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El fenómeno meteorológico de El Niño se ha consolidado con una fuerza inusitada y promete intensificarse durante los próximos meses hasta alcanzar la categoría de «muy fuerte».
Según la última actualización de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), existe casi un 100 % de probabilidad de que este evento persista al menos hasta febrero de 2027. Esto eleva de manera dramática los riesgos de sequías, inundaciones y olas de calor extremo a escala global.
Las condiciones en el océano Pacífico tropical resultan verdaderamente anómalas. Las temperaturas en la superficie del agua en la región clave del fenómeno ya se ubican muy por encima de la media histórica, alcanzando anomalías de entre +2.2 °C y +2.6 °C a mediados de agosto.
No obstante, el dato más alarmante proviene de las profundidades marinas. En algunas zonas subsuperficiales se han registrado temperaturas superiores en más de 8 °C respecto a los valores normales, alimentando la fuerza del evento.
Ante la contundencia de las mediciones, las máximas autoridades de las Naciones Unidas han encendido las alarmas. «El Niño se está agigantando ante nuestros ojos. La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se encuentra en aguas desconocidas y esas aguas se están calentando», aseveró el secretario general de la ONU, António Guterres.
El diplomático advirtió además sobre la urgencia de la situación: «Las temperaturas continúan subiendo y el mundo está en la zona de peligro del clima extremo. La carrera ahora es entre los riesgos crecientes y nuestro compromiso de tomar medidas climáticas. Debemos ganar esa carrera».
Por su parte, Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, remarcó la gravedad del impacto socioeconómico que se avecina. «A pesar de su nombre, tiene el potencial de asestar un golpe enorme a las comunidades y economías de todo el mundo», señaló la funcionaria.
Saulo enfatizó que las consecuencias empiezan a sentirse a nivel global: «Ya estamos viendo perturbaciones y devastación por sequías e inundaciones, y esperamos que estos impactos aumenten a medida que El Niño se intensifique».

Pronósticos probabilísticos de la temperatura del aire en superficie y de las precipitaciones para la temporada de septiembre a noviembre de 2026. Crédito: Centro Líder de la OMM para la Predicción Estacional Conjunta Multimodelo.
Frente a este escenario inédito, el organismo ha lanzado la mayor movilización en sus 50 años de historia junto a los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales. «Este Niño excepcional exige una preparación y respuesta excepcionales. Nunca antes habíamos puesto en marcha una movilización tan importante», afirmó la titular de la OMM.
Asimismo, remarcó la necesidad imperiosa de actuar con rapidez para respaldar sectores clave como la agricultura, la salud, la energía y los recursos hídricos: «Estamos comprometidos a proporcionar la inteligencia climática necesaria para respaldar la gestión de desastres. No tenemos tiempo que perder».
Aunque El Niño es un fenómeno natural y no es causado por el cambio climático, su magnitud interactuará con otros patrones oceánicos. Los modelos globales anticipan una fase positiva en el dipolo del océano Índico y un Atlántico ecuatorial inusualmente cálido, lo que alterará las lluvias y temperaturas en distintas regiones.
El pico máximo de intensidad se alcanzará hacia finales de este año, pero sus repercusiones meteorológicas se extenderán durante todo 2027. Ante este panorama, los expertos insisten en la importancia de transformar las predicciones en acciones preventivas inmediatas.
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