Con sede en Oslo y Londres, la colección fue iniciada en el siglo XX por el noruego M.O. Schøyen. Contiene más de 13.000 artículos de manuscritos de 134 países y territorios diferentes, que representan a 120 lenguas distintas, y abarcan 5.000 años de historia. Su polémico objetivo: salvaguardar estos documentos de los desidiosos países donde fueron hallados.

Martin Schøyen sosteniendo fragmentos de manuscritos budistas hallados en Afganistán ('BHAISAJYAGUR SUTRA' y 'VAJRACCHEDIKA SUTRA; DIAMOND SUTRA').

Martin Schøyen sosteniendo fragmentos de manuscritos budistas hallados en Afganistán (‘BHAISAJYAGUR SUTRA’ y ‘VAJRACCHEDIKA SUTRA; DIAMOND SUTRA’).

Los ejemplares de esta colección incluyen rollos del Mar Muerto, manuscritos del Guenizá del Cairo, la Epopeya de Gilgamesh, escritos clásicos de Homero y Hesíodo, papiros de Oxirrinco, diversos papiros bíblicos y gnósticos, manuscritos budistas, etc.

Todo comenzó alrededor de 1920, cuando los colonizadores occidentales pensaban en solo adueñarse de los mejores artefactos y reliquias para llevarlas a Europa.

El ingeniero noruego M.O. Schøyen (1896-1962), siempre tuvo gran fascinación por la literatura mundial y las antigüedades. De joven, comenzó a coleccionar manuscritos que hablaban sobre leyendas de su tierra, y pronto expandió su objetivo más allá de las fronteras, consiguiendo volúmenes de literatura, historia, ciencia y filosofía de tiempos ancestrales. Cuando falleció y la colección fue heredada por su hijo, Martin Schøyen, la colección alcanzaba los 1000 ítems.

Lejos de conformarse, Martin incrementó la colección de su padre considerablemente, adquiriendo importantes manuscritos, monedas y otros artefactos que podrían ser considerados un patrimonio cultural de la humanidad. Además, agregó a la lista guiones de películas importantes y partituras.

Escrituras sagradas

A través de su historia, la prioridad para la Colección Schøyen ha sido reunir manuscritos bíblicos; según reza en su sitio web: «la Biblia es el libro más influyente e importante que ha sido escrito». La primera adquisición de importancia en este aspecto fue en junio de 1986, con el volumen 3 de la monumental biblia románica de la Abadía de Geraardsbergen. En 1988, Schøyen sumó varios rollos del Mar Muerto, textos gnósticos que se cree fueron escritos en los tiempos de Jesucristo. Desde entonces, la organización se hizo con la Biblia de Santa Cecilia, la única biblia carolingia en manos privadas; el Codex Sinaiticus del monasterio de Santa Catalina, un manuscrito uncial del siglo IV de la versión griega de la Biblia escrito en scriptio continua entre los años 330 y 350; y los Evangelios de Liesborn del siglo X.

MS 035 (Biblia): 'CODEX SINATICUS ZOSIMI RESCRIPTUS'.

MS 035 (Biblia): ‘CODEX SINATICUS ZOSIMI RESCRIPTUS’.

Adquisiciones ilegales

De acuerdo al sitio web de la organización: «La importancia y naturaleza única de los materiales en la Colección Schøyen va más allá del ámbito de una colección privada o pública. Estos manuscritos son un patrimonio de la humanidad, una memoria del mundo. No pertenecen realmente a la Colección Schøyen y su dueño, quien es solo un custodio privilegiado, tampoco le pertenecen a una nación en particular, persona, religión o cultura, sino a la humanidad entera, siendo propiedad de todo el mundo».

Sin embargo, parece que muchos países no están de acuerdo con esta redundante declaración.

Han surgido alegaciones que acusan a la Colección Schøyen de haber adquirido algunos de sus materiales por medio de prácticas turbias, desde robos colonialistas hasta contrabando en países sumidos en la guerra.

Por ejemplo, en 2003 el Consejo Supremo de Antigüedades (SCA) de Egipto demandó que se le regresaran 17 ítems egipcios en posesión de esta organización privada. El SCA afirma que estos objetos fueron robados de su tierra nativa. El mismo año, el Ministerio de Cultura de Afganistán hizo el reclamo pertinente en cuanto a manuscritos budistas que habían sido sacados del país sin permiso alguno. «La ley estipula que el patrimonio histórico y cultural de Afganistán pertenece a su gente», dijo al respecto el ministro afgano. Los rumores parecían indicar que el régimen talibán había transportado los manuscritos a Londres con el fin de subastarlos. Al igual que con el caso egipcio, la Colección Schøyen rechazó rotundamente las demandas de repatriación.

EGIPTO. (Izquierda) MS 200: Jarra de Hor Aha, Alto Egipto, decorada con el nombre de uno de los primeros faraones de la Dinastía I. (Derecha/arriba) MS 1638: Libro de los Muertos, Dinastía 18, Egipto. (Derecha/abajo) MS 2787: Objeto de arcilla con protojeroglíficos de un bote y un remo, periodo Naqada II, 3500-3100 a.C.

EGIPTO. (Izquierda) MS 200: Jarra de Hor Aha, Alto Egipto, decorada con el nombre de uno de los primeros faraones de la Dinastía I. (Derecha/arriba) MS 1638: Libro de los Muertos, Dinastía 18, Egipto. (Derecha/abajo) MS 2787: Objeto de arcilla con protojeroglíficos de un bote y un remo, periodo Naqada II, 3500-3100 a.C.

Su dueño, Martin Schøyen, siempre ha respondido en términos que se podrían considerar negativos y altivos, aún cuando su posición «protectora» tenga un ápice de verdad. El coleccionista ha argumentado que los países envueltos en conflictos bélicos constantemente y sujetos a vandalismo terrorista no son un lugar seguro para los preciosos manuscritos. «He armado una colección que representa a todas las religiones y culturas del mundo precisamente para crear un conocimiento sin fronteras. A la larga, uno no puede saber qué sucederá en los estados musulmanes» (Prescott and Omland, 2004).

Hoy en día, y para evitar mayores ataques a su reputación, Schøyen no está adquiriendo artefactos o manuscritos que no sean occidentales, y el gobierno de Noruega ha considerado nuevamente las reclamaciones sobre la apropiación de patrimonios nacionales de otros países, particularmente de Afganistán.

Publicado el 18 de agosto de 2016 Sin comentarios
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