Un caso investigado por él: Jill y Mike Ward encontraron a su hijo Ned (tres años), cuando tenía dieciocho meses, con su manta totalmente embarullada, como era habitual. Estaba acostado sobre las cobijas y por lo tanto mamá Jill no pudo estirarle la frazada. “En la siguiente visita que le hice esa misma noche, encontré que la mantita estaba perfectamente estirada sobre él, que seguía dormido”, cuenta Jill. Cuando Ned ya tenía dos años, Jill lo vio hablándole a la cara del ET que aparece en la tapa de Comunión (obra de Whitley Strieber), besando ese rostro y llamándolo “Pi”. Ned le dijo a su mamá: “Vuelo por el cielo… a la nave espacial”. Preguntado sobre quién estaba en la nave, Ned respondió: “Un hombre… cito”. Seis semanas más tarde, su hermanita mayor, entonces de siete años, apareció en el dormitorio de los padres a las cinco de la madrugada para decirles que Ned había ido a verla con la cara llena de sangre en la nariz. También apareció sangre en la funda de la almohada, y una incisión en la nuca de Ned. Cuando Jill le preguntó si alguien había estado en su habitación, el niño respondió: “El hombrecito. Entró por la ventana, mordió mi nariz”.

A los dos años y siete meses, Mack lo entrevistó y le pidió que identificara las tarjetas del HIRT (Test de reconocimiento de imágenes de Hopkins), que incluye diez diseños de Budd Hopkins para indagar secuestros en niños pequeños. Se trata de diez dibujos grandes, hechos con tinta negra, que reproducen rostros familiares a los pequeños: un varón, una nena, Papá Noel, un vigilante, un payaso, Batman, una Tortuga Ninja, una bruja, un esqueleto y un típico ET. Muy vivaz, Ned identificó correctamente cada una de las tarjetas, y al ver la del extraterrestre dijo: “Lo escribí en el pizarrón”. Jill explicó que había “un garabato como ése” en el pizarrón de Ned.

Mack preguntó al niño si alguna vez había visto a ese ET. “Yo abro puerta, entra nave espacial”, contestó él, y agregó: “Era de ese hombre, nave de ese hombre”.

Después de distraerlo hablándole de los personajes representados en las otras figuras, Mack insistió con la tarjeta del ET: “¿Te gusta él?”. “No”, contestó Ned. “¿Qué hace?”, preguntó Mack. “¿Es simpático o te asusta?”.

Ned: “Me asusta”. Mack: “¿Algunas veces entra en tu cuarto?”. Ned: “Sí. Yo tengo espada grande, lo echo de la pieza (se excita al evocar la lucha). Tengo mi mantita… Pongo dedo en la boca. Me cansé”. Mack: “¿Te cansas cuando él aparece?”. Ned: “¡Sí! El tipo abre ventana, no la puedo cerrar más”. Ned se trepó a la falda de su madre. “Hombre entró en mi pieza, hombre pone linterna grande en mis ojos. Me lastimó acá”, dijo, tocándose el cuello. “No quiero llorar, ahora estoy mejor”.

Cualquier explicación convencional del fenómeno debería dar respuesta a lo que Mack llama “todo el paquete”:

La credibilidad y naturaleza del secuestrado.

La intensidad emocional de sus recuerdos con una indicación de trauma.

La coherencia narrativa.

La ausencia de cualquier enfermedad mental comprobada.

La prueba material confirmatoria.

La asociación del fenómeno con OVNIs.

Los informes de secuestros relatados por niños.

“Ninguna persona escéptica o cuestionadora ha podido aportar una teoría que explique este síndrome relacionándolo con una causa convencional”, dice Mack. “Ahora bien, esto no significa que el fenómeno sea extraterrestre. La idea de ‘extraterrestre’ implica que el fenómeno no se origina en nuestro mundo, pero está allí físicamente. Hay quienes dicen: ‘Bien, quizá provenga de otra dimensión del espacio-tiempo’, o también: ‘Tal vez esos seres pueden desplazarse a través de la galaxia’. Pero ése no es un terreno sobre el cual yo me considere capacitado. El único aspecto al que presto toda mi atención es exactamente el de los testimonios que me permiten asegurar que algo raro sucede y afecta especialmente a cierta gente, y que yo no puedo explicarlo según las leyes de la realidad.”

LAWRENCE DE ARABIA & OVNIS

Cuando se realiza el trabajo clínico para descubrir lo que está escondido ahí, se accede al recuerdo de lo que sucedió y el paciente puede, al principio, encontrar monstruos de pesadilla en lugar del hombre que la violó, por ejemplo. Y poco a poco se llegará a diversas distorsiones del trauma, muchas ligadas a reales agresiones olvidadas. Los abducidos muestran mecanismos de disociación, sin duda. El solo hecho de que para recuperar los recuerdos se necesite emplear la hipnosis ya está definiendo que esas personas se defienden a través de un bloqueo y una disociación. Si así no fuera, se podría simplemente conversar con ellas y listo. Pero si hay un bloqueo, ¿dónde nace?

Mack cuenta que en los ’60, cuando inició la investigación para su biografía psicoanalítica de T. E. Lawrence (trabajo que le valió un premio Pulitzer), la reputación del carismático Lawrence de Arabia era la de “un histrión, un Rodolfo Valentino que cruzaba las arenas del desierto con sus vestiduras al viento, una leyenda. Y sin embargo la razón desmitificadora existía en esos días frente a Lawrence, tanto como existe ahora frente al tema de los OVNIs y los secuestros por extraterrestres”.

Mack explica: “Liddell Hart, uno de los primeros biógrafos de T. E. Lawrence, sostuvo que era posible medir científicamente cómo la gente consideraba a Lawrence basándose en el grado de conocimiento que de él tenían. Los que se habían formado una opinión de Lawrence en base a chismes tendían a desmitificarlo, pero a medida que profundizaban en su obra tendían a respetarlo. La tesis de Hart sigue valiendo en nuestro caso. Durante los diez años que investigué sobre T. E. Lawrence, jamás encontré a nadie que realmente supiera lo que había dicho y hecho, aunque tuviera una altísima opinión de él. Bien, eso mismo pasa ahora con este fenómeno de los secuestros”.

“Los que hoy dicen: ‘¡Pobre Mack! ¿Qué bicho le habrá picado?’, son como aquellos de Lawrence: no estudiaron el material disponible. Sonará fatuo, pero ya no siento la necesidad de persuadir al grueso de la cultura sobre la validez de este fenómeno. Pienso que ya es el momento de crecer como especie y decirnos: ‘Bien, algo distinto está sucediendo aquí’. No nos limitemos a debatir si es real o no. Está bien preguntarse: ‘¿Qué entendemos por real?’. Pero avancemos e insistamos: ‘Algo está sucediendo aquí’. Sigamos interrogándonos: ‘¿Qué significa esto, realmente, para nosotros? ¿Qué significa para nuestra cosmología? ¿Qué significa clínicamente para los psiquiatras? ¿Qué significado tiene para nuestras relaciones con la ecología y con la crisis del ambiente? ¿Y qué en términos del dominio de la realidad? ¿O significa que han cambiado nuestras categorías de realidad?’.”

Hay un sujeto en California, Jack Sarfatti, para quien “existe cierta clase de agujeros negros a través de los cuales los ET llegan desde más allá del espacio-tiempo”. Si somos, como en Hoguera de Vanidades, de Tom Wolfe, “amos del universo”, ¿cómo se conjuga nuestra idea de nosotros mismos si otras criaturas pueden venir y dominar nuestras voluntades sin que podamos oponernos? En su “Informe preliminar”, Mack lo consideró “el cuarto golpe a nuestro egoísmo colectivo, después de Copérnico, Darwin y Freud”. Ergo, no seríamos ya la inteligencia predominante en el cosmos ni los dueños de nuestra existencia psíquica y física, y podemos ser “invadidos”, si no literalmente por otras criaturas, sí por otros planos de conciencia que pueden hacer con nosotros lo que sea para una finalidad que ni siquiera vislumbramos…

Publicado el 11 de diciembre de 2005 Sin comentarios
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