LA ATRACCION DE LAS PIEDRAS

La humanidad, a nivel planetario, y desde la antigüedad más remota, ha sentido la atracción por las piedras. Desde humildes guijarros hasta las gemas preciosas. Pareciera que la frase bíblicamente repetida del “polvo eres y en polvo te convertirás” hiciera que los hombres se sientan emparentados con las piedras, aquel polvo endurecido, aparentemente sin vida animada.

Es curioso encontrar en todas las culturas que han poblado la tierra similar interés por las piedras preciosas, dándoles todo tipo de atributos: religiosos, mágicos, curativos, de amuletos y de talismanes. Con ellas se ha rendido culto a los dioses y divinidades, se han adornado ídolos, fetiches, imágenes sacras. Han sido lanzadas a cráteres para aplacar la ira de los volcanes.

Se han arrojado a pozos, lagos, ríos y mares para obtener la gracia de los dioses.

Se han colocado en las tiaras de los sacerdotes, en las coronas de los reyes. Han adornado espadas y cimitarras de guerreros. Las han lucido los grandes personajes de la historia. Se han conservado en museos y bóvedas bancarias. Por ellas los hombres han luchado, han asesinado, han robado, han traicionado.

Han servido para conquistar un amor y también para pagar el precio de una traición.

A sus poseedores les han acarreado buena o mala fortuna. También se ha dicho que atraen la buena o la mala fortuna, y que curan enfermedades del cuerpo y del alma. Otros sostienen que han sido “cargadas” con poderosísimas fuerzas cósmicas o mediante ensalmos y plegarias.

En fin, se dice también que los astros influyen en ellas y sólo protegen al nativo del signo zodiacal que posee la piedra adecuada a él.

Sea cual sea el motivo de esta atracción que los seres humanos sienten por las piedras preciosas, siempre en torno a ellas habrá un halo de magia y misterio que viene de lo más ignoto del atavismo de los hombres.

UN TESTIMONIO SALVADO DE LA INQUISICION

Son muchos los tratados y libros que se han escrito sobre las propiedades mágicas o curativas de las piedras preciosas. Sin embargo, en idioma español, es una curiosidad la obra que escribió a fines del siglo XVI, en 1598, el astrólogo y posiblemente alquimista, don Gaspar de Morales, titulada “De las Virtudes y Propiedades Maravillosas de las Piedras Preciosas”. A pesar de todas las precauciones que tomó su autor de sólo citar autorizados padres de la iglesia, su libro fue requisado por la Inquisición que lo calificó de “maldito”.

Sólo ha podido ser conocido en su texto íntegro gracias a la publicación que de él ha hecho la “Biblioteca de Visionarios, Heterodoxos y Marginados”.

Gaspar de Morales sostiene las virtudes astrales de las piedras preciosas, sus virtudes físicas y sus propiedades curativas. Se basa en los planteamientos del naturalista romano Plinio, de San Alberto Magno, del geólogo alemán Giorgio Agrícola y en documentos de filosofía hermética y alquímica.

DE LA LEYENDA DE LAS PIEDRAS PRECIOSAS

Existe toda una literatura que ha recogido historias y leyendas sobre las piedras preciosas: piedras que han traído la ventura a sus poseedores, fortuna, salud, larga vida, riquezas; piedras que sólo han acarreado desventuras, accidentes, soledad, angustia, mala suerte, como si una maldición pesara sobre ellas. Tal vez sea el Diamante una de las piedras que tenga más largo historial, seguramente por ser la que ha recibido más estima a través de los siglos.

LOS DIAMANTES

Ese trozo de carbono puro, que por su increíble brillo es conocido también como brillante, recibe el nombre de Diamante, del griego “A”, privativo y “Damazo”, domo, o sea, “Indomable”, el que no se puede domar.

Por su incorruptibilidad y permanencia es aún más apreciado que el oro: fue conocido desde muy antiguo en la India, en Arabia, en Macedonia. Actualmente, los más grandes y hermosos han sido encontrados en Sudáfrica y en Brasil.

Desde siempre se ha asegurado que da protección y que anula el efecto del veneno a quien lo posea. Otros afirman que es capaz de denunciar a los traidores, pues cuando uno de ellos lo toca, el diamante pierde su brillo. También se ha afirmado que asegura fortuna permanente a su dueño.

Hasta el siglo XV sólo los chinos eran capaces de pulir los diamantes. En Europa y el resto del mundo sólo se podía quitarles su envoltura áspera, sin pulimentar ni tallar la piedra. Fue en la ciudad de Brujas, Bélgica, que el lapidador flamenco Louis de Berghem, descubrió que el diamante sólo podía ser desgastado por su propio polvo. Tras varios experimentos logró descubrir también el sistema de tallarlo en facetas, obteniendo los efectos maravillosos que adquiere esta piedra. Desde entonces, el resplandor de su brillo ha encandilado a la humanidad.

Los diarios dan a menudo los enormes precios que adquieren algunos diamantes en el mercado mundial, que tiene sus principales centros en Amberes y Amsterdam. Su valor varía según sus quilates, su color y la maestría de su talla.

Sin comentarios
Etiquetas: , , , , ,

¿Te gustó lo que acabas de leer? ¡Compartilo!

Facebook Digg Twitter StumbleUpon Delicious Google+

Artículos Relacionados

 0 comentarios
Sin comentarios aún. ¡Sé el primero en dejar uno!
Dejar un comentario