En un par de meses, el sistema solar será escenario de un evento que ha captado la atención de los astrónomos: el paso del objeto interestelar 3I/ATLAS cerca de Júpiter. Más allá de la observación rutinaria, Avi Loeb ha planteado una hipótesis audaz: este encuentro podría revelar si el objeto posee un origen artificial si, tras su paso, el gigante gaseoso adquiere un nuevo satélite.

Si 3I/ATLAS fuera un objeto artificial o uno natural modificado artificialmente, Júpiter sería el objetivo principal de estudio en nuestro sistema solar, ya que se trata del planeta más observable por la civilización que en teoría lo envió. Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Según los cálculos de trayectoria, el 16 de marzo de 2026, 3I/ATLAS se aproximará a 53.61 millones de kilómetros de Júpiter. Esta cifra es clave, ya que sitúa al objeto casi exactamente en el límite del radio de Hill (53.5 millones de km), la frontera donde la gravedad del gigante gaseoso empieza a dominar sobre la influencia del Sol.

Apenas un día después, el 17 de marzo, el objeto pasará a unos 30.46 millones de kilómetros de Eufeme, una luna joviana irregular de apenas 2 kilómetros de diámetro que pertenece al grupo de Ananke.

El cometa 3I/ATLAS fotografiado en la noche de Navidad de 2025 desde Corea del Sur. Crédito: 송주형.

En este contexto, Loeb sugiere que el esperado encuentro será una oportunidad única para buscar «tecnofirmas». Su argumento se basa en la física de una posible captura gravitacional:

  • Velocidad de encuentro: 3I/ATLAS se desplazará a una velocidad relativa de 66 kilómetros por segundo respecto a Júpiter.
  • El desafío de la captura: Para que un fragmento de este objeto quede orbitando el planeta, necesitaría un cambio de velocidad (una «patada») extremadamente preciso y potente que cancele su movimiento relativo.
  • El factor artificial: La fragmentación natural de un cometa o asteroide no podría generar un impulso de 66 km/s. Si tras el encuentro cósmico apareciera una «luna 96» orbitando Júpiter, el teórico de Harvard sostiene que esto no podría explicarse mediante procesos astrofísicos naturales, sino que requeriría un ajuste inteligente y dirigido.

«Un impulso de la magnitud y dirección necesarias para poner un fragmento en órbita es un resultado imposible para la ruptura de un cometa», argumenta Loeb, sugiriendo que tal evento constituiría una prueba de tecnología no humana.

Vigilancia en tiempo real

Aunque la idea del célebre científico estadounidense-israelí se mantiene en el terreno de la hipótesis especulativa, la comunidad astronómica utilizará este paso para estudiar la naturaleza de los objetos interestelares. El evento será monitorizado por la sonda Juno, que ya se encuentra en el sistema joviano, y por los telescopios terrestres de mayor envergadura.

El desenlace de este encuentro en marzo de 2026 determinará si Júpiter mantiene su familia actual de 95 lunas o si, como propone Loeb, el visitante interestelar nos deja una sorpresa difícil de explicar mediante la ciencia convencional.

Por MysteryPlanet.com.ar.

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