LOS GATOS EN LA VENTANA

“Son gatos y miran por la ventana”, responde al fin. “¿Y cuántos gatos hay ahí?”, pregunta Budd. La respiración de Carol se agita otra vez. Sacude la cabeza y murmura entre dientes: “No, no quiero mirarlos, por favor”.

Budd: “Bien, entonces vas a cerrar los ojos. ¿Listo? Ahora quiero que me digas cómo se siente tu cuerpo ¿Tenso, relajado?”.

Carol: “F-f-frío”.

Budd: “¿Frío? Es verano, hace calor, Carol”.

Carol: “Siguen en la ventana y… y… ¡y no puedo despertar a Mary!”.

Budd: “Pero, ¿la llamaste?”.

Carol solloza: “Yo… yo… ¡grité todo lo que pude! ¡Y mi papi no viene!”.

Budd: “Calma, tu papi vendrá”.

Carol, lastimera: “¿Por qué nadie se despierta?”.

Budd: “¿Dónde están los gatos ahora?”.

Carol: “¡Adentro, en la ventana!”.

Budd: “Pero, ¿cómo es que están adentro?”.

Carol, aterrorizada: “¡¡Están adentrooo!!”.

Budd: “Bueno, a ver: ¿son gatos chiquitos o grandes?”.

Carol: “¡Grandes! ¡Gatos grandes!”.

Budd: “¿Están echados o… parados?”.

Carol: “¡No sé! ¡No quiero mirar!”.

Budd: “¿Y si les pedimos que se vayan, Carol?”.

Carol grita: “¡Vayanse! ¡¡Vayanse de mi cuartooo!!”.

Budd: “Miremos ahora. ¿Están del lado de adentro de la ventana? ¿Qué están haciendo?”.

Carol emite unos lloriqueos: “¡Uhhh, uhhh! Está claro ahora. Toda esa luz entra por la ventana…”.

Budd: “¿Es de una lámpara de la calle?”.

Carol: “¡No, nooo! ¡No hay lámparas en la calle! Entra por la ventana, y (su voz se eleva ahora, llena de pánico)… ¡y va a lastimarme!”.

Budd: “Bueno, volveremos a eso en otro momento, pero ahora miremos esa luz… ¿Es de algún color o es blanca?”.

Carol, tartamudeando: “Esasá… es azzz…zul”.

Budd: “Y ahora, ¿se escucha algún sonido, se oye algo? ¿Qué hacen los gatos? ¿Maullan o… te dicen algo?”.

Carol niega: “No, no, no. ¡Cállese! ¡No hay nadie acá!”.

Budd: “¿Seguro que no estás hablando con ellos?”.

Carol, balbuceando: “No quiero, porfavooorrrr”.

Budd: “Bueno, bueno. No quiero obligarte a mirarlos. Pero, ¿cómo se siente tu cuerpo?”.

Carol, en voz muy baja: “Asustado”.

Budd: “¿Los gatos estan más cerca de tu cama ahora?”.

Carol estalla en llanto: “¡Síii! ¡¡Papiii!!”.

Budd: “Tu papi estará aquí a la mañana. Ya sé que todo esto es muy difícil ahora, pero él viene a la mañana. Y cuando te despiertes, los gatos ya no estarán ahí. ¿Están a la mañana… o se fueron?”.

Carol, llorando menos: “Se fueron”.

Budd: “Entonces vamos a recordarlos, ¿eh? El susto ya pasó: los gatos se fueron, así que acordarnos de cómo eran o qué hacían no es peligroso”.

Carol: “Bueno, sí. ¡Pero están poniendo algo en mi oreja!”.

Budd: “¿Los gatos te ponen algo en la oreja?”.

Carol se estremece: “¡En la oreja, en la oreja! ¡Él me puso algo en la oreja! ¡Y duele!”.

Budd: “Bueno, cuando cuente hasta tres, el dolor en la oreja cesará. Uno… dos… ¡tres! Ya pasó. Sea lo que sea, eso de la oreja ya pasó, y el gato se aparta”.

Carol: “Me meto en el ropero. O allí me despierto”.

Publicado el 11 de diciembre de 2005 Sin comentarios
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