Cuando el historiador alemán Peter Longerich presentó, hace ocho años, en la Feria del Libro de Fráncfort, su extensa biografía sobre Heinrich Himmler, se formuló una pregunta capital: «¿Cómo pudo un personaje mediocre alcanzar tanto poder?». Longerich necesitó más de 1.000 páginas para reconstruir la vida del hombre que pasó a la historia como el «genio del mal» del III Reich y buscar una respuesta adecuada para explicar la metamorfosis criminal de un joven bávaro, solitario, tímido y misógino, que se convirtió en un monstruo que soñó con eliminar de la faz de la tierra a todos los seres indeseables, para poder construir los cimientos de un nuevo imperio: la gloriosa Germania.

Heinrich Himmler, el líder de las SS, el 1 de enero de 1939.

Heinrich Himmler, el líder de las SS, el 1 de enero de 1939.

Himmler era algo más. Gracias al descubrimiento de una agenda, escrita por colaboradores del sanguinario jefe de las SS, en el archivo central del Ministerio de Defensa ruso, en la ciudad de Podolsk, los alemanes ahora saben cómo actuaba este genocida falto de escrúpulos.

La agenda escrita por los colaboradores de Himmler y que describe casi al minuto las actividades que desempeñó el líder nazi en los años 1938, 1943 y 1944, llegó a manos del periódico alemán Bild, que inició el lunes pasado la publicación por entregas de los documentos. La agenda está siendo analizada por el Instituto de Historia de Alemania de Moscú, que tiene previsto editar un libro con el material, más de 1.000 páginas mecanografiadas.

«Son documentos de una gran importancia histórica», dijo el director del instituto, el profesor Nikolaus Katzer, citado por el Bild. «Himmler era una bestia repleta de contradicciones», admitió al periódico el historiador Matthias Uhl. «Por una parte era el ejecutor de fusilamientos masivos y planificó hasta el mínimo detalle el Holocausto. Pero también era un personaje hipócrita, que se preocupaba de su ejército, de su familia y sus amigos».

Heinrich Himmler y Adolf Hitler.

Heinrich Himmler y Adolf Hitler.

La agenda permite saber qué lugares visitó Himmler, con qué gente se reunió y quién pertenecía a su círculo más íntimo. Por ejemplo, lo que hizo Himmler el 3 enero de 1943. Ese día, desayunó tarde, se hizo dar un masaje y habló por teléfono con su esposa y su hija. Terminó la jornada ordenando la ejecución de 10 policías polacos que se negaron a repeler un ataque contra una comisaria. Las familias de los agentes fusilados fueron enviadas a campos de concentración.

Sus notas también describen algunas órdenes dadas a los soldados que custodiaban los campos de exterminio y cómo les instaba a usar sus perros: «Deben ser capaces de desgarrar a todo el mundo, menos a sus adiestradores». El 12 de febrero de 1943, Himmler visita el campo de Sobibor, donde presencia la ejecución de unas 400 mujeres y niñas en las cámaras de gas. Después, pone fin a su visita al campo con un banquete con los oficiales de las SS.

Otro pasaje de la agenda revela que Himmler, descrito por su círculo íntimo como una «persona quisquillosa» a la hora de ver sangre, estuvo a punto de desmayarse cuando la masa encefálica de un judío fusilado en Minsk le manchó el uniforme.

Después del suicidio de Hitler, el fanatismo de Himmler le impulsó a buscar una segunda carrera política, esta vez al lado de los aliados, para combatir la amenaza soviética. Cuando fue hecho prisionero por las tropas británicas, solicitó una entrevista con el comandante en jefe de las fuerzas aliadas, Dwight D. Eisenhower. La entrevista nunca se celebró y Himmler se suicidó el 23 de mayo de 1945 con una cápsula de cianuro que tenía escondida entre los dientes. Su cadáver fue enterrado en algún lugar en las cercanías de Lüneburg.

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