Ocho máscaras hechas a partir de cráneos humanos fueron halladas en un templo de Tenochtitlan, México, hace tres décadas. El propósito y origen de las mismas había eludido a los expertos hasta ahora, pero un nuevo análisis arqueológico sugiere que las mórbidas máscaras fueron alguna vez las cabezas de guerreros caídos en batalla y miembros de la élite de la sociedad azteca.

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El Templo Mayor y el espacio físico donde se ubicaba, conocido como Recinto del Templo Mayor, fueron el centro absoluto de la vida religiosa mexica, esto es, la de los aztecas de México-Tenochtitlan. El templo estaba dedicado a Huitzilopochtli, el dios de la guerra y el sol, y los arqueólogos hallaron abundante evidencia de sacrificios humanos sucedidos allí, evidencia indiscutible de una práctica ritual esencial para la religión de los aztecas. Los sacrificios incluían decapitaciones y extracciones de corazón, arrojar gente al fuego, y peleas a muerte. No obstante, las «máscaras de calavera» son algo inusual, aún en el contexto de los sacrificios rituales.

Un grupo de antropólogos de la Universidad de Montana ha hecho un estudio detallado de las máscaras de calavera —presuntas ofrendas— para saber más acerca sus orígenes y creación.

Las máscaras en cuestión son «piezas decorativas fabricadas a partir de cráneos humanos que habrían sido usadas sobre el rostro o como parte de un tocado», escribe Corey Ragsdale, uno de los autores del estudio. «Los cráneos han sido modificados substancialmente para hacerlos objetos vistosos: la parte posterior ha sido removida, están decorados con tinturas, tienen incrustraciones en los ojos, y en lo que sería la nariz sobresalen hojas de sílex».

El bioarqueólogo Corey S. Ragsdale, autor principal del estudio.

El bioarqueólogo Corey S. Ragsdale, autor principal del estudio.

Los colegas de Ragsdale hallaron que todas las máscaras de calavera, sin excepción, estaban hechas de cráneos de hombres de entre 30 y 45 años de edad, y que ninguno de estos individuos presentaba señales de enfermedades dentales o desnutrición. Es decir, todos tenían una salud por sobre el promedio de la época para su cultura.

Al estudiar la forma de los dientes y compararla con la de otros grupos conocidos del área, Ragsdale fue capaz de demostrar que los hombres cuyos cráneos fueron utilizados para las máscaras provinieron de diferentes lugares: el Valle de Toluca, el Golfo de México, y otros pueblos aztecas del Valle de México. Esto fue verificado a través de un estudio isotópico aparte.

«Es probable que estos individuos fueran traídos a Tenochtitlan para ser sacrificados y “procesados”», dice Ragsdale.

Reconstrucción de una máscara-calavera junto con otras ofrendas en el Museo del Templo Mayor, México.

Reconstrucción de una máscara-calavera junto con otras ofrendas en el Museo del Templo Mayor, México.

Finalmente, se examinó el método de manufactura de las máscaras de calavera en busca de indicios adicionales. Los investigadores fueron capaces de reproducir experimentalmente los cortes y perforaciones en las calaveras por medio de herramientas de piedra disponibles en aquel tiempo. Cabe destacar que las marcas de los cortes en los cráneos eran muy similares a otras halladas en diferentes artefactos arqueológicos del Templo Mayor.

Al reunir todos los datos bioarqueológicos y experimentales resumidos en este artículo, el estudio publicado en Current Anthropology concluye que «las máscaras de calavera fueron creadas utilizando los cráneos de guerreros derrotados o nobles que fueron capturados al conquistar otros pueblos».

Una de las máscaras podría incluso pertenecer a los restos del rey de Tollocan, quien es conocido gracias a los registros históricos.

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 1 comentario
Comentarios
May 28, 2016
19:30
#1 mercedes viveros:

Buen tema, suponía que esa era la razón …

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