A diferencia de muchos políticos actuales, Winston Churchill tenía un gran interés por la ciencia. El redescubrimiento de un escrito que permaneció en el olvido por cerca de 40 años muestra que el político británico era un aficionado a estudiar temas de índole cosmológico y estaba completamente seguro que allí fuera existían otras civilizaciones y que la nuestra no era la más avanzada de todas.

«Yo, por mi parte, no estoy tan impresionado por el éxito que atribuimos a nuestra civilización aquí como para estar dispuesto a creer que somos el único lugar de este inmenso Universo que contiene vida y criaturas pensantes». Winston Churchill.

«Yo, por mi parte, no estoy tan impresionado por el éxito que atribuimos a nuestra civilización aquí como para estar dispuesto a creer que somos el único lugar de este inmenso Universo que contiene vida y criaturas pensantes». Winston Churchill.

Además de político, historiador y gran orador, Winston Churchill (1874-1965) sabía de ciencia. En un ensayo escrito meses antes de estallar la II Guerra Mundial y nunca publicado, el político británico habla de la inmensidad del espacio, de la existencia de millones de estrellas con sus planetas y de las condiciones que deberían cumplir para albergar vida. Su título, «¿Estamos solos en el Universo?» es toda una declaración de humildad humana a la vez que muestra el gran conocimiento que tenía Churchill de astronomía y astrofísica.

El ensayo, un documento mecanografiado de 11 páginas, «tiene un estilo accesible y fácil de leer ya que estaba pensado para ser publicado en un periódico», dice el astrofísico y escritor Mario Livio, una de las pocas personas que ha podido tenerlo en sus manos. Lo más probable es que fuera a publicarse en el dominical News of the World. Sin embargo, nunca llegó a los quioscos. El texto, conservado por el editor de los escritos de Churchill, Emery Reves, lo legó su mujer al Museo Nacional Churchill de EE.UU. en 1980. Desde entonces ha estado en un cajón hasta que, el año pasado, el director del museo se lo mostró a Livio.

«Con cientos de miles de nebulosas, cada una conteniendo miles de millones de soles, hay enormes probabilidades de que haya un número inmenso de ellas que tengan planetas cuya condiciones no harían imposible la vida». Winston Churchill.

«Con cientos de miles de nebulosas, cada una conteniendo miles de millones de soles, hay enormes probabilidades de que haya un número inmenso de ellas que tengan planetas cuya condiciones no harían imposible la vida». Winston Churchill.

«Su conocimiento del tema es bastante bueno, aunque no perfecto. Usó un modelo relativamente antiguo para la formación de planetas y no tenía una buena comprensión de la expansión cósmica, pero los pasos lógicos que sigue son los que se espera de un científico», explica Livio. «Incluso errando, Churchill demuestra estar al día de la astrofísica de su tiempo. Su idea de cómo se forman los planetas con el gas desprendido del encuentro entre dos estrellas era una teoría postulada por el astrofísico James Jeans y que tuvo su eco durante buena parte del siglo XX».

Errores aparte, el ensayo de Churchill sobre la existencia de vida más allá de la Tierra es un análisis muy agudo y válido para los conocimientos que se tenían entonces. Es más, la mayor parte de su contenido mantiene plena vigencia 80 años después. Así, su exposición parte de la necesidad de agua para que exista vida y el agua es una de las pistas que siguen los científicos que buscan vida hoy.

A pesar de su interés por el tema, Churchill ocultó información sobre los ovnis en la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de su interés por el tema, Churchill ocultó información sobre los ovnis en la Segunda Guerra Mundial.

Otro elemento clave, según escribía con acierto Churchill, era la capacidad del planeta de tener y retener su atmósfera, lo que implica la intervención de una fuerza de gravedad suficiente. Estas ideas, junto a las del agua y la distancia respecto de su estrella, son los rasgos que necesita cumplir lo que hoy se conoce como zona habitable, la región en la que debería estar un planeta para tener las condiciones necesarias para albergar vida. Por eso, Churchill solo incluye a Marte y Venus en esta región y descarta al resto de planetas del Sistema Solar por muy cálidos (Mercurio) o muy fríos y sus distintas lunas por la reducida gravedad.

Por la senda de la ciencia, Churchill llega a los exoplanetas. Aunque no usa ese concepto ni el de planetas extrasolares, tenía claro que ahí arriba hay millones de estrellas y afirma con humildad: «No soy tan vanidoso como para pensar que mi sol es el único con su familia de planetas». Esa misma lógica le lleva a pensar que muchos de ellos deben encontrarse en la zona habitable. Lo que le lleva a plantearse la pregunta que da título al ensayo.

«Le parecía imposible sostener que la Tierra fuera el único lugar del universo con vida», comenta Livio, que ha publicado en Nature su análisis sobre el ensayo. Sin embargo, lo de imaginar como sería esa vida se lo deja a los autores de ciencia ficción, «Churchill se limita a creer que hay otras civilizaciones inteligentes», añade el astrofísico estadounidense de origen israelí. Lo que sí dudaba, con cierto aire de melancolía, el que unos meses después tuviera que liderar a su país durante la II Guerra Mundial era que «seamos el tipo de desarrollo físico y mental más elevado que haya aparecido jamás en la vasta esfera del espacio y el tiempo».

Publicado el 15 de febrero de 2017 1 comentario
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 1 comentario
Comentarios
feb 16, 2017
17:06
#1 xxPabloxx:

Interesante su postura! , según parece después que comenzó la 2da guerra tuvo que compartir la culpa por el ocultamiento de información respecto de los ovnis al publico en general.

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