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En una acalorada entrevista concedida a Zanny Minton Beddoes, editora en jefe de The Economist, Elon Musk ofreció una visión tan fascinante como inquietante sobre el futuro inmediato de la inteligencia artificial.
Según el magnate, esta tecnología superará la suma de toda la inteligencia humana en aproximadamente cinco años, y para dentro de una década los seres humanos habrán perdido el control sobre estas arquitecturas cognitivas.
A pesar de estas proyecciones, Musk sostuvo un tono optimista respecto al impacto económico y social. Para el empresario, el escenario más probable no es un colapso tecnológico, sino la llegada de una «era de asombrosa abundancia» donde cualquier persona podrá acceder a lo que requiera, siempre y cuando la trayectoria no se vea interrumpida por una guerra termonuclear global u otro evento catastrófico.
Al abordar la pérdida del control humano, el fundador de xAI comparó la brecha intelectual futura con la que hoy existe entre nuestra especie y los chimpancés. A su juicio, cuando la diferencia de capacidad cognitiva sea tan abismal, resulta inverosímil pensar que los humanos continúen al mando. Ante la inminencia de esta transformación y la imposibilidad práctica de frenarla, admitió que su postura actual es pragmática: «disfrutar del viaje».
Musk también reflexionó sobre el rol indirecto que tuvo en la intensificación de la carrera tecnológica actual. Al haber cofundado OpenAI como un contrapeso de código abierto frente a Google, terminó provocando una reacción en cadena que llevó a la formación de firmas como Anthropic. «Todos los caminos parecen conducir a la aceleración de la IA», reconoció durante el encuentro.
En materia de regulación y seguridad, planteó una propuesta de supervisión cruzada entre laboratorios rivales antes del lanzamiento público de modelos avanzados. La iniciativa contempla que las empresas líderes mantengan reuniones periódicas y dispongan de un periodo de acceso anticipado —de una a dos semanas— para auditar las herramientas de sus competidores. Bajo este esquema, las compañías rivales tendrían el incentivo directo de detectar fallas de seguridad para «mantenerse honestas entre sí», dando intervención a los gobiernos únicamente si un riesgo no es corregido.
Finalmente, el magnate no esquivó la tensión con otras figuras clave del sector. Cuestionó con dureza a Sam Altman por haber transformado una iniciativa sin fines de lucro en una entidad comercial multimillonaria de código cerrado, mientras que elogió la integridad de Dario Amodei, líder de Anthropic. Pese a los desacuerdos públicos, aseguró estar dispuesto a cooperar: «Si tenemos que hablar, hablaremos. Dejaremos de lado nuestras diferencias personales por el bien del mundo».
Por MysteryPlanet.com.ar.
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