El Japón de hace mil años era mucho más cosmopolita de lo que se pensaba, según revelaron arqueólogos, basándose en pruebas sobre la presencia de un persa que trabajó al servicio del Gobierno nipón en la antigua capital Nara.

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Recientes pruebas, muy precisas, llevadas a cabo sobre un trozo de madera descubierto en los años sesenta condujeron a los investigadores a esta conclusión. La imagen infrarroja permitió revelar caracteres hasta entonces ilegibles en la madera —soporte muy usado en Japón antes de la aparición del papel—, que nombran a un responsable persa que vivía en el país.

Este hombre trabajaba en una academia que formaba a funcionarios, explicó Akihiro Watanabe, experto del Instituto Nacional de Investigaciones Culturales de Nara. «Es posible que hubiera enseñado matemáticas», estimó Watanabe, al subrayar la excelencia de los persas en este ámbito.

Tōshōdai-ji, templo budista de la secta Ritsu en la ciudad de Nara, Prefectura de Nara, Japón.

Tōshōdai-ji, templo budista de la secta Ritsu en la ciudad de Nara, Prefectura de Nara, Japón.

«Aunque precedentes investigaciones demostraran la existencia de intercambios con Persia, que se remontan al siglo VII, es la primera vez que constatamos que un habitante de una región tan alejada como ésta trabajó en Japón en esa época», añadió. «Y ello demuestra que Nara era una ciudad cosmopolita donde los extranjeros eran tratados como iguales».

Nara fue la principal ciudad de Japón a partir del año 710 hasta el 784, cuando la capital se trasladó a Kioto.

Publicado el 10 de octubre de 2016 Sin comentarios
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