Pero, ¿qué le han hecho a estas personas? ¿Cuál fue el origen de sus traumas? Mack revisa todas las posibilidades. ¿Fue una violación? ¿Algún olvidado abuso infantil? ¿Trató alguien de asfixiarlos? ¿Intentaron asesinarlos sus padres cuando eran bebés? Explica Mack: “Hasta donde yo sé, ningún caso investigado por mí o Budd o Dave o Carpenter presentó jamás estos traumas, que explicarían tal estado emocional. Y allí está el meollo del asunto. No es que todas las descripciones sean idénticas: hay variaciones. Las naves pueden diferir en su tamaño, cambiar la naturaleza del instrumental, variar el aspecto del médico ET, etcétera. Pero la estructura básica es notablemente sólida”.

Es importante volver a señalar que esas experiencias quedaron fijadas en la mente de cada paciente antes de la actual obsesión periodística sobre el tema. Ahora podría argumentarse que todo sale por el programa televisivo Intrusos, pero no era así en los ’70 y ’80, cuando estos fenómenos fueron descriptos por primera vez.

Un punto clave es la ausencia de anomalías mentales que explicarían las fabulosas narraciones. En su informe “El fenómeno de los secuestros”, Mack observó: “Ninguno de los secuestrados con quienes trabajé demostró tener psicopatologías evidentes como psicosis esquizofrénica, depresiones severas u otras importantes perturbaciones psíquicas que pudieran explicar los relatos como manifestación exterior de una determinada alteración mental”.

Entre los investigados por Mack hubo un dueño de restaurante, dos músicos, varias secretarias, un escritor, un guardia penitenciario, algunos estudiantes universitarios y varias amas de casa. Algunos se veían recelosos, dando la impresión de haber sido víctimas de una agresión, y la mayoría lucía agobiada, con su vida perturbada por el secuestro. En algunas otras narraciones, la sexualidad y la decisión de tener o no hijos parecían haber sido muy afectadas por la experiencia.

METODOLOGÍA PSICOANALÍTICA

“El Informe Preliminar” de Mack contiene interesantes tests realizados a los abducidos por la psicóloga Elizabeth Slater, cuyas conclusiones nacieron durante un ensayo de 1983, cuando Slater sometió a nueve personas elegidas por Budd Hopkins a la WAISR (Escala Weschler de inteligencia adulta), a la BVMG (Percepción visual motriz de Bender), al Test de Rorschach y al TAT (Test de apreciación de temas). Y lo más importante: a Slater no se le dijo que esos sujetos habían sido secuestrados. Slater observó que ellos tenían una inteligencia superior al promedio o revelaban “una vida interior notablemente rica”, y que se encontraban “en lucha continua por dominar y mantener bajo control sus impulsos”.

Observó también cierto grado de perturbación de la identidad (especialmente confusiones sexuales), descenso de la autoestima, egocentrismo y/o falta de madurez emocional, y menores pero frecuentes “fallas de límites” en el dibujo de figuras. Una de esas personas, concretamente, habló de “una sensación de pequeñez” y de sentirse “víctima frente a fuerzas exteriores abrumadoras”. Y se multiplicaban, según la psicóloga, los atributos coincidentes: “Aguda atención a los detalles, prudencia extrema y continua disposición hacia la desconfianza”.

Cuando se le dijo a Slater que las nueve personas creían haber sido secuestradas por OVNIs, la profesional revisó su informe considerando el nuevo punto de vista. “La primera y más crítica cuestión”, observó, “es establecer si lo relatado por estas personas puede ser explicado sobre la base de la psicopatología, es decir, de desórdenes mentales. La respuesta es un rotundo NO”. Slater consideró además el posible impacto de esos secuestros sobre las personas estudiadas: “Una experiencia inesperada, azarosa y literalmente propia de otros mundos como un secuestro por OVNIs, durante la cual la persona pierde todo control sobre lo que sucede, provee un trauma de grandes proporciones”, además del “estigma social” y el rótulo de “alienados” que las víctimas iban a encontrar.

Elizabeth Slater concluyó que los problemas interpersonales, el sentido de la identidad turbado, las dificultades para mantener su imagen corporal, los desórdenes emocionales, la ansiedad y los recelos eran “el resultado lógico de la naturaleza agresiva e invasora de las experiencias con OVNIs” que habían narrado. En 1991, Slater misma dijo que ella se había considerado hasta entonces “una persona bien plantada en la realidad”, pero que ese estudio le había “ampliado el campo de la ignorancia”, llevándola a rehacer su noción del mundo y la vida. Ella había visto en los pacientes, por ejemplo, cicatrices y extrañas incisiones a las que no pudo encontrar explicación.

Un aspecto extra impresiona a John Mack: “Los detalles comprobables que acompañan a la observación y el aterrizaje de OVNIs, como cambios en las características químicas del suelo, están entre lo más interesante y contundente del fenómeno. Esas manifestaciones físicas aterrorizan a veces a los secuestrados, que no quieren creer que sus experiencias sean reales”.

Algo pasa, y luego esas personas despiertan acostadas bajo sus camas, o recostadas sobre las cobijas, o en otra habitación de sus casas, e incluso fuera de ellas. Otras veces se sorprenden al encontrarse total o parcialmente vestidas, o sin ropas, o con las prendas cuidadosamente dobladas al lado, o hasta cambiadas por la ropa de algún otro. Otra manifestación común es conducir un automóvil y de pronto estar a kilómetros de distancia del lugar por el que se viajaba apenas un segundo antes.

Para Mack, “la pista física más perturbadora y huidiza de todas está en los informes sobre robos de fetos”. Pero, según él mismo y John Miller observaron, si bien se ha hablado de “muchas eliminaciones de fetos”, ninguna ha sido documentada.

LOS HOMBRECITOS DEL CIELO

En ciertos casos, habría una asociación con los OVNIs: cuando la persona atraviesa su fase de abducción, sus vecinos verían OVNIs en la zona. Esos testigos pueden ser allegados al secuestrado o gente a quien la víctima ni siquiera conoce. Un buen ejemplo es el secuestro de Linda Cortile de su departamento en un piso doce de Manhattan, por un OVNI que aguardaba afuera: el episodio fue presenciado por un alto diplomático y dos agentes de seguridad que lo acompañaban, además de una anciana que cruzaba el puente de Brooklyn.

El último y quizá más impactante e inexplicable aspecto del fenómeno sería su conexión con niños muy pequeños (algunos de apenas dos años), que informan en su media lengua cómo algunos “hombrecitos” los llevan “al cielo”, o les “clavan algo” en sus cuerpitos, o les “pican” la nariz. Estas denuncias, así formuladas por niños de corta edad, tendrían un gran valor científico “porque ellos no pueden haber sido demasiado influenciados por comentarios de los medios o narraciones de padres o amigos”, subraya Mack.

Publicado el 11 de diciembre de 2005 Sin comentarios
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