En 1960, el físico Freeman Dyson propuso la existencia de civilizaciones inteligentes avanzadas capaces de construir megaestructuras para envolver estrellas y usar su energía. Ahora, en un estudio de la Universidad Libre de Tbilisi, el profesor Zaza Osmanov ofrece una nueva perspectiva de por qué estas hipotéticas megastructuras de origen extraterrestre —cuyo indicio sería el oscurecimiento periódico de la estrella huésped— puedan ser una realidad aún no cotejada por la ciencia.

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Según el último estudio publicado en arxiv.org, titulado «¿Están los anillos de Dyson alrededor de púlsares detectables?», Osmanov extiende el problema de detectar las megastructuras extraterrestres al reino observacional y centra su atención en los púlsares más cercanos al Sistema Solar.

En concreto, se refiere a cómo se pueden detectar las megastructuras extraterrestres mediante la identificación de sus firmas de energía infrarroja, y a qué tipos de distancias. Al examinar cómo estas estructuras podrían variar en términos de la cantidad de radiación IR que emitirían, cree que podrían ser detectados dentro de nuestro Universo local utilizando los instrumentos existentes.

Un púlsar es una estrella de neutrones que emite radiación a intervalos regulares relacionados con el periodo de rotación del objeto.

Un púlsar es una estrella de neutrones que emite radiación a intervalos regulares relacionados con el periodo de rotación del objeto.

Una vez más, se reduce al diámetro de las estructuras, que a su vez dependen del tipo de pulsar que orbitan. Como afirma en el documento:

«Un par de años antes de publicar el documento de Kardashev, el prominente físico Freeman Dyson sugería que de existir extraterrestres superavanzados (en la terminología de Kardashev, Nivel II), para aumentar la eficiencia del consumo de energía construirían una fina cáscara esférica con un radio de una unidad astronómica que rodeara una estrella anfitriona (Dyson 1960). Se ha argumentado que para tales distancias la esfera estaría en la llamada zona habitable y por lo tanto tendría una temperatura del orden de (200-300 K), haciéndola visible en el espectro infrarrojo».

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Una civilización Tipo II o III en la Escala de Kardashev (ver video más abajo), sería capaz de construir un sistema de satélites de energía solar destinados a encerrar a una estrella y capturar la mayor parte o la totalidad de su producción de energía.

Extendiendo esto a los púlsares, Osmanov estima que la zona habitable alrededor de un pulsar de rotación relativamente lenta (con un período de aproximadamente medio segundo) sería del orden de 0,1 UA. Según sus cálculos, una mega-estructura anular que orbitase un pulsar a esta distancia emitiría temperaturas del orden de 390 K (116.85 ° C), lo que significa que la megaestructura sería visible en la banda IR, informa Universe Today.

A partir de esto, Osmanov concluye que los modernos telescopios IR, como el Very Large Telescope Interferometer (VLTI) y el Wide-field Infrared Survey Explorer (WISE), tendrían la capacidad necesaria para vigilar los pulsares cercanos para detectar señales de megastructuras extraterrestres. Concluye además que para este propósito, estos telescopios tendrían un alcance efectivo de hasta 200 parsecs (aproximadamente 652 años luz).

Además, opina que dentro de este volumen de espacio, se podrían encontrar y examinar múltiples candidatos utilizando estos mismos instrumentos existentes. Al monitorear la zona cercana del Sistema Solar se espera que aproximadamente 64 púlsares se encuentren dentro de ella, dijo.

Más allá de estas distancias, hasta el rango de kiloparsec (unos 3.260 años luz), la resolución angular de estos telescopios no sería suficiente para detectar estas estructuras dispuestas en forma de anillo. Para tales distancias se requeriría de telescopios que pudieran realizar levantamientos en la banda UV —lo que corresponde a las temperaturas superficiales de las estrellas de neutrones (7.000 K)—. Sin embargo, esto tendría que esperar el desarrollo de instrumentos más sensibles.

Así, mientras que el rango sería limitado, las oportunidades para probar esta hipótesis no. En total, entre 43 y 85 candidatos existen dentro del volumen observable del espacio, según las estimaciones de Osmanov. Y con los telescopios IR existentes —y los telescopios de próxima generación como el James Webb—, podrían realizarse algunos sondeos que proporcionaran información valiosa de cualquier manera.

Publicado el 16 de mayo de 2017 Sin comentarios
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