¿Qué sucedería si interpretásemos ciertos hechos relatados en la Biblia sobre la visión ufológica? El Diluvio, los “ángeles”, los “milagros” o las gloriosas “visiones” de los profetas ganarían un sentido desconcertante. Y las analogías no cesan, a menos que las coloquemos a la sombra de nuestros preconceptos.

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Pocas personas intentan hacer una lectura diferente de la Biblia, explorando su sentido de documento histórico, lleno de informaciones sobre el pasado remoto del hombre.

Antes de cualquier cosa, es preciso esclarecer que la Biblia no es un único libro. Son dos agrupaciones, el primero con 46, y el segundo con 28 libros. La unión del “Viejo Testamento” con el “Nuevo Testamento” (el período posterior al nacimiento de Jesús) es una decisión relativamente nueva del cristianismo. Y una lectura atenta muestra que los dos Testamentos tienen poco que ver uno con otro. Además de eso, sus traducciones fueron muy alteradas tanto por autoridades israelitas como por el Vaticano.

De cualquier manera, quien busca en la Biblia OVNIs, seres extraterrestres, monstruos y gigantes, encuentra. Existe una lectura que permite ligar la Biblia a tantos otros documentos históricos, como un testimonio de la interferencia extraterrestre en el pasado de nuestra civilización. Todo es cuestión de puntos de vista.

Comencemos por el Génesis, rememorando el Capítulo I: “En principio, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra estaba desierta y vacía, las tinieblas cubrían el Océano y un viento impetuoso soplaba sobre las aguas. Dios dijo: ‘¡Hágase la luz!’ Y la luz se hizo. Dios vio que la luz era buena. Y a la luz Dios llamó ‘día’, a las tinieblas las llamo ‘noche’…”.

Después “Dios” separó los océanos, creó la vegetación, las estrellas, los animales, el hombre, y “descansó” en el séptimo día de trabajo. Después creó el jardín del Edén, y allí colocó a Adán y Eva.

¿Tuvieron ombligo?…

Eso todo el mundo lo conoce. Mas hay un detalle que las iglesias y sinagogas no revelan: que la expresión “Dios” es una padronización de diversos nombres que constan en los originales del Viejo Testamento. El “Dios” de Moisés es una traducción de la palabra “Yahvé”; el “Dios” de la creación es una traducción de la palabra “Elohim”, cuya traducción correcta significa “dioses”. Por lo tanto, en el inicio “los dioses” crearon el cielo y la tierra. Sucede que esos dioses que crearon el cielo y la tierra, y todas las cosas, para colocar en el centro de todo al hombre, son muy diferentes a los “Elohim” que crean a Adán y Eva. Los que crearon el universo, de repente se instalan en un pedazo de tierra llamado Edén, retiro a Eva de una costilla de Adán y pasan a tener actitudes humanas. En Génesis 3-8 está el siguiente fragmento: “Oyendo el ruido del Señor Dios, que paseaba por el jardín a la brisa de la tarde, el hombre y la mujer se escondieron…”. Finalmente, que dios omnipotente, omnipresente y omnisciente, ¿es ese que pasea por un jardín “a la brisa de la tarde”?

La cuestión de la serpiente también es muy controvertida. Ella es considerada por innumerables civilizaciones, de prácticamente todos los continentes como el símbolo de seres voladores, y también está asociada a los “que trajeron el conocimiento a los hombres”, siendo una figura mitológica presente en muchas tradiciones, tal como la del griego Prometeo.

Muchos de los adeptos de la ufoarqueología sustentan la siguiente hipótesis: el “Dios” que creó el universo es uno, tal vez una interpretación (de base religiosa y cabalística) para el surgimiento del universo, de la Tierra y del hombre (en el centro de todo); y el “Dios” que creó a Adán y Eva parece más próximo a la traducción de “Elohim”, los “dioses”.

Estos dioses podían ser uno o varios equipos de colonizadores espaciales que aquí aportaron y habrían creado, con su tecnología avanzadísima para nuestros padrones, un laboratorio de vida en la Mesopotamia, esto es, el jardín del Edén. A través de operaciones genéticas, ellos habrían creado un ser humano pronto a desenvolverse indefinidamente sobre la orientación de los colonizadores.

Sucede que una parte de la tripulación se habría revelado contra la orden que los había enviado a la Tierra, y habría –de una forma que todavía es difícil de interpretar– dado a los hombres-cobayos la capacidad de desenvolverse por medios propios. “Dios prohíbe que el hombre coma de un determinado fruto del jardín, pues el día en que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal” (Génesis, 3-5).

Eva comió el fruto ofrecido por la serpiente, que fue entonces condenada a “rastrear”. (¿Habrían los tripulantes amotinados sido presos en la superficie terrestre?) y Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso. (¿Expulsados del laboratorio? ¿La experiencia habría sido interrumpida?).

Es importante tener en cuenta que lo que parece haber sucedido en días, de acuerdo con la narración bíblica, puede ser una condensación simbólica de centenas o millares de años. Mucho tiempo puede haber pasado entre la expulsión del Paraíso y esta escena descripta en el Génesis 6-1:

“Cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, viendo ‘los hijos de Dios’ que las hijas de los hombres eran hermosas, tomáronse mujeres, escogiendo entre todas (…). Había ‘gigantes’ en la tierra en aquellos días, y también después entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos; estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de nombre”.

Si sustituimos Dios por dioses y dioses por visitantes extraterrestres, ¿la narrativa podría ser más explícita?

El Diluvio es citado y descripto por diversas tradiciones de muchos otros pueblos.

En seguida vino el Diluvio, que también es citado y descrito por diversas tradiciones de muchos otros pueblos de América, Asia o Europa. El Diluvio parece haber sido una decisión de los “dioses” de eliminar una experiencia degenerada. Sus variadas versiones sugieren eso. En la Biblia, las actitudes de “Dios” están llenas de decisiones contradictorias. Por ejemplo: un Dios no se arrepiente de lo que hizo, jamás. “Y arrepintióse el Señor de haber hecho el hombre en la tierra, y pésole en su corazón” (Génesis 6-6).

Más adelante, todavía en el Génesis (Capítulo 18), el “Señor” surge de forma muy humanizada durante el episodio que trata la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Dos de los ángeles van a Sodoma y allá encontraron a Lot, que les ofrece un banquete. “Mas el porfió con ellos mucho, y se vinieron con él, y entraron en su casa e hízoles un banquete, y coció panes sin levadura, y comieron” (Génesis 19-3). Finalmente, ¿qué ángeles son esos que comen?

El pueblo de Sodoma decide invadir la casa de Lot para conocer los dos visitantes. Y Lot ofrece sus dos hijas vírgenes para que los puebleros dejen los ángeles en paz. Mas la multitud resuelve atacar de cualquier manera. Y los ángeles cegaron a los atacantes. Cegaron, ¿cómo?

Publicado el 2 de febrero de 2010 Sin comentarios
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