La investigación del profesor John Mack sobre los humanos presuntamente abducidos y sometidos a análisis por seres extraterrestres, en una clase magistral con tesis, opinión y ejemplos.

Este artículo está dedicado a la memoria del Dr. John Mack (1929 – 2004).

Luminaria de Harvard, Mack presentó en Praga su tesis sobre el fenómeno OVNI y su significado en la expansión de la conciencia humana en una conferencia de la Asociación Internacional Transpersonal. Durante la conferencia, mencionó que los secuestrados habían sufrido desórdenes postraumáticos de estrés. ¿Cuál sería la causa? “El fervor humano arraiga en la necesidad de dominar la naturaleza para no ser esclavos de ella”, explicó Mack. “El resultado es un planeta semimuerto, porque la única manera de controlar la Tierra es apoderamos de ella, lo que ya hemos hecho en gran parte. Pero hay un punto en el cual ese dominio comienza a excederse, lo que está sucediendo ahora a través de estos primeros encuentros con lo desconocido, que empiezan a desafiar no sólo el hecho sino también la misma concepción del dominio”.

En Praga, Mack calificó a esa concepción del mundo como “la suprema arrogancia de nuestra especie, un monumental desafío a la divinidad. Además, hemos cortado nuestros vínculos con la naturaleza, e incluso con nuestros semejantes”.

Dave Pritchard, el otro copresidente de la conferencia, afirma que los norteamericanos que juran haber sido secuestrados por entidades ET es de más de 900.000, señalando que las estimaciones varían “desde pocos centenares de miles hasta tres millones de personas”, e insiste en que “uno de los aspectos más importantes es tener en cuenta el factor de desencadenamiento psíquico”. Mack agrega: “Al responder a las encuestas, mucha gente asegura no haber pasado por ese tipo de experiencias, y sin embargo la misma entrevista despierta algún recuerdo, o leen un artículo, o me oyen a mí, a Budd Hopkins o algún otro por radio o televisión, y entonces saltan: ‘¡Ah, sí! ¡Eso es lo que me pasó a mí!’, y recuerdan. Sólo en los Estados Unidos, quizá más de un millón de individuos creen haber sido raptados”.

Ejemplos de este tipo: el de una niña de ocho años, hija de una víctima de secuestro, es despertada por algo que la perturba a las cuatro o cinco de la madrugada, siente que algo le ha sucedido, se levanta y va en busca de su madre, y ésta no se encuentra en su dormitorio. El padre sí. Las cobijas de la cama, del lado donde dormía la mamá, no parecen haber sido levantadas, pero la mujer no está. “Esa madre me dijo”, cuenta Mack, “que había sido abducida en el mismo momento en que su hija sintió su falta. ¡Y no se trata sólo de una salida del cuerpo, sino de una salida de la casa!”.

Un ejemplo de este tipo de secuestro sería el de Keith Basterfield, que contó cómo, estando aparentemente inconsciente, fue llevada al interior de una nave ET por una entidad que le había hecho señas desde el exterior de su auto, y que después apareció con ella en la sala redonda, sin puertas ni ventanas, del interior de una nave.

Mack investiga la prueba física como un fenómeno confirmatorio. Si alguien emerge de una experiencia con una herida o con la marca de que le han sacado una muestra de carne o cualquier otra señal física, eso tiende a darle al fenómeno cierta confirmación de que algo ha sucedido.

Paul Horowitz dijo, al fin de la conferencia de Praga, que él no aceptará la existencia de los ET “hasta que no se le caiga el encendedor a alguno de ellos”, Mack sonríe y agrega: “Ese tipo de argumentación puramente física se desentiende de toda la potencia del fenómeno”.

Pero, ¿la demanda de pruebas concretas es una exigencia fuera de lugar? Mack responde: “No, no digo que sea una demanda irrelevante. Si un Budd Hopkins o un David Pritchard o cualquier patólogo de heridas demostrara que ellas cierran de modo no común para la medicina occidental, el hecho es muy importante. Pero mi aporte no se dirige en ese sentido. Veamos un caso mío: un hombre se despierta tras un secuestro con un tajo de diez centímetros en la pierna, y le llega hasta el hueso. Piensa ir al médico, pero la pierna se le cura el mismo día. Bien, uno podría decir: ‘Quizás esté mintiendo’. ¡Pero hace cuarenta años que estoy en psiquiatría y en psiquiatría forense! ¡Mi trabajo consiste en saber cuándo alguien me engaña o miente, o qué motivo tiene para decir lo que dice!”.

SECUESTRADOS POR OVNIS

¿Qué convenció a Mack para considerar seriamente estos fenómenos? “Un caso detrás de otro, y siempre personas tímidas y reticentes a contar su experiencia, que quieren defender su integridad, que están preocupadas porque algo perturbador se haya hundido en su conciencia, y que al fin reúnen el coraje necesario para hablar”.

Mack confía en la sinceridad de esa gente y señala que su segregación se redujo en 1994-95, a medida que más abducidos hablaron públicamente como consecuencia de una mayor cobertura periodística del fenómeno. Pero antes de que la prensa lo divulgara, numerosos individuos sin el menor contacto entre sí y que no habían tenido acceso a los relatos ajenos hicieron descripciones con detalles muy semejantes. “Por lo tanto no hay embuste: la noción está en la naturaleza de esas personas”, dice Mack, que durante treinta y seis años de psiquiatría no encontró nada que pueda explicarle esa comunión mental. “Es siempre gente realista que, al ser presionada por mí, responde: ‘Doctor, quisiera que no fuera cierto, que usted me sacara esto de la cabeza, porque destruye todo lo que he creído hasta hoy’ ”, asegura Mack. “Y cuando se profundiza esa vivencia con ayuda de la hipnosis, surgen siempre fuertes resistencias emocionales: pesadillas, alteraciones psicosomáticas, desconfianza y terror. Esas personas quedan con miedo a que el fenómeno se repita y desarrollan fobias a las agujas de inyecciones, por ejemplo”.

El hipnólogo John Carpenter cuenta el caso de una mujer que, siendo niña, desarrolló una rara fobia contra sus muñecas: decía que de noche se movían solas. Bajo regresión hipnótica, ella recordó haber estado “en otro tiempo, a bordo de un OVNI, con niños híbridos”. Pero, despierta, la paciente de Carpenter no sabía qué eran “niños híbridos”. Mack subraya que “al revivir hipnóticamente la experiencia, esas personas literalmente tiemblan y aullan de terror. Que yo sepa, ninguna otra situación puede producir ese tipo de reacción emocional”.

Publicado el 11 de diciembre de 2005 Sin comentarios
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