Peter Kürten fue un asesino en serie alemán cuyo apetito por la sangre de sus víctimas le valió el apodo. Luego de su decapitación en la guillotina, los médicos examinaron su cerebro en búsqueda del origen del mal.

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Hoy la cabeza, partida a la mitad, está en exhibición en el lugar menos pensado, lejos de su casa en el oeste de Alemania donde fue separada del cuerpo del asesino en 1931. Colgado de un gancho giratorio y momificada con una expresión grotesca, el rostro del mal es una de las muchas atracciones actuales del Museo Ripley’s (Believe It Or Not) en Wisconsin Dells, EE.UU.

Primeros años

Kürten nació en la localidad de Mülheim (ahora distrito de la ciudad alemana de Colonia) y fue el tercero de trece hermanos en el seno de una familia extremadamente pobre. Peter presenció cómo su padre, un alcóholico y violento trabajador en paro, maltrataba a su madre, incluso, violaba con total impunidad a algunas de sus hermanas menores. Así fue como a la edad de ocho años, Kürten se escapó de su hogar familiar y dirigió sus pasos al mundo de la delincuencia en la ciudad de Düsseldorf.

A los 9 años, realiza sus primeros asesinatos cuando ahogó a dos amigos mientras se bañaban en el Rin. A excepción de estos dos casos aislados, Kürten fue intercalando sus pequeños actos de delincuencia con breves pasos por la cárcel para pagar sus fechorías. También fue contratado como perrero donde experimentó el «placer» de torturar, violar y matar a perros abandonados. No fue el único caso en la vida de Kürten donde experimentaría experiencias sexuales y torturas a animales.

Sus violentas tendencias se fueron incrementando a medida que se iba haciendo mayor. Paralelamente, Kürten necesitaba trasladar esas experiencias sanguinarias de animales a humanos. El 13 de mayo de 1913, Kürten merodeaba una casa presuntamente vacía para robar, pero en ella se encontraba Khristine Klein, una niña de trece años que dormía en su habitación. Peter, tras comprobar que no había nadie en la casa, estranguló a la joven para terminar degollándola.

Durante la Primera Guerra Mundial, Kürten fue condenado por sus habituales delitos de hurto y alguna que otra agresión sexual. Pero en 1921, Kürten se trasladó a Altenburgo, donde se casó con una mujer de buena reputación al mismo tiempo que conseguía un trabajo como chófer de camión.

Nace el «Vampiro de Düsseldorf»

En 1925, Kürten volvía a Düsseldorf para empezar su serie de crímenes. Una de sus víctimas (Rosa Ohlijer, de ocho años de edad) fue apuñalada trece veces con unas tijeras y tras beber su sangre, quemó su cuerpo con gasolina.

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Foto policial del asesino serial Peter Kürten.

En 1929 llegó el año más sangriento de Kürten. El 13 de febrero, asesinó a una niña de ocho años. El 7 de noviembre, mató a dos hermanas de cinco y catorce años. En septiembre, mató a una mujer con un martillo. Y el 29 de agosto, llegó al punto álgido de su locura al matar a una niña de cinco años y enviar a un periódico local el mapa de la tumba de la asesinada.

Estos asesinatos hicieron que la ciudad de Düsseldorf viviera en un continuo estado de histeria. Nadie se atrevía a caminar solo por las calles de la ciudad. Las autoridades ofrecían una suculenta recompensa por quien diera pistas sobre la identidad del asesino y la polizei llegó a recibir hasta 900.000 nombres de posibles asesinos.

El Vampiro es cazado

En mayo de 1930, Kürten cometió el error garrafal que le acabaría condenando. Kürten engañó a Maria Budlick, una empleada doméstica, para llevarla a Grafenberger, un bosque de las cercanías. El malhechor estranguló a su víctima para agredirla sexualmente pero la dejó con vida después de experimentar el orgasmo. Al marcharse el asesino, Budlick acudió a la policía donde pudo dar información precisa sobre Kürten. Poco después, aparecía el retrato robot del hombre más buscado de Alemania.

Víctima de un gran miedo, Kürten ofreció a su esposa —quien hasta el momento desconocía su doble vida como asesino— la posibilidad de delatarle, con la creencia de que recibiría la suculenta suma de dinero que suponía la recompensa por su cabeza. Así, el 24 de mayo el vampiro de Düsseldorf fue localizado y arrestado.

La cabeza momificada en exhibición.

Los crímenes de Peter Kürten fueron tan horribles que, tras su decapitación, los doctores abrieron la cabeza para hallar el motivo de su insaciable sed de sangre. Sin embargo, no lograron encontrar anormalidades en el cerebro que explicaran su alter ego como el «Vampiro de Düsseldorf».

Kürten confesó haber cometido 79 delitos, aunque sería acusado solamente de nueve asesinatos y de siete intentos de asesinato. En el juicio posterior (abril de 1931), inicialmente se declaró inocente. Pero a medida que iba transcurriendo el pleito, cambió de idea. De hecho, los psicoanalistas trabajaron duro para deshacer cualquier tipo de enajenación que le pudieran salvar de la pena de muerte. La sentencia fue morir guillotinado por nueve asesinatos, siete intentos frustrados y no menos de 80 agresiones sexuales.

Peter Kürten fue ejecutado en Colonia el 2 de julio de 1931, luego de su última cena: salchichas, patatas fritas y dos botellas de vino.

La última frase del alemán demostró el alcance de su obsesión por la sangre y su atracción por la muerte: «Dígame, cuando me hayan decapitado ¿podré oír siquiera un momento el ruido de mi propia sangre saliendo del cuello?» Quedo en silencio y dijo: «Sería el mayor placer, para terminar todos mis placeres».

Fuente: Daily Mail.

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 1 comentario
Comentarios
jul 10, 2018
8:08
#1 luis alberto bidone:

como se van develando misterios que suponíamos leyendas, que eran vedadas al conocimiento publico o era negocio para alguien

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