Un satélite ultrasecreto del gobierno de los Estados Unidos y valorado en unos 1.000 millones de dólares parece haberse perdido en el espacio.

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La nave, conocida con el nombre de «Zuma» y envuelta en un secretismo sin precedentes, fue lanzada por un cohete Falcon 9 de la compañía Space X el pasado domingo, pero al parecer sufrió algún tipo de percance que causó su destrucción.

El lanzamiento se produjo con normalidad pero el lunes comenzaron a trascender comentarios que indicaban que algo no había ido según lo previsto. Algunas fuentes sugirieron que ocurrió algún problema durante la separación de la segunda etapa, en la que el segmento superior del cohete debía abrirse y liberar el satélite al espacio, e indicaron que «Zuma» probablemente se había desintegrado en la atmósfera. Horas antes, se confirmó que la primera etapa del cohete reutilizable Falcon 9 se había posado con normalidad en tierra.

La pérdida de una carga tan valiosa tendrá importantes consecuencias para los posibles responsables. La compañía Space X se ha limitado a asegurar que el lanzamiento transcurrió con normalidad, mientras que su fabricante, Northrop Grumman, ha rechazado hacer ningún comentario. Por su parte, el Ejército de los Estados Unidos no ha proporcionado más detalles.

Este secretismo y paso de balón de un responsable al otro no ha hecho más que alimentar las teorías de conspiración. Después de todo, dar por perdido un satélite ultrasecreto sería una de las mejores estratagemas para encubrir públicamente su verdadero objetivo en el espacio.

Publicado el 11 de enero de 2018 1 comentario
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 1 comentario
Comentarios
ene 11, 2018
1:46
#1 Adolfo:

Cito: “Este secretismo y paso de balón de un responsable al otro no ha hecho más que alimentar las teorías de conspiración. Después de todo, dar por perdido un satélite ultrasecreto sería una de las mejores estratagemas para encubrir públicamente su verdadero objetivo en el espacio.”

En otras palabras, dado el caracter ultra ultrasecreto del satélite, éste estaría diseñado en forma tal que su control, y seguimiento, estuviera a cargo de alguna institución militar ajena a la NASA y el DoD.

Resulta llamativo que no haya sido puesto en órbita por el gobierno secreto. Este, valiéndose de su flota de naves antigravitatorias, podría fácilmente hacerse cargo de su puesta en órbita. Es llamativo, por lo tanto el aparente fracaso.

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