Mack pregunta sobre el insólito caso de la hoy famosa nieta de Carol, Stacy, y cierta “bola de luz que permitía que la niña atravesara las paredes”.

Budd cuenta: “He tenido docenas de casos como ése, y hay que ser cuidadosos. Porque si admitimos que alguien pueda atravesar flotando una ventana cerrada o que una nave pueda viajar a miles de kilómetros por hora y frenar sobre un centímetro cuadrado sin desacelerar, una vez que uno ha aceptado estas cosas, entonces se queda sin piso bajo sus pies en términos de la física convencional”.

Suena la campanilla de la puerta. Carol y Alice ya llegaron.

Durante los primeros treinta minutos, Budd y las dos mujeres hablan del rumbo que tomará la investigación, y Budd decide hipnotizar a Carol. Quiere explorar el acontecimiento que desencadenó su ocultamiento en un armario durante su niñez.

De los 69 casos estudiados por John Mack, el investigador ha sometido de una a siete sesiones de hipnosis a 40 de ellos.

Antes de hipnotizar a Carol, Budd Hopkins quiere establecer quién estaba en la casa con ella cuando tuvo su experiencia infantil en el armario. Carol le dice que la acompañaba su hermanita de 18 meses, Mary, y que sus padres tenían que haber estado también.

Budd le pregunta si ella se metía algunas veces en el armario para jugar. “No, allí me metía para sentirme segura”, responde Carol, y cuenta que su padre recuerda haberla encontrado varias mañanas dormida dentro del armario, tapada con la ropa que había descolgado de las perchas. “¿Usted se protegía de la luz?”, le pregunta Budd. Carol explica: “No recuerdo haber tenido miedo de nada que se pudiera ver, salvo la luz. Tenía miedo de que, si la luz me tocaba, ‘ellos’ pudieran hacer algo, no sé qué. Sólo me sentía segura si podía evitar que la luz me tocara. Por eso me encerraba en la oscuridad”.

Budd analiza cuál podría ser el “lugar seguro” de Carol durante la sesión de regresión hipnótica, y ella comenta que cuando hace relax mental ve “una habitación redonda que está en un sótano. Allí hay un sofá grande y cómodo, y me siento en el sofá y tengo una perillita, y cuando quiero mirar algo aprieto la perilla y abro unas cortinas. Eso parece ser muy seguro… pero eso no existe”.

Budd dice que el “lugar seguro” de Carol tiene demasiadas semejanzas con el interior de un plato volador. “¿Y qué tal un jardín?”, le pregunta a la mujer. “Adoro los jardines”, dice Carol, y Alice se ríe.

Luego Carol se recuesta en el diván y las luces del estudio son atenuadas. Budd se sienta detrás de la cabeza de Carol. Alice ha sacado un tejido y se cruza de piernas en el suelo, cerca de los pies de Carol. Mack se sienta a la derecha de Budd, en un lugar desde donde puede ver y oír perfectamente a Carol.

SE INICIA LA SESIÓN HIPNÓTICA

Budd se inclina hacia adelante. Su voz es baja; habla lentamente mientras sigue describiendo el cuerpo relajado de Carol, llevándola cada vez más profundamente hacia un sueño hipnótico.

No han pasado diez minutos cuando Budd ya está seguro de que Carol se encuentra “dormida”. Y entonces la lleva a su “lugar seguro”: el jardín. Le dice: “Es una soleada mañana de verano, todos los rosales están en flor. Quiero que usted se vea en este jardín. Está disfrutando, simplemente, este increíble cielo azul, el calor del sol sobre la piel, las fragancias. Todo es tan increíblemente hermoso”, etcétera.

“Y en este estado de relajación profunda, con su mente bien alerta, quiero que usted vuelva atrás en el tiempo, que regrese muchos años atrás, cuando usted era una niña muy, muy pequeña; cuando vivía, en esa primera casa en… (Budd echa un vistazo a sus notas), en Cornwall, Maryland. Quiero que se mire al espejo, y se vea una niña muy pequeña. Una nenita de tres ó cuatro años… Usted vive en esa casa, donde comparte su habitación con Mary. Pero hay una corriente oculta en ese rostro, porque no todo anda bien. Hay otras cosas allí, como en cualquier chico. Usted puede ver en esos ojos y ese rostro otras cosas que no son tan apacibles… Observe esa imagen de usted misma en el espejo, reviva la experiencia de entrar en su casa. Está subiendo la escalera hacia su habitación. Todo es grande. Los escalones son grandes y empinados, porque usted es muy pequeña… Llega a su habitación, la habitación que comparte con Mary, y mira desde la puerta, sin entrar, en este día soleado… Ve, ahora, cómo está dispuesta esa habitación…”

Aquí Budd empieza a dar nuevas instrucciones a Carol: “Mientras usted mira esa habitación, quisiera que me respondiera algunas preguntas. ¿Ve usted una única cama, o hay dos camas allí?”.

“Dos”, dice Carol, con una impresionante voz: ¡la de una nena de cuatro años!

“¿Hay un armario en la habitación?”, sigue Budd.

Carol: “¡Aja!”

Budd dice: “Ahora, mientras entra en la habitación y puede ver el ropero, puede ver también la cama de Mary, y puede ver su cama. Dejemos, ahora, que oscurezca en la habitación. Se está haciendo la noche, y a la noche una nenita como usted tiene que irse a la cama. Mary también tiene que ir a la cama…”.

Budd hace una pausa para darle tiempo a Carol que pase a la noche, y luego sigue: “Quiero que se acueste. Mamá y papá llegan para ver si ustedes se acostaron. Ahora las arropan… Y llega el momento en que usted está sola en su cama. Mary está allí, y todo está muy, muy tranquilo en la pieza. Y en determinado momento, Carol, va a aparecer algo que va a asustarla… Usted lo sabe, porque usted se metía en el ropero para estar segura. Pero no sabemos todavía qué es lo que la asustaba. Quizá fuera un mal sueño; quizás oyera un ruido que no pudiera entender. Pero usted sabe qué es lo que la asustaba, lo que la llevaba a esconderse. Usted está acostada en su cama, y sabe qué va a suceder cuando yo cuente hasta tres porque, sea un sueño o un recuerdo o lo que sea, todo tiene un comienzo, un primer momento en el que usted siente que algo es diferente. Algo va a cambiar aquí, y usted va a sentirlo”.

Budd cuenta hasta tres y Carol no habla. Su cabeza se mueve hacia uno y otro lado, inquieta. Su respiración se acelera más y más, ya está casi sollozando.

“¡Ohhh, papi!”, gime Carol.

“¿Qué estás viendo ahora? ¿Por qué llamamos a papi?”, pregunta Budd.

“¡Vinieron los gatos!”, exclama Carol, aterrorizada.

Budd: “¿Qué gatos? ¿Dónde?”.

Carol: “¡En la ventana!”.

Budd: “¿Cómo son? ¿Tienen lindos bigotes?”.

Publicado el 11 de diciembre de 2005 Sin comentarios
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