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La vida en el universo podría abrirse camino en condiciones más extremas e inusuales de las que los científicos se han atrevido a imaginar.
Durante décadas, la astronomía se ha guiado por la regla de la «zona habitable»: ese anillo alrededor de una estrella donde las temperaturas permiten la existencia de agua líquida en la superficie. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en The Astrophysical Journal sostiene que este enfoque es demasiado restrictivo y podría estar dejándonos ciegos ante la presencia de civilizaciones o ecosistemas extraterrestres.
El astrofísico Amri Wandel, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, propone en su investigación que debemos mirar más allá de los límites clásicos. Según el autor, aunque el agua líquida es necesaria para los procesos bioquímicos esenciales para la vida, existen otros factores clave como las fuentes de energía química y la estabilidad ambiental que permiten la habitabilidad en mundos que antes considerábamos inhabitables.
El estudio se centra especialmente en los planetas con rotación sincrónica, aquellos bloqueados por marea que siempre muestran la misma cara a su estrella, tal como la Luna hace con la Tierra. Hasta hace poco, se pensaba que estos mundos eran hostiles: una mitad se cocía bajo un sol eterno mientras la otra se congelaba en una oscuridad perpetua.
«Inicialmente, esta configuración planteó preocupaciones sobre gradientes de temperatura extremos y el colapso atmosférico en el lado oscuro», explicó el astrofísico. Ahora, gracias al uso de modelos climáticos en 3D, su trabajo ha demostrado que el clima planetario es mucho más resistente de lo que sospechábamos.

Extensiones de la zona habitable (franja naranja) según la distancia del planeta a su estrella (eje horizontal) y la masa de esta (eje vertical). La diagonal azul marca el radio de rotación sincrónica. La elipse celeste muestra la extensión hacia el exterior, mientras que la roja indica la extensión hacia el interior para planetas bloqueados por marea. Crédito: J.F. Kasting et al. 1993. Edición: A. Wandel. The Astrophysical Journal, 2026.
Wandel descubrió que, si un planeta tiene una atmósfera con cierta densidad o un océano profundo, el calor se redistribuye de forma eficiente.
«Con suficiente presión atmosférica se pueden estabilizar las temperaturas y mantener condiciones habitables, incluso en el lado nocturno de planetas que orbitan peligrosamente cerca de sus estrellas», argumentó.
Esta nueva teoría no surge de la nada; tiene el respaldo de las observaciones más recientes del Webb. El telescopio espacial ha detectado vapor de agua en las atmósferas de supertierras cálidas que orbitan estrellas enanas de tipo M, situadas mucho más cerca de lo que dicta la zona habitable tradicional.

Límites de la zona habitable según el flujo de radiación recibido de la estrella. La franja verde marca los límites tradicionales, mientras que las líneas azules punteadas muestran la extensión hacia el interior. La línea violeta representa la extensión hacia el exterior (basada en lagos polares similares a los de Marte). La curva naranja indica el radio de bloqueo por marea. Los puntos azules señalan planetas de nuestro sistema solar y exoplanetas conocidos. Crédito: A. Wandel. The Astrophysical Journal, 2026.
«La detección de agua en tales planetas es intrigante, ya que uno dudaría de la supervivencia de la atmósfera y el agua bajo condiciones tan duras», señaló el investigador.
En este sentido, el hallazgo sugiere que la zona habitable debe «extenderse en ambas direcciones», tanto hacia el calor extremo de la estrella como hacia el frío profundo del espacio exterior.
El estudio sostiene que en planetas alejados de su sol, donde la superficie es un desierto congelado, el agua líquida puede sobrevivir bajo capas kilométricas de hielo gracias al calor interno del planeta.
Para Wandel, el ejemplo perfecto está en casa: los lagos subglaciales de la Antártida. Estos entornos terrestres, aislados del sol durante millones de años, albergan vida microbiana activa.
Al reevaluar los límites de dónde puede existir el agua, el nuevo estudio no solo cambia los libros de texto, sino que multiplica drásticamente los objetivos en nuestra búsqueda de otros seres vivos. La zona «Ricitos de Oro» ya no es un círculo estrecho, sino un mapa mucho más vasto y complejo que apenas estamos empezando a descifrar.
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