Desde 1964, muy pocos han dudado que un trasfondo político impulsó la muerte de John Fitzgerald Kennedy. Muchos también han observado una conspiración interna que pudo maquinar y llevar a cabo el magnicidio del Presidente. Y de igual modo, muchos han concluido la imposibilidad que su presunto asesino, Lee Harvey Oswald, fuera el único que empuñó y apretó el gatillo del arma que puso punto y final a la breve historia política de J. F. K.

lhoswald

John Fitzgerald Kennedy no era precisamente un político admirado y querido por los más influyentes estamentos de la sociedad norteamericana de la década de los 60. En principio, la CIA, institución que había abanderado durante décadas los subterfugios de la vida norteamericana, no le había perdonado que les restase poder de decisión en las maniobras políticas; los exiliados, refugiados y simpatizantes cubanos tampoco estaban dispuestos a olvidar la negativa de Kennedy de enviar tropas norteamericanas para contrarrestar la revolución de Fidel Castro; la política administrativa del presidente prometía martirizar a los sospechosos líderes del crimen organizado, y la Cossa Nostra vio en la familia Kennedy una espina clavada en la columna central de su imperio.

Por otro lado, muchos americanos estaban molestos por el suave trato de su dirigente hacia el comunismo y por las conversaciones mantenidas con el líder soviético Nikita Kruschev, con quien pactara no atacar la Revolución de Castro si los soviéticos retiraban su potencial armamentístico en la isla. Y por si fuera poco, el Ejército Norteamericano –en mayúsculas– no estaba dispuesto a que Kennedy retirase las tropas de Vietnam, dando fin una de las campañas más lucrativas que existen para la milicia: las guerras.

No, decididamente el primer presidente católico de los Estados Unidos se buscó desde el momento de su investidura muchos enemigos en el entorno político-socio-militar. Sin embargo, cuando en 1960 ganó la nominación a su opositor Richard Nixon, nadie podía imaginar que tres años después iba a morir trágicamente en las calles de Dallas, víctima de una posible conspiración tramada por cualquiera de las organizaciones anteriormente citadas.

El aniversario de la muerte de Kennedy ha repetido año tras año las mismas preguntas sin una sencilla solución, pese a que una organización creada al efecto pocas semanas después del magnicidio, liderada por el juez supremo de los Estados Unidos, Earl Warren y seis miembros de diferentes estamentos, la Comisión Warren, había adjudicado en los 26 tomos que conformaban el informe final de su estudio, la autoría del asesinato a un único personaje que tomaba el relevo de John Wilkes Booth, un afamado actor que no pasó a la historia por su profesión, sino por haber matado cien años atrás al presidente Abraham Lincoln. Aquel solitario tirador, aquel presunto asesino que puso fin a la “política de frontera” de John F. Kennedy era Lee Harvey Oswald.

La gestación de un asesino

Lee Harvey Oswald nació en octubre de 1939 en el seno de una familia muy humilde. Su padre murió dos semanas antes de su nacimiento, dejando sola a su madre, Margerite Oswald, y a sus dos hermanos mayores, John y Robert. Éstos fueron recluidos muy pronto en un orfelinato, dejando solos a Lee y a su madre, quienes se trasladaron a un humilde apartamento en el Bronx de Nueva York.

Cuando tenía 13 años, Lee fue también recluido en un orfelinato, debido al poco tiempo que su madre disponía para poder cuidar de él. Sin embargo, Lee se escapaba una y otra vez del centro y se dedicaba a viajar en metro por toda la ciudad, o a visitar el zoo de Central Park, donde pasaba horas ensimismado ante los animales. De hecho, en cierta ocasión fue detenido allí por hacer novillos y le pusieron en manos de la agente social Evelin Siegel, quien comprobó que el estado mental de Lee era perfecto. Es más, su inteligencia era unos grados superior a la media de los chicos de su edad. También comprobó que Lee era un individualista y que mostraba una inclinación acusada a atender a las conversaciones de adultos.

Ya a los 17 años, Lee mostró una simpatía hacia la milicia y, especificamente, hacia el cuerpo de marines, y así, en 1956 ingresó en el cuerpo. También por aquellas fechas comienza a escribir su diario, un compendio de pensamientos y experiencias que el tituló “diario histórico” y que le acompañaría hasta el final de sus días.

Las incongruencias en la vida de Oswald surgen precisamente a partir de su incorporación a filas: si bien sus compañeros de regimiento afirman que destacaba por su falta de puntería, los informes confirman que su puntuación era la segunda mejor de la Base. Precisamente fue esta alegada puntería la que llevó a Oswald a ser destinado al cuerpo de marines en Atshugy, Japón, siendo emplazado e instruido en el control de radar y satélites artificiales. Por otro lado, no deja de sorprendernos que dicha base militar japonesa fuera también un cuartel de la CIA en ese país, desde donde partían los aviones camuflados hacia la Unión Soviética, en misión de espionaje.

Lo cierto es que fueron precisamente sus compañeros los que pronto empezaron a notar un extraño comportamiento en Oswald: sus actividades extra-militares eran un misterio para todos. Nunca salía o se relacionaba con personal del cuerpo: por el contrario, a medida que pasaba el tiempo las peleas con los soldados eran más frecuentes. Sin embargo, varios compañeros le vieron deambular con prostitutas orientales por zonas de la población que habían sido vedadas a la milicia norteamericana –llamadas áreas taboo–. Estas zonas eran frecuentadas asiduamente por activistas políticos izquierdistas y, en consecuencia, pronto comenzó a circular el rumor de que Oswald estaba intentando entablar contactos con estos activistas.

El rumor se vio pronto confirmado cuando, todavía en el servicio militar, comenzó a estudiar ruso y a propagar las ideas marxistas entre los soldados. Era frecuente oír a Oswald criticar las “meteduras de pata” de la política norteamericana, argumentando que una ideología marxista no ampararía ni toleraría aquellas “barbaridades capitalistas”. Teniendo en cuenta que cualquier norteamericano con inclinaciones izquierdistas era investigado sistemáticamente por el servicio de inteligencia –recordemos, por ejemplo, la operación “caza de brujas” años antes–, nos parece increíble que los agentes de la CIA, con quienes Oswald convivía, no prestasen la menor atención a un marine que no ocultaba su ideología comunista. ¿O sí lo hicieron?

No son pocos los historiadores que, tras analizar el comportamiento de Oswald durante aquellos años, han sugerido que fuera reclutado por el servicio de inteligencia de su país como eslabón entre ellos y la Izquierda Asiática. En contra, otros muchos documentados investigadores apoyan que Oswald fue “convencido” de las ventajas del movimiento comunista en los barrios bajos de Atshugy, lo que le impulsó a estudiar ruso y a declararse un pleno convencido de dicha ideología.

Pero hay un dato altamente revelador: un teniente coronel testificó ante la Comisión Warren que Oswald se examinó de ruso, consiguiendo una nota mediocre. Lo cierto es que no importa mucho la nota que obtuvo el soldado, pero, ¿qué motivo pudo mover a Oswald a aprender ruso? ¿por qué interesaba tanto al cuerpo de marines que el conociera el ruso? ¿Estaba siendo adiestrado Oswald por el servicio de inteligencia norteamericano? ¿o acaso estaba jugando a un doble juego? Como veremos más adelante, los “dobles juegos”, las “dobles personalidades” y los cambios radicales de pensamiento y actuación no es algo extraño en la historia de Lee Harvey Oswald .

De cualquier manera, su meditado siguiente paso fue emigrar a Rusia como un turista común y pasar varias semanas allí. Sin embargo, cuando llegó a Moscú fue recibido como si de un visitante de lujo se tratara y le fue asignada una guía –Rimma Shirokova– para desplazarse por los lugares tradicionales de la capital. Precisamente, fue a ella a quien informó en primer lugar de su propósito de desertar de los EE. UU. Por otro lado, nadie se explica cómo un ex marine con menos de 200 dólares en su cuenta bancaria, pudo desplazarse hasta Moscú y vivir durante varias semanas allí, cuando sólo el viaje costaba más de 1.500 dólares.

Pocos días después, Oswald visitó el Cuartel General de la KGB en Moscú, solicitando asilo en Rusia a cambio de su información y conocimientos recabados durante sus años de militar en el cuerpo de marines. Al parecer, los soviéticos, comandados por Vladimir Semishasty, no estaban en absoluto interesados en el material ofrecido por Oswald y decidieron no aceptar su petición de asilo.

Defraudado, a falta de un par de días para que expire su visado, Oswald intenta poner fin a su vida cortándose las venas en la habitación del hotel donde estaba alojado. Sin embargo, Rimma y dos funcionarios del hotel consiguen llevarlo hasta el hospital, donde le es detenida la hemorragia. Horas después es trasladado a un pabellón psiquiátrico, donde la Dra. Lydia Mihkailina diagnostica que Oswald había cometido un “suicidio teatral” ante la posibilidad de ser expulsado de la Unión Soviética.

Sin embargo, ese intento de suicidio le sirvió para que la KGB prestara mayor atención a su solicitud. Oswald acude entonces a la Cruz Roja en compañía de un nuevo intérprete con la intención de conseguir una ayuda monetaria, apoyándose en su condición de desertor en busca de una nueva vida en el régimen comunista. Allí consigue la suma de 5.000 rublos y 700 rublos más cada mes, que le permiten pagar desahogadamente la cuenta de su hotel en Moscú y adquirir el billete de tren para trasladarse a Minsk, donde la KGB se había ocupado de conseguirle un empleo en una Fábrica de Radios, dedicada al diseño y manufactura de nuevos prototipos radiofónicos, ganando la suma de otros 700 rublos al mes, un salario muy superior a cualquiera de los trabajadores de la fábrica. La KGB niega que fuera vigilado o interrogado en los más de tres años que pasó en la Unión Soviética.

Pronto, y por intermediación del propio alcalde de Minsk Shrapof, consigue un apartamento de bajo alquiler –60 rublos– a pocos metros de la fábrica. Oswald describe aquel piso en su diario como “el sueño de cualquier soviético”. Poco después de su traslado, Oswald se personó en la embajada norteamericana, comunicando al embajador Richard Snyder su deserción, ya confirmada por el gobierno soviético, y que iba a explicar a la KGB sus conocimientos.

Snyder envió rápidamente la declaración de Oswald a EE. UU., donde la noticia fue recogida con verdadero pavor: el desertor fue licenciado con deshonor, y los códigos de radar fueron inmediatamente modificados. Al parecer, Oswald era realmente una amenaza para el pueblo norteamericano. Es, por tanto, increíble que la KGB no se molestara en practicar un simple interrogatorio sobre Lee Harvey Oswald.

Meses después los problemas comenzaron de nuevo. Sus compañeros en la Fábrica de Radios de Minsk mantenían fuertes disputas y hasta peleas con él, al tiempo que éste manifestaba haber perdido interés por el marxismo. Ya en 1961 comunicó abiertamente su deseo de volver a los Estados Unidos y presentó su petición formal a la KGB. Del mismo modo, intentó agilizar su deportación buscando ayuda en la persona del Senador por el Estado de Texas John Tower, a quien, por carta, solicitaba se prestara a hacer lo posible para agilizar aquella situación.

No obstante, durante una fiesta sindicalista el 17 de marzo de 1961, conoció a la mujer que habría de convertirse en su esposa tan sólo seis semanas después: la sobrina de un coronel de la inteligencia soviética, Marina Nickolaieva Prusakova. Oswald escribiría posteriormente que se casó con Marina tan sólo para herir a su anterior novia, Ella Germain, con quien había roto pocos meses atrás.

A finales de mayo de 1962, el servicio de inteligencia soviético aprobó la petición de emigración de Oswald y el 2 de junio emigró junto a Marina a los Estados Unidos. Lee preparó declaraciones y conferencias esperando que su llegada a América fuera recibida por multitud de periodistas, pero lo cierto es que ni uno solo percibió la llegada del marine deshonrado y su vuelta a la patria fue más humillante incluso que la partida.

Publicado el 3 de marzo de 2007 Sin comentarios
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,

¿Te gustó lo que acabas de leer? ¡Compartilo!

Facebook Digg Twitter StumbleUpon Delicious Google+

Artículos Relacionados

 0 comentarios
Sin comentarios aún. ¡Sé el primero en dejar uno!
Dejar un comentario