Un estudio sobre los huesos y dientes de los animales demostró que eran transportados desde regiones distantes y tenían un papel importante en ceremonias.

La arqueóloga Ashley Sharpe sostiene un húmero de perro hallado en el sitio maya de Ceibal, Guatemala.

La arqueóloga Ashley Sharpe sostiene un húmero de perro hallado en el sitio maya de Ceibal, Guatemala.

Arqueólogos del Instituto Smithsonian analizaron los isótopos de carbono, nitrógeno, oxígeno y estroncio de restos de perros y otros animales del yacimiento maya en Ceibal (Guatemala) y encontraron evidencias de que los mayas ya criaban canes en el Preclásico Medio Maya (700-350 a. C.).

«Estudios como este están empezando a demostrar que los animales jugaron un papel clave en ceremonias y demostraciones de poder, que tal vez impulsaron la cría y el comercio de animales», aseguró en un artículo publicado en PNAS la investigadora a cargo Ashley Sharpe, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales en Panamá.

En Asia, África y Europa, la gestión de los animales fue de la mano con el desarrollo de las ciudades, pero en América la gente puedo haber criado animales con fines ceremoniales, según las conclusiones del informe.

Plaza Central de Ceibal, Guatemala.

Plaza Central de Ceibal, Guatemala.

Sharpe y sus colegas descubrieron que el comercio y manejo de animales comenzó en el Período Preclásico hace unos 2 mil 500 años y se intensificó durante el Período Clásico, haciendo que las ceremonias organizadas que incluían el sacrificio de animales y humanos y la crianza de animales para la alimentación desempeñaran papeles importantes en el desarrollo de la civilización maya.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó los isótopos de restos animales, es decir, átomos que tienen el mismo número de protones y electrones pero diferentes números de neutrones y, por lo tanto, tienen diferentes propiedades físicas.

El carbono en los cuerpos de los animales proviene de los tejidos vegetales que consumieron directa o indirectamente, según relataron los investigadores, que señalaron que la mayoría de las plantas usan el tipo más común de fotosíntesis para convertir el dióxido de carbono en carbohidratos.

Investigadores analizaron los resyos de 46 animales de Ceiba, incluyendo perros, venados y gatos tigre (margay, imagen).

Investigadores analizaron los resyos de 46 animales de Ceiba, incluyendo perros, venados y gatos tigre (margay, imagen).

Este proceso deja el isótopo de carbono más ligero, el carbono 12, atrapado en moléculas de carbohidratos; el maíz, la caña de azúcar y otras hierbas, por su parte, usan otro tipo de fotosíntesis que concentra moléculas de carbono 13 más pesadas.

«Los restos de animales se dividen en dos categorías: los que tienen isótopos de carbono más bajos, lo que indica que estaban comiendo principalmente plantas silvestres; y los que tienen isótopos superiores, que probablemente estaban comiendo maíz», sintetizó Sharpe.

Todos los perros, dos pavos domésticos (Meleagris gallopavo) y uno de los dos felinos grandes analizados probablemente comían maíz u otros animales que se alimentaban de maíz.

Comercio de animales

De hecho, 44 de los 46 animales tenían proporciones de isótopos de estroncio que coincidían con Ceibal y la región de las tierras bajas del sur circundante, por lo que se llegó a la conclusión de que fueron criados allí.

Huesos de perro fueron encontrados en los niveles inferiores de dos pozos, cada uno dentro de una pirámide en Ceibal.

Huesos de perro fueron encontrados en los niveles inferiores de dos pozos, cada uno dentro de una pirámide en Ceibal.

Sin embargo, para sorpresa de Sharpe, los huesos de la mandíbula de dos perros excavados en pozos profundos en el corazón del antiguo complejo ceremonial tenían proporciones de isótopos de estroncio que se asemejaban a las regiones más secas y montañosas cercanas a la actual Ciudad de Guatemala.

«Esta es la primera evidencia de perros que fueron trasladados por América en esa época», aseguró la arqueóloga.

«Es interesante considerar si los humanos pudieron haber tenido un mayor impacto en la gestión y manipulación de especies animales en la antigua Mesoamérica de lo que se creía», finalizó Sharpe, que pretende seguir estudiando este fenómeno para entender mejor el comportamiento de la civilización maya.

Fuente: National Geographic. Edición: EFE.

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