizado y destinado a escudriñar este tipo de información en busca de cambios inusuales en estrellas —eventos transitorios—, lo sacó del archivo y lo clasificó como un evento.

«El raro evento que hallamos era un súper destello proveniente de la nova enana, que puede ser catalogado como un sistema de estrella vampiro», explicó el astrónomo Ryan Ridden-Harper de la Universidad Nacional de Australia. «Los datos de Kepler revelan que, en un periodo de 30 días, la nova enana rápidamente se volvió 1.600 veces más brillante antes de opacarse y regresar a su brillo normal».

La excesiva luminosidad es generada por el material que gira alrededor de la enana blanca en un disco de acreción —el mismo proceso que ocurre a escala mayor alrededor de los agujeros negros supermasivos—. El giro del disco genera tal intensidad de calor a través de la fricción que es incandescente.

Este tipo de eventos son transitorios, ya que la estrella vampiro no se alimenta constantemente, sino que disminuye y aumenta su brillo en periodos. De hecho, una campaña de observación de Kepler de 2014 que sirvió como base al actual programa automatizado, no detectó el cambio de brillo en aquel entonces, pues la enana blanca no se estaba alimentando de su compañera en ese momento.

Un descubrimiento accidental

Las novas enanas son en sí mismas un evento bastante raro. Hasta ahora solo se han encontrado unas 100 de ellas. Curiosamente, y en cierto sentido, esta última fue hallada por casualidad, simplemente porque en el momento de la explosión, el observatorio Kepler estaba orientado en la dirección correcta.

Ridden-Harper dijo que este reciente hallazgo «aumenta las esperanzas de detectar eventos aún más raros, ocultos en los datos del Kepler». Su equipo planea ahora continuar extrayendo y estudiando datos de ese observatorio, así como de otro «cazador» de exoplanetas, el Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito (TESS).

Fuente: NASA/ScienceAlert.

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